jueves, 9 de octubre de 2008

Crisis económica (A salto de mata XXXIV)


Acabo de terminar la redacción de mi primer tratado de economía aplicada: un mamotreto infumable de más de mil páginas, cuyo contenido es un galimatías absolutamente imposible de desentrañar. Algo lógico, si se tiene en cuenta que no soy economista, y que no tengo más conocimiento de la materia que el adquirido en alguna aislada lectura matutina de domingo (tan poco frecuente como descuidada) del suplemento salmón de un diario de tirada nacional. Pero no se precipiten a la hora de acusarme de tener la cara muy dura: visto lo visto en estos últimos meses, la utilidad práctica de mi tratado no debe ser menor, ni sus apreciaciones más erróneas, que las de los más conspicuos y prestigiosos expertos en esto de los números aplicados al humano devenir. Su índice de aciertos no está siendo mucho mayor que el de aquel viejo dadito introducido en un botellín transparente con el que me auxiliaba para rellenar las quinielas en mis años infantiles: jamás obtuve, con su altruista colaboración, algún premio que no fuera el de la conmiserativa palmada en la espalda por parte de mi padre: “Manolito, sigue intentándolo, que en la vida es muy importante la constancia”...

En fin, no se asusten. El párrafo anterior era, en buena parte y medida, un chiste largo y malo (o viceversa). No he escrito ningún tratado de economía, ni tengo el más mínimo interés (ni intención) de hacerlo -la capacidad necesaria, tampoco, pero eso ya se debería dar por sobreentendido-. Pero sí tengo que reconocer que, como tanta y tanta gente, presto últimamente una atención a la información económica muy superior a la que, en condiciones normales, le prestaba antaño; y, partiendo de tal atención, me resultan muy llamativos -además de causarme desazón, la misma (o parecida) que a mis conciudadanos, ni más ni menos...- alguna situaciones y circunstancias, para las cuales, desde la más absoluta de las ignorancias, también se me ocurre que podría aportar alguna sugerencia -posiblemente, no sirvan para propiciar ninguna mejora, pero, dado el escaso margen que queda para el empeoramiento (si hemos de hacer caso a las voces más catastrofistas), mucho estropicio tampoco pueden causar-. Por ejemplo:

  • Establecer, de manera coordinada por parte de todos los organismos económicos oficiales, tanto nacionales como internacionales, una “moratoria de pronósticos”. En perspectiva de presente, no suelen servir más que de arma arrojadiza para que unos y otros se lancen, mutuamente, los trastos a la cabeza (y no están los tiempos para quedarse sin vajilla). Y, en perspectiva de futuro, nada genera más desconfianza ni desconcierto que el constatar, semana tras semana, que las previsiones que se lanzaron cuatro días antes ya son papel mojado, a la vista de la evolución de los acontecimientos. Piquito cerrado, problema resuelto.

  • Cerrar las bolsas. Y no me estoy refiriendo a esos mecanismos bastante habituales de suspensiones temporales de las cotizaciones, o similares: cerrojazo puro y duro. Si cualquier empresa cuya actividad económica genera pérdidas permanentes y sostenidas, está irremediablemente abocada al cierre, ¿por qué mantener abiertas estas “macrotiendas” que no hacen más que perder, perder y perder? Blanco y en botella.

  • Inyectar liquidez, pero no en el sistema financiero, sino en el hotelero-balneario. O eso que, según acaba de revelar la prensa, se denomina ahora la “solución anti-stress AIG”. Además de que estaremos aportando unos recursos muy necesarios a eso que ahora se ha dado en llamar “economía real” (un nombre tremendamente apropiado: por vía de antítesis, ya nos pone sobre la pista de en qué consiste la otra economía...), seguro que a más de uno le evita ulteriores visitas indeseadas a establecimientos de otro tipo (concretamente, hospitalario...). Eficacia probada y absoluta.

Suenan a disparates, ¿no es cierto...? Por supuesto que sí. Pero les puedo asegurar que si se dedican al curioso ejercicio retrospectivo de analizar las informaciones económicas aparecidas en la prensa de los últimos seis meses, encontrarán ideas bastante más “jugosas”, con la única particularidad de que provienen de gente sesuda y sobradamente preparada. ¿Truto o traco? ¿Sarcasmo o cabreo? Elijan ustedes, amigos lectores...


8 comentarios:

BUDOKAN dijo...

