martes, 1 de julio de 2008

Grageas de cine XLIX: a propósito de.... la Ley del Cine (de nunca acabar)


La prensa diaria se hacía eco en días pasados de la carta remitida al Ministerio de Cultura por la FAPAE -entidad que aglutina a los productores audiovisuales de nuestro país-, expresando sus motivos de agravio y preocupación en relación con el proyecto de norma de desarrollo de la Ley del Cine -que, recordemos, se aprobaba hace apenas seis meses-, basándose en que, al parecer, dicha norma de desarrollo no recoge de manera suficiente los términos fundamentales en base a los cuales el colectivo, tras sus reticencias iniciales, había terminado dando su plácet a la ley de referencia. Más allá de otros elementos más bien circunstanciales, o secundarios, dos parecen ser los motivos básicos de dicho malestar: la “desaparición” de los incentivos fiscales que la ley contemplaba -y que daban pie a una perspectiva de franco estímulo a la inversión en el sector por parte de entidades físicas y jurídicas ajenas al mismo- y la falta de referencias a la creación -prevista en la ley- de una agencia estatal que habría de sustituir al actual ICAA.

Mal asunto para nuestro cine (aunque sus datos de taquilla en lo que va de año no sean especialmente malos, más bien al contrario) que vuelvan a sonar tambores de guerra en un momento social y económico que, precisamente, no invita al optimismo. Porque, en tiempos de apreturas, no cabe ninguna duda de que es éste es uno de esos sectores a los que la crisis económica puede golpear con mayor virulencia (por más que se insista en lo del “panes et circenses”, todo el mundo tiene muy claro que lo primero son los “panes”, y lo segundo, los “circenses” -más aún, si cabe, cuando el abanico de “ofertas circenses gratuitas” es, por lo demás, tremendamente amplia-), lo cual vendría a suponer un llover sobre mojado nada halagüeño para nuestra, ya de por sí, exigua industria cinematográfica. Toca, pues -no hay alternativa-, volver a sentarse y volver a afrontar la situación con un esfuerzo imaginativo y la cintura y flexibilidad necesarias, por ambas partes, para alcanzar acuerdos viables y -ahora que está tan de moda el palabro en cuestión- sostenibles. Nuestro cine, y su público, bien que lo agradecerán…

3 comentarios:

Josep dijo...

Tema complejo el que tocas, colega Manuel; me consta que te preocupa, pues no es la primera vez que leo alguna reflexión tuya en torno al mismo.

Ya sabes que no me inclino especialmente en favor de la subvención cultural de ninguna clase; de hecho, ni cultural ni de ninguna otra forma que pueda representar engrosar arcas particulares; frente a la supuesta necesidad de la cultura en sus más variadas acepciones, este estado en el que nos ha tocado vivir todavía tiene carencias más primarias que la cultura. No hay más que dar un vistazo a los presupuestos generales del estado, usualmente publicados el 28 de diciembre, como una chanza más, para evidenciar que cuestiones muy importantes perciben partidas presupuestarias muy inferiores a la cultura y el deporte, entendido éste como entretenimiento de la masa.

No hace aún dos horas cuando, de paseo con mi perro, platicaba con un amigo igualmente paseante perruno y me mostraba su indignación por el premio conseguido por cada uno de los jugadores de "La Roja"; el amigo se lamenta, creo que con razón, que nadie parece conocer que en este país -y en mi pueblo, además- tenemos otros campeones, por ejemplo mundiales, de tae-kwon-do, que no perciben premio alguno ni subvención ninguna.
Que la industria del cine es importante nadie lo duda, como importante es todo el tejido de pymes que sostiene con su esfuerzo y contra viento y marea el país, con la mayor oferta de empleo sostenible.
Si la industria del cine no es capaz, por su evidente ineptitud, de generar ingresos por su trabajo, que se busquen otro. Que las carencias de unos pocos no debemos sufragarlas entre todos, porque cuando las cosas les van bien, ocasionalmente, tampoco se les ve ningún detalle de agradecimiento.
Si pienso que los titulados en medicina de Catalunya se van a trabajar a Portugal e Inglaterra porque allí les aprecian en lo que valen y les dan un sueldo digno, permitiendo que los enfermos sean atendidos por médicos llegados de otros países, algunos todadvía pendientes de convalidar sus estudios, me resulta imposible aceptar que cuatro supuestos "artistas" por el mero hecho de presentarse como tales, tengan derechos y privilegios que a nadie interesan.

Siento la parrafada que me ha salido y más aún porque me consta que en esto opinamos de forma divergente y suplico tu indulgencia y tolerancia.

Es otro tema que habría que comentar con unas cañas delante, sin duda...

Un abrazo.

Miriam G. dijo...

Pues les tocará mirarse menos ese ombligo que tanto les gusto y empezar a hacer cine para el público en lugar de para su ombligo. Y que no se me interprete más, no pide un cine español más comercial ¡líbreme Dios! Pido un cine menos egocéntrico.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, es cierto que este es un tema que no toco por primera vez, y me supongo que tampoco por última. Y, ciertamente, discrepamos, pero, bueno, eso también sabes que no supone ningún problema: ésa es la base de la convivencia pacífica, la capacidad de dialogar desde la discrepancia, y llegar a puntos de entendimiento, que siempre se puede llegar, sin duda alguna. Comparto contigo la perspectiva de que hay necesidades más perentorias e importantes que cubrir con fondos públicos, y no me entusiasma el planteamiento de que el cine haya de ser una actividad subvencionada, pero lo que está claro es que con reglas de juego que propician una desigualdad tan tremenda de partida, es difícil hablar de competencia o competitividad.

¿Cabe plantearse un partido de fútbol que, antes del pitido inicial, enfrente a un equipo que alinea a once jugadores con otro que alinea sólo a seis? Obviamente, no. Once contra once, y, a partir de ahí, que gane el mejor. Pero no es ésa la situación, me temo...

Compa Miriam, yo no creo que el problema del cine español sea de ombliguismo; es de una inferioridad de condiciones que no deriva de su menor calidad, sino de otros factores, ajenos a sus bondades artísticas. Intenta extrapolar esos factores y circunstancias a otros mundos culturales a los que prestas más atención (como pueden ser la literatura y la música), y te sorprenderás de las apreciaciones. Creo, sinceramente.

Un abrazo muy fuerte a los dos, y gracias por opinar (y, sobre todo, por opinar diferente: se agradece, de corazón, se agradece...).

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