martes, 30 de septiembre de 2008

Raúl (Pasión furgolera VIII)


Nunca he sido rauliano, o raulista, o cómo leches se diga; jamás fui ferviente seguidor del capitán madridista, porque su furgol -aun sin dejar de reconocerle sus méritos y sus logros: ahí están, en las estadísticas y en las hemerotecas- no llegó a entusiasmarme en ningún momento. Entiendo que éste es un carro al que, a lo largo de estos últimos años, se han subido muchos de los que fueron sus fervientes seguidores en su etapa más brillante y laureada -algo muy habitual en este mundillo del furgol, en el que el pelotero suele valer lo que vale su última racha de partidos, o su última competición; su última temporada,en el mejor y más benevolamente tratado de los casos-, pero no es ésa mi circunstancia. ¿Por qué, entonces, dedicar un artículo de esta sección -honor al que, como bien saben mis lectores más pertinaces (ya lo dice el viejo dicho: ha de haber gente “pa tó”....), no todo furgolero tiene fácil acceder- a un jugador como el 7 madridista? Pues por una razón muy sencilla: pocas figuras tan paradigmáticas de su mundo, pocos jugadores que conciten en su perfil buena parte de las miserias y grandezas de esto de la pelotita, como Raúl González Blanco.

Para sus defensores, un triunfador integral, un hombre con un palmarés dificilmente igualable, al que ha contribuido con un aporte de juego y goles francamente sustancial, y, más allá de tal condición, una figura con carisma y peso en el vestuario, un líder natural capaz de abanderar e impulsar a su equipo en pos de logros del máximo nivel, y aglutinante de un sentimiento por unos -valga la contradicción- colores (algo en lo que resulta avalado por una circunstancia objetiva de tanto peso como es la de lo prolongado de su estancia en el club blanco) que ya no es moneda muy común en el superprofesionalizado furgol actual. Hay buenas dosis de certeza en tales apreciaciones (en algunos casos, muy poco rebatibles), pero tampoco se puede negar que los argumentos de sus contrarios gozan de soporte más que estimable.

Para sus detractores, un jugador acabado, un hombre que, cobijado a la lucrativa sombra de un contrato que le concede un tratamiento económico totalmente desproporcionado en relación con su actual estatus de juego y rendimiento, arrastra apenas un pálido fulgor de lo que un día fue -y, además, sólo en el ámbito de su club, dado que, en la selección (a la que jamás, y bajo ningún concepto, debería volver), Raúl jamás consiguió llevarla a la conquista de logro importante alguno, pese a su notable producción goleadora (eso sí, también muy matizable, en función de la repercusión y alcance de esos goles)-. Eso, en lo que respecta a su perfil técnico furgolero; en el plano personal, y a mayor abundamiento, aún hay cabida para numerosos puntos oscuros: desde su excesivo apego y simpatía por ciertos grupos ultras de aficionados de la órbita madridista, hasta sus poco veladas pretensiones de proyectar presiones e influencias sobre el entorno técnico y directivo, tanto en el Real Madrid como en la selección española, basado en su predicamento y liderazgo en la plantilla (algo en lo que, por cierto, no se le puede considerar, ni muchísimo menos, un pionero: siempre ha habido grandes estrellas -Cruyff, quizá, como ejemplo señero- a las que su “vena mafiosilla” hacía que les costara horrores circunscribir su primacía e impronta a los estrictos límites del terreno de juego). Cuánto hay de infundio y leyenda maliciosa en todo lo anterior, y cuánto hay de cierto, es algo bastante dificil de saber y calibrar; pero no cabe duda de que, más allá de lo confesable y confesado, algo hay de todo ello.

Luces y sombras, en suma. Una antítesis a la que raramente es ajena ninguna figura de relieve y dimensión pública desorbitadas. Que ése, y no otro (porque poco lugar a dudas cabe al respecto), es el caso de Raúl. Santo y seña del madridismo, un icono del triunfo y el éxito, para aquellos que lo veneran; un idolo caído, un fáctotum venido a menos que se arroga atribuciones y galones a los que ya no puede aspirar por sus logros sobre el césped, para ésos entre quienes levanta cualquier cosa menos entusiasmo. ¿En qué bando militan ustedes, amigos lectores...?

5 comentarios:

Superwoman dijo...

Pues me parece que has hecho una disección impecable del personaje, que no de la persona, de Raúl, tipo que a mí, como la gran mayoría de los furbolistas, me resulta totalmente indiferente... ni siquiera le veía las bellezas que le encontraban algunas compis mías en la adolescencia...
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Gracias por tus elogiosas palabras, compa Superwoman: tanto como diseccionarlo, quizá no era la intención, pero sí la de dar una visión que no fuera unilateral, de una sola cara del prisma. Por supuesto, del personaje; a la persona, obviamente, ni la conozco ni creo que, salvo casualidad o avatar mayúsculo de la vida, llegue a conocerla. En cuanto a lo del gusto por su belleza física, entiendo que a tí no te guste, pero supongo que sí que reconocerás que, en general, los furgolistas suelen ser tipos físicamente atractivos (algo lógico: el deporte no pulirá mucho el intelecto, pero el cuerpo lo deja bastante "niquelaete"...).

Un fuerte abrazo.

www.enredalia.com dijo...

El fútbol es el deporte rey preferido por los españoles, que se decantan en su mayoría, seguidores de Real Madrid (un 32.8 por ciento) y Barcelona (un 25.7), con el automovilismo en segundo lugar y el tenis y el baloncesto a continuación, según el barómetro del mes de mayo anunciado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Marchelo dijo...

Buenas Manuel,

en primer lugar disculpa que no me haya pasado últimamente por aquí :)

en cuanto a Raúl... coincido con Michael Robinson: es un jugador sobrevalorado. Aún así, admito que tiene mucho mérito que con sus limitaciones haya legado tan lejos... es un futbolista 7 en todo pero 10 en carácter.

A ver cuando escribes sobre Leo Messi, mi perdición, un regalo para los culés como yo!

Saludos Manuel

Manuel Márquez dijo...

Las disculpas están de más, compa Marchelo; andamos todos de tiempo como andamos, qué se le va a hacer. Lo de escribir sobre Messi supongo que es algo que caerá como fruta madura; es poco lógico plantearse escribir sobre fútbol con cierta regularidad, y no hablar del que, ahora mismo, es el mejor jugador del planeta. Disfrutadlo a fondo...

Un fuerte abrazo.

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