Parece mentira pero si esta crisis afectara a mi país de lleno creo que desapareceríamos del mundo. Saludos!

Superwoman dijo...

La Bolsa en sí misma creo que no tendría por qué ser mala... el problema es el chiringo especulativo en que se ha convertido toda esta historia... Ala, el capitalismo sin control también ha fracasado, tanto que se reían de los pobres comunistas (por favor, leasé con coña, no tengo ánimos para una discusión ideológica hasta dentro de dos o tres cafés).
Y los pobres como tú y como yo, Manuel, a pringarla... eso sí, como que me llamo M.D.A.C.G.G. que un día nos vemos por tu tierra, tomando copas. Que la manera de aligerar la crisis es inyectar divisas en el país de uno.

Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Budokan, por el comentario. No sé, no sé, supongo que a tu país la crisis le terminará afectando (como a todos), pero ahí ya habeis demostrado capacidad más que sobrada para salir de estos atascos.

Gracias también a tí, compa Superwoman, y me apunto lo de las copas en un futuro, como medida alternativa (a falta de otras más eficaces, quizá no sea mala...).

Un abrazo y buen fin de semana.

Josep dijo...

He quedado decepcionado, amigo Manuel, pues ante tan prometedor arranque veo que no me aclaras una pregunta que me vengo haciendo desde hace semanas:

Partiendo de la base que el BCE ha emitido en el conjunto de la CEE pongamos por caso hipotético un billón de billetes de quinientos euros... ¿dónde están esos billetes?

Porque la ventaja del dinero contante y sonante es que uno se lo puede gastar, pero no comer; es decir, que cambiará de mano, pero nunca desaparecerá.

Cuando dicen que no hay dinero, ¿se refieren a que algunos lo tienen guardado en un cajón, llámese caja de caudales, llámese Banca de Mónaco, Zurich, Licheinstein o Caimán? ¿Es eso?

¿Dónde coño han metido los bancos como inversiones la pasta de los ahorradores?

¿Van a ir a la cárcel los gestores de fondos por su mala gestión? ¿Van a indemnizar las pérdidas o vamos a tener que pagarlas entre todos, como malditas subvenciones, para que unos inútiles se aprovechen?

Me temo que algunos multimillonarios van a ganar mucho dinero dentro de poco, cuando todo empiece a repuntar; creo que están esperando a que, por ejemplo, los pisos alcancen su valor real (olvidado en el último quinquenio de locuras especulativas) para comprarlos a mansalva y en masa.

Y luego volverán a subir todo de precio, con lo cual volverán a enriquecerse a costa de los demás.

Y el gobierno tan tranquilo, mirando para otro lado.

Mejor nos tomamos esas copas, pero pronto, que luego serán prohibitivas.

Un abrazo.

Superwoman dijo...

Siempre nos quedara el botellon casero, Josep, mira los rusos, que hasta con agua de colonia lo logran.
Un supersaludo

Diseño Web dijo...

Hoy mi pais (Colombia) sufrio una caida gigante en la Bolsa, en
general esta semana ha sido terrible... aqui hay economistas que hablan de una nueva crisis similar a la de 1929.... El tiempo lo dira. saludos

Tha dijo...

Bueno... no nos queda más que la filosofía: "no es mejor el que más tiene sino el que menos necesita".
¡Feliz crisis!

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, lamento haberte decepcionado (supongo que por lo poco incisivo de la visión), pero ya veo que tú te has encargado de suplirme con brillantez y eficacia. Sobre tus dudas, lo único que tengo claro es que, de estos platos rotos, a nadie se le va a exigir responsabilidad concreta y personal (si la crisis es sistémica, la culpa es de ése, del sistema...), o sea, lo de siempre. Por lo demás, creo que todo lo que dices es tremendamente razonable; por desgracia, quizá demasiado certero y razonable...

Compa Tha, esa filosofía, que ya es bastante antigua (aunque, tristemente, muy poco interiorizada por el ser humano, en general), parece que va a vivir ahora un buen momento. Ah, y me ha gustado lo de feliz crisis, tiene su puntito (y ya verás cómo habrá algún "espabilao" haciendo el agosto en diciembre con tarjetitas navideñas en esa línea, ya verás...).

Un fuerte abrazo a los dos, disculpas por el retraso en contestar (en fin, puentecillo...) y buena semana.

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