jueves, 11 de septiembre de 2008

Mi Buenos Aires querido X: vacaciones en Valderredible


Diez días. No sé si es mucho o poco tiempo (pocos conceptos tan relativos, dentro de lo relativo que todos terminan resultando con su paso, como el del propio tiempo), pero son ésos los días transcurridos desde que acabaron mis vacaciones. En cualquier caso, para mí ha sido un tiempo más que suficiente para dejar reposar sensaciones y apreciaciones; atemperar estados de ánimo; calibrar la percepción de algunas experiencias y vivencias, sin que ello signifique que todo ello deje de desplegarse a lo largo de aún más tiempo. Y descubrir, una vez más, que, en última instancia, ningún territorio como el humano es capaz de ofrecernos aquello que más nos reconforta y nos reconcilia con nuestra condición de tales. Otras gentes, otras personas que nos devuelven la confianza en la especie, que nos ayudan a pensar que no todo está perdido, que aún es posible compatibilizar aspectos que, sobre el papel, pueden parecer contradictorios, o difícilmente compatibles -tan poco habitual resulta encontrarlos simultáneamente-.

Tere y David, David y Tere; que tanto monta, y monta tanto. En un punto perdido de un lugar tan recóndito como el valle de Valderredible, en Cantabria -un lugar cuya mera existencia desconocía hasta hace poco más de tres meses, y que, posiblemente, jamás hubiera conocido si no hubiera sido por una de esas raras casualidades que sólo este prodigio de Internet puede llegar a propiciar-; y, para ser más precisos geográficamente, en el enclave de Revelillas (uno de los cincuenta y tres núcleos de población que integran el municipio de Valderredible, cuya “capital” -por llamarla de alguna manera- se ubica en Polientes), David y Tere regentan un negocio de turismo rural, en una casa de su propiedad, El Pozo de los Lobos. Una casona rústica y recia, primorosa y amorosamente decorada, cálida y confortable, cómoda y tranquila. Eso que cualquier guía o folleto publicitario podría definir, sin temor a equivocarse, como un lugar ideal para perderse (dificíl que te encuentren en lugar tan alejado del mundanal ruido) y descansar (el único ruido audible en millas a la redonda es el del canto del gallo en la alborada -y sospecho que el de la lluvia y el viento en días más inclementes meteorológicamente que los que mi familia y yo tuvimos la suerte de disfrutar, con un sol radiante y un cielo deslumbrantemente azul, más propio de nuestras sureñas latitudes originarias que del habitualmente umbrío norte cántabro-).

Pero lo mejor de El Pozo de los Lobos, no es la casa en sí -con ser una preciosidad, tremendamente disfrutable-, ni el enclave en el que se ubica -paradisíaco, sin ningún género de dudas-, sino el talante y el cariño de David y Tere; dos personas atentas, amables y afectuosas, que hacen del slogan con que promocionan su casa en su página web (No tenemos clientes, tenemos amigos), algo más, mucho más, que una declaración de intenciones: una forma de manejarse y comportarse con todo aquel que tiene la fortuna de recalar por esos pagos. Y me consta que habrá quien pueda entender que esas cosas van incluidas, de forma implícita, en la naturaleza y el perfil de un negocio de este tipo; que, en última instancia, El Pozo de los Lobos no deja de ser un alojamiento turístico más, un establecimiento mercantil. ¿Y....? Hay, más allá de tales elementos, conceptos no cuantificables, ni fácilmente medibles; elementos que ninguna factura ni presupuesto puede recoger. Y, de ésos, les puedo asegurar, amigos lectores, que Tere y David no escatiman lo más mínimo. Y eso, tan poco contable, es lo que, para algunos -entre los que me incluyo-, realmente, y en último extremo, cuenta.

Por eso, y porque soy consciente de mis torpezas y carencias expresivas para manifestar mi gratitud de manera presencial y de viva voz, no se me ocurría otra manera más propia de hacerla patente que a través de estas (por otro lado, no mucho menos torpes) líneas escritas. David y Tere, Tere y David: muchas gracias, y hasta pronto.

9 comentarios:

Corpi dijo...

No hay nada como ir de vacaciones a una casa rural y encontrarse a unos dueños así. Sentirse como en casa propia es sinónimo de unas buenas vacaciones. Y si encima cocinan bien, miel sobre ojuelas. Me has recordado a Pepa La Ponsa y su casa rural. Me apunto la tuya, quién sabe, quizá algún día...

Miriam G. dijo...

Me encanta tenerte de vuelta Manuel.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

En mi caso, compa Corpi, era la primera vez que probaba esto de las casas rurales y la experiencia (no sólo en ésta, sino en aquella en la que estuvimos a continuación, en Ea, Vizcaya), ha sido fantástica. Por lo demás, suelo ser muy remolón para el tema de recomendaciones, pero, en este caso, no tengo duda ninguna: apuntátela y disfrútala si tienes ocasión. Y ya me contarás...

Compa Miriam, muchas gracias por tus amables y cariñosas palabras (breves, también, como siempre, pero es que si fueran de otra manera se me harían raras...). Eso sí, tampoco tengo yo muy claro eso de que "esté de vuelta"; volver, volver, lo que se dice volver, así, en plan normalizado, aún no lo he hecho. Obras de cocina en casa, comienzo de curso, lío en el trabajo. A ver si me apalanco un poquito, si puede ser; y me paso por tu cibercasa, claro...

Un abrazo muy fuerte a los dos y hasta pronto.

Una maruja en internet dijo...

Siempre hay rincones preciosos y gente maravillosa que hacen que las vacaciones sean algo más que descanso.
Será un placer para David y Tere leerte como lo es para nosotros :).

Tha dijo...

Pues tomo nota también, no se cuándo podría ser pero con tu recomendación...
A ver si nos vamos poniendo al día (leyendo y tu escribiendo) que más que ocupada lo que he estado es vaga, pero todo tiene arreglo :)
Un besooo

Andrés dijo...

Hola Manuel, veo que lo habéis pasado bien (y me alegro ;)

Gracias por tu comentario de hoy en mi página: contestaré en breve. ¡Abrazos! Am

Pepe dijo...

Seguid yendo a la Patagonia, es un lugar soñado.

Apartamentos Buenos Aires dijo...

Hola,

Muy bonito el artículo, me encantaria conocer Buenos Aires, no sé por qué siempre me llamó la atención esa ciudad, quisá por ver muchas novelas hechas en Argentina.

Un saludo.

alojarse en Huelva dijo...

Las vacaciones en Casas Rurales son realmente únicas, uno se siente en contacto con la naturaleza y eso es importante tanto para el cuerpo como para el alma.

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