viernes, 5 de septiembre de 2008

TERESA RAQUIN (THÉRÈSE RAQUIN; FRANCIA, 1953)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Sepultada bajo la losa de dieciséis años de un matrimonio con su pusilánime primo Camille, carente de la más mínima pasión, y siempre bajo la ominosa presencia de la madre de éste, Teresa Raquin conoce a Laurent, un camionero afable y atractivo que se enamora perdidamente de ella, amor al que ella corresponde con idéntica intensidad. Pero esta relación no tendrá un camino fácil: al principio, serán las reticencias de Camille para dejar marchar libremente a su esposa; y, una vez que éste desaparece, será Riton, un buscavidas chantajista, el que complique los planes de vida en común de una pareja perseguida constantemente por el aliento de la tragedia.


RESEÑA CRÍTICA.-

Basándose en la novela homónima de Emile Zola (sobre la cual construye un guión actualizado temporalmente y con algunos ligeros retoques en lo que respecta al desarrollo sustancial de la trama), el veterano cineasta francés Marcel Carné edifica un drama tan sobrio como intenso, marcado por las soberbias interpretaciones de sus protagonistas y el sostenimiento de un ritmo pausado y perfectamente cadenciado.

Sin grandes alardes visuales (película en un blanco y negro bastante discreto, y con movimientos de cámara carentes de cualquier pretensión espectacular –medidos, concisos y precisos-), Carné desarrolla una historia que, bajo su fondo dramático, oculta corrientes subterráneas de miseria moral y fatalismo trágico, que se ponen de relieve tanto en su ambientación (esa casa-tienda de la familia Raquin, con un halo de tosquedad y ranciedumbre perfectamente logrados: diríase que incluso llega a olerse...) como en los giros que va dando la historia, que la hacen entroncar con grandes clásicos del género negro (hacia el que deriva lenta pero inexorablemente), de los cuales se aprecian reminiscencias más que evidentes (es inevitable recordar títulos de la década anterior, como Perdición, de Billy Wilder, o El cartero siempre llama dos veces, de Tay Garnett: también aquí aparecerá la muerte como el instrumento que, utilizado para eliminar las barreras interpuestas ante una pasión irrefrenable, termina erigiendo muros sutiles e invisibles más infranqueables que aquellos que pretendía derribar), hasta llegar a un final que, con un cierto punto de truculencia (juega a un encadenamiento de casualidades trágicas que terminan por abortar la posibilidad de un deseado final feliz), bien hubiera podido firmar el mismísimo Hitch en su momento de máximo apogeo creativo.

Fatalismo, represión, pasiones contenidas... difícilmente hubieran podido hallar mejor encarnadura tales sentimientos que los que le brinda una espléndida Simone Signoret: hierática y triste, la intensidad de su mirada y la rigidez de su porte (impasible el ademán, salvo en contadísimos casos, y no es por falta de ocasiones: la profusión de primeros planos es muy, muy amplia) dotan a su Teresa Raquin de un halo de verismo a la altura de las más grandes. A su trabajo da réplica más que digna un no menos acertado (aunque quizá no raye a tanta altura) Raf Vallone: más sonriente y efusivo en su traza externa, su mayor mérito radica en saber dar a su personaje los matices que corresponden a su evolución conforme a los avatares de la trama, que lo van haciendo más gris, más sombrío a medida que la misma avanza. Y tampoco se puede dejar de mencionar, en el capítulo de los intérpretes –aun cuando la presencia de su personaje sea mucho menor-, el excelente trabajo de Louise Sylvie, en el papel de Madame Raquin, la suegra y tía de Teresa: esa mirada mezcla de pánico y odio ciego, tras quedar paralítica, perfectamente plasmada en unos grandes primeros planos sobrecogedores, es de las que hielan la sangre.

Poco antes de que los jóvenes bárbaros de la nouvelle vague empezaran a “darle la vuelta al calcetín” del cine francés, este (tan denostado) por ellos Marcel Carné nos regaló esta excelente película, un auténtico lujo pleno de aciertos tanto en su plantemiento como en su ejecución, que compensa plenamente, con sus magníficas hechuras, el poso de amargura que lo triste de su historia deposita en el fondo del espectador mínimanente sensible. Se ruega, en consecuencia, a degustadores habituales de comedietas palomiteras y descerebradas se abstengan de la ingesta de este producto: les puede producir una muy molesta urticaria...

3 comentarios:

Shangri-la dijo...

Hola. Te informamos que se puede descargar el pdf del último número de nuestra revista sobre cine y literatura en:
http://shangrilatextosaparte.blogspot.com/2008/09/shangri-la-n-6-mayo-agosto-2008.html

Un saludo

Superwoman dijo...

Hurra, Manuel ha vuelto... ya estamos todos en clase...
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, compañeros de Shangri-la, por el aviso (otro tema será que tenga tiempo y ocasión de echarle un ojo a la revista; ojalá, porque tiene bastante buena pinta). Bienvenidos a esta cibercasa, y, ya sabeis, a vuestra disposición.

Compa Superwoman, muchas gracias, como siempre, por tus cariñosas (y animosas) palabras de bienvenida; y sí, he vuelto, pero qué trabajito me está costando ponerme a la tarea. Un superabrazo también para tí, y hasta pronto.

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