viernes, 6 de junio de 2008

Mi Buenos Aires querido VIII: escrituras "creativas"


Con más habitualidad de la que me gustaría (pero no tanta como para que me afecte a la salud), me entrego al autocomplaciente y ególatra ejercicio de releer mis críticas de cine; ejercicio que no sólo me sirve para reafirmarme en el absoluto convencimiento de que jamás llegaré a escribir como esos señores y señoras a los que admiro y envidio (algo que, aun ya sabido sin necesidad de estas relecturas, nunca está de más recordar, para no llamarse uno mismo a engaño), sino también para detectar un sinfín de fallos, errores y otras burradas varias que, quién sabe, igual en próximas entregas sí que pueden ser corregidas, o, al menos, atemperadas. No obstante, lo que más me viene preocupando últimamente, y que da pie y fundamento al emborronado de estas líneas, es una circunstancia que, aunque pueda parecer lógica por una causa meramente acumulativa, o cuantitativa (a medida que el número de reseñas críticas va aumentando, es más difícil no repetirse), no me termina de convencer, y es la de la cada vez mayor “jergarización” (si se me permite el palabro) a que las mismas se ven sometidas. Coletillas, tópicos, lugares comunes, frases hechas, expresiones convencionales: el veneno que emponzoña cualquier atisbo de escritura más o menos creativa está ahí, y, además (y ahí radica la gravedad del caso), en dosis más que suficientes para tumbar no a un caballo, sino a una cuadra completa.

He hablado antes, ahí, pocas líneas más arriba, de “escritura creativa”. Y, claro, habrá quién, no sin fundamento, me podrá reprochar que mi problema no es ese de la jergarización también antes apuntada, sino el del exceso, o desenfoque, de pretensiones. ¿Tú qué quieres hacer, chavalote, escritura creativa? Pues escribe ficción narrativa, o poesía lírico-épica en el registro que más te plazca, o ensayo más o menos formal. Pero la crítica cinematográfica no está para hacer literatura, sino para proporcionar a su lector una orientación más o menos técnica acerca de un producto creativo concreto, como es una película. Y, si a tales fines, los medios más adecuados conllevan la utilización reiterada (para una mayor claridad) de todos esos mecanismos a las que se aludía en el párrafo anterior, pues se utilizan, y aquí paz, y allá gloria, ¿no...?

Pues no: los cofrades de la palabra, todos aquellos que, aun conscientes de sus limitaciones para hacer cosas hermosas con ellas, también tienen la clara consciencia de que, si hay tantos y tantos que a lo largo de la historia, han sabido utilizarla para algo más, mucho más, que la mera comunicación utilitaria, es porque ella así lo permite, nunca perdemos la ilusión de, al menos intentarlo. Y aunque las circunstancias, sin llegar a ser tan negras como para hundir nuestra flota, sí que nos ponen siempre en profundas complicaciones para llegar a buen puerto (que si la falta de talento; que si la poca disponibilidad de tiempo; que si las prisas en el afán de querer tener siempre material disponible para publicar....), la cuestión es que no cejamos en el empeño de echar la barca la agua. Hay días en que apenas somos capaces de despegarnos de la orilla, pero hay otros en que uno, aun sin llegar ni siquiera a acercarse, sí que,al menos, vislumbra allá, a lo lejos, que existe la orilla de enfrente, ésa a la que, con tan aparente facilidad (sólo aparente; ya sabemos que hay ingentes cantidades de trabajo detrás de esos resultados), parecen llegar esos a los que admiramos y envidiamos.

Nada, que toca seguir trabajando. Pero merece la pena. Feliz fin de semana, amigos lectores.

10 comentarios:

Superwoman dijo...

Creo que eres demasiado duro contigo mismo, pero me temo que no tengo la receta de cómo conseguir no serlo. Por si te consuela, a mí me gusta lo que leo.

Un supersaludo

Josep dijo...

Querido amigo, podría resumir lo que pienso con un clásico:

"En el pecado llevamos la penitencia"

Porque en la costumbre de releer lo que uno parió está la sensación de autocomplacencia y de autocrítica en partes iguales.

Somos lo que somos y no hay que darle más vueltas: coletillas, giros, frases hechas, llámalo como quieras, son el pan de cada día incluso en aquellos que se lo ganan con la letra; si nosotros, pobres aficionados, caemos en el mismo hoyo, nada puede extrañar a quienes nos lean.

Olvídate de ese rigor mortificante y disfruta con lo que tú mismo has escrito, que bastante pena hay fuera de estos sitios de solazamiento personal.

Aunque a veces pienso, como tú, que las prisas por publicar a menudo, de forma cotidiana, restan tiempo destinado a pulir y abrillantar la lengua. Y a cuidar la extensión, concepto que dejas aparte, supongo que destinado a otro feliz momento.

Un abrazo.

Miriam G. dijo...

Releerse a uno mismo es un ejercicio de masoquismo como otro cualquiera. Yo no lo hago, si lohiciese mi blog no tendría archivo...

Un beso, Miriam G.

Hatt dijo...

Pues será que nos gusta leer un ejercicio de reescritura, porque venimos cuando podemos aquí por eso.

Por cierto, me alegro de que te haya gustado La Jetee.

Un saludo y a más vernos...

Isabel Romana dijo...

Creo, como tú, que se puede hacer literatura creativa a través de las críticas de cine. Creo que la creatividad está allí donde estemos dispuesto a crear, y hoy, además, las líneas separadoras de los géneros se difuminan más y más. Así que comprendo y apoyo tus esfuerzos por ser más creativo cada día en la opción que has escogido y creo que si todos nos planteáramos las cosas con la misma conciencia y exigencia el arte de la escritura aún habría llegado más lejos.
Un beso enorme.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, Superwoman, por tus palabras, tan cariñosas de aliento. No creo que sea excesivamente duro, de veras, más bien realista. Es lo que hay...

