miércoles, 24 de septiembre de 2008

Grageas de cine LIII: a propósito de... Sin tí (España, 2006)


Más allá de dimes y diretes acerca de su estado de salud (hay quienes lo sitúan en “estado UCI” permanente, mientras que otros pensamos que no es para tanto —o que, en último extremo, y si así fuera, tampoco está mucho peor que el resto de pacientes de la planta…—), sí hay algo que nadie, o casi nadie, podrá negarle al cine español, y es su feracidad, al menos en términos cuantitativos: con independencia de sus estratosféricos números de la pasada temporada (las estadísticas del Ministerio de Cultura nos sitúan en una cifra muy cercana a los 200 títulos), no es infrecuente que en las últimas cosechas nos hallemos con volúmenes situados en los alrededores (por arriba y/o por abajo) de los 100. ¿Muchos, pocos, suficientes? No lo sé; evidentemente, cantidad no siempre es sinónimo de calidad (aunque es evidente que, de entre lo mucho, siempre es más fácil que salga un buen producto, aunque sea por una cuestión meramente estadística), pero se trata de cifras que, comparadas con las de los países de nuestro entorno más cercano, generan auténtico vértigo. En ese contexto, no es difícil encontrarse —aun cuando sea confinado en un pase televisivo de cadena temática, y, además, a horario francamente intempestivo, incluso para búhos irredentos…— con algún que otro film ciertamente curioso, y que, más allá de sus bondades técnicas, o de su calidad global, nos permite disfrutar con algún detalle que ya justifica su visionado.

Es el caso de Sin tí, uno de esos títulos en cuyos créditos se hace más extensa la relación de cadenas televisivas que participan en su producción que el propio reparto, y que, aun cuando no se trate de nada del otro jueves, cinematográficamente hablando, nos ofrece, a nivel interpretativo, un más que digno trabajo a cargo de su protagonista, Ana Fernández, que, en su papel de feliz y acomodada trabajadora, esposa y madre de familia que ve trastocados todos sus parámetros vitales, cuando, por culpa de un desgraciado y estúpido accidente doméstico, pierde la vista, sabe transmitir, con matices ricos y variados, un arco evolutivo de estados de ánimo y de asimilación de circunstancias vitales bastante bien trazado, y, en lo tocante a elementos dramáticos, bosqueja algún que otro apunte también de cierto interés (aunque, desgraciadamente, no llega a alcanzar mayor vuelo, en parte por obvias limitaciones de metraje y, también, por qué no, por una cierta inconsistencia del guión: las inclinaciones lésbicas de la protagonista terminan quedando en un mero amago, que no adquiere mayor desarrollo, y la evolución del entorno familiar, que también podía haber dado muchísimo más juego, no termina de despegarse de trazos demasiado previsibles). ¿Méritos suficientes para que demos por bien invertidos los poco más de noventa minutos pasados ante el televisor? Cada cual podría sacar sus conclusiones al respecto, pero a mí, viendo lo que se ve a diario, sí me los parecieron.

4 comentarios:

Josep dijo...

Otra que no he visto. Estoy de acuerdo contigo en que el número de películas no es ni bueno ni malo por sí mismo. Y ciertamente, de mayor número de producciones mayor posibilidad de hallar una película digna. Si la financiación recae sobre las televisiones privadas, me parece perfecto.
Ya sabes que opino diferente si resulta que esas doscientas películas se han producido con dinero público -de una forma u otra- y no alcanzan luego un mínimo que debería -y no es- exigible, pero eso ya es otra cuestión más ardua.

un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Josep, por, al menos, comparecer y hacer una aportación interesante (ya me constaba que no era este un título que fuera a suscitar numerosas intervenciones...). Sobre financiaciones y resultados, ya sabes que no lo tengo tan claro como tú, pero ésa es harina de otro costal...

Un fuerte abrazo.

Tha dijo...

desde luego con dinero público ni hablar...
No se que pueda ver la película que nos traes hoy, empieza la época de actividades lúdicas, educativas, etc. y el tiempo anda muy repartido.
Hoy he visto la de los girasoles y bueno... un poco lenta, una maribel extraordinaria y un poco de depresión para casa que añadida a la noticia de las elecciones en Austria...
En fin... feliz semana ¡besos!

Manuel Márquez dijo...

Gracias, una vez más, compa Tha, por tu fidelidad lectora y comentadora... Sobre lo de los dineros públicos para el cine, veo que tú, como Josep, tampoco estás en la "nueva onda"; total, si con el pico de lo que Bush le va a regalar a los tiburonacos de Wall Street se paga el cine español de los próximos ciento cincuenta años... En cuanto a la de Los girasoles ciegos no la he visto; mi mujer, sí, y a ella le ha gustado, aunque tampoco con excesivos entusiasmos; me temo que lo va a tener complicado para optar a los Oscars. Y, sobre lo de Austria, pues sí, triste, muy triste, y muy relevador de hacia dónde nos suelen llevar los miedos y las desazones; parece que nos cuesta aprender...

Un fuerte abrazo.

P.S. qué trabajito pillar un hueco para actualizar...

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