Compa Josep, creo que en tu sentencia lo resumes fenomenalmente; en todo caso, más que asumirlo con deportividad, se hace con una cierta resignación: es difícil que las cosas vayan de otra manera. Y ni aún así; me cuesta horrores ahora sacar hueco para actualizar (demasiados compromisos, demasiada tarea). Gracias, en todo caso, por los ánimos.

Compa Miriam, tú es que te pasas de sentido crítico; y, bueno, no creo que te quedaras sin archivo, al final supongo que te podría tu vena "conservatoria". Como a todos, vaya; además de que a mí no me disgusta, ni muchísimo menos, lo que te leo, más bien al contrario.

Compa Hatt, gracias también a tí por tus palabras de aliento. Y sobre La Jetée, pues sí, sí que me gustó; quizá más que gustarme, fascinarme, en cierta manera. Porque se trata de una producción realmente fascinante...

Compa Isabel, una alegría, como siempre, verte por aquí. Estoy de acuerdo contigo en lo de la fusión e indefinición cada vez mayor de los géneros, y en que todos dan cabida para la creatividad; quizá el problema radique, más bien, en los otros elementos, en los circunstanciales (tiempo, tranquilidad, talento; vaya, todos con t, qué casualidad...).

Un fuerte abrazo a todos, muchísimas gracias por vuestras aportaciones y lamento no haber podido contestaros antes.

Joan dijo...

Manuel, permíteme discrepar cuando afirmas:

"Pero la crítica cinematográfica no está para hacer literatura, sino para proporcionar a su lector una orientación más o menos técnica acerca de un producto creativo concreto, como es una película."

¿Y por qué no está para hacer literatura? Si has releído tus críticas y notas ciertos clichés repetitivos, prueba a redactar alguna de forma "literaria", más imaginativa, como si fuera un sueño, como si tú fueras el personaje principal, como si la vieras desde un autocine.

Estimado compa, en el mundo de las letras -en el cual te desenvuelves como gorrino en el barro- todo es posible.

PS: Lo de gorrino, sin acritud, ¿eh? Pura guasa
PS2: ¿Cómo llevas Los Soprano?

Un saludo

marcbranches dijo...

Escritura creativa. ¿No vienen a ser conceptos inherentes? ¿No "crea" uno cada vez que escribe algo? Dejo ahí la pregunta, que es un arranque muy profundo y tengo que irme a comer... En cualquier caso, dejo constancia de que Mi Majestad pasa olímpicamente (o sea, pasa cada cuatro años) (festival del humor con Marcbranches) de revisar las tonterías que escribe. Eso sí, reconozco que a veces, cuando me topo por lo que sea con un post mío, hay ocasiones en las que no me reconozco: ¿de verdad he escrito yo esto? La ventaja del mester de bloguería es que a los escritores/reporteros/cronistas/literatos frustrados nos da la ocasión de airear la falta de talento que llevamos dentro, y además gratis. Y con lectores de regalo, que eso siempre alimenta el ego. Lo malo es que uno se enfrasca en un ritmo de actualización que demasiadas veces supera nuestra capacidad: el trabajo, los quehaceres, la familia, nos impiden recrearnos en la calidad del escrito como debiéramos. En mi caso, he de confesar que incumplo la que considero es la regla básica del buen escritor: reescribir, reescribir y reescribir. La autocorrección (y no me refiero a la del Word) es la clave del acabado bien pulido, y no hay otra. Pero la inmediatez de internet y el amateurismo nos deja sin este arma. Eso sí, lo que perdemos en barniz lo ganamos en frescura, eso que no se te olvide. Y, lo más importante, creo yo, es tener un estilo propio y reconocible. Eso es algo que tú has conseguido, te guste o no; en mi caso, es de lo que más orgulloso estoy. Se me quema el asado. Saludos.

Corpi dijo...

Mira amigo, si de verdad tienes algo, es estilo. Sin ninguna duda, lo más importante para un escritor. Aunque no pusieras nunca el nombre a tus comentarios, después de leerte durante tanto tiempo, sabría perfectamente que eres tú quien escribe. Además a mí sí que me gustan mucho las frasese hechas. Fíjate si no en el maestro Manuel Alcántara.

Manuel Márquez dijo...

Compa Joan, qué alegría verte de nuevo por aquí. No hay molestia ninguna en lo del cochino en el charco (por cierto, una de mis "expresiones de cabecera", la suelo usar con frecuencia, no mucho cuando escribo, pero sí habitualmente cuando hablo...). ¿Los Soprano? Pues ellos a lo suyo (Toni y su panda, quemando camiones en las áreas de servicio, me imagino...), y yo a lo mío (una agenda del c...). Supongo...

Compa Marc, te has extendido (y eso está bien), pero has dicho un montón de cosas juiciosas (y eso está mejor todavía). Muchas gracias por tus apreciaciones, que aprecio en lo que valen; es decir, en mucho. Y, desde luego, pones el dedo en una de las "llagas" fundamentales, la de la reescritura (o, más bien, la falta de ella). En cuanto a lo del estilo propio, no termino de verlo muy claro, pero supongo que eso es algo, también, que se aprecia con más claridad desde fuera que desde dentro.

Compa Corpi, muchas gracias también a tí por tus cariñosas y elogiosas palabras, un estímulo de lo más acojonante, no te quepa duda. Lamento muchísimo no haber leído casi nada (salvo en algún caso puntual, en el diario Sur, donde ni siquiera sé si sigue publicando) al señor Alcántara...

Un fuerte abrazo a los tres, y que tengais buena semana.

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