lunes, 16 de junio de 2008

MEMORIAS DE ÁFRICA (OUT OF AFRICA; U.S.A., 1985)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Basada en los relatos autobiográficos de la propia autora, un recorrido por la intensa peripecia vital en África de la escritora danesa Karen Blixen –más conocida por su seudónimo, Isak Dinesen-: en esa tierra encontrará una fuente de inspiración –la que otorga el inmenso contraste con su bagaje precedente- y, lo que es más importante, el gran amor de su vida (Denys Finch, un espíritu libre, que acabará siendo la trágica víctima de sus ansias de vuelo, y no sólo en sentido figurado). Una experiencia tan intensa como breve: no pudo ser abatida por la enfermedad (la propia) ni por la muerte (la de su amado), pero los imponderables económicos terminarían por hacerla claudicar, y hubo de retornar a su país, para, desde allí, soñar durante el resto de su vida con aquella tierra a la que ya no habría de volver jamás.

RESEÑA CRÍTICA.-

Como casi todo en esta vida, el destino de una película es, fundamentalmente, una cuestión de vocación: qué se quiere, qué se pretende. Es complicado imaginarse que cualquiera de las personas implicadas, de una u otra manera, en un proyecto como Memorias de África no tuviera muy claro, desde un principio, que aquello estaba encaminado a ser un clásico: ése era su aliento y ése era su destino. Y, fiel al mismo, en ello se ha convertido, sin necesidad de que la pátina de los años la haya revestido de tal condición, y utilizando unos ingredientes bien elementales: una historia de amor, dos intérpretes de gran calibre para encarnarla y un escenario fastuoso para desarrollarlo. ¿Se precisa algo más...?

Vayamos, pues, por partes. La historia de amor es ineludible, se atisba desde el primer momento en que ellos se encuentran, los acontecimientos van empujando a ella de forma inexorable y se desarrolla (y se trunca) conforme a los cánones más estrictos del género. Poco que objetar en este capítulo: pese a lo pretendidamente “rebelde” de la situación –más por las circunstancias de los enamorados (dos auténticos espíritus libres, muy lejos de los corsés morales de su tiempo y su espacio) que por la relación en sí-, no se vislumbran muchas alternativas a la misma.

Los intérpretes son dos auténticos “transatlánticos”, quizá las dos luminarias más rutilantes del Hollywood del momento, en plena madurez física y profesional. La divina Streep está más Meryl Streep que nunca (o tan Meryl Streep como siempre, según se mire: esta actriz se suele traicionar poco a sí misma...) y dota a su personaje de una mezcla de fortaleza y etereidad francamente brillantes. En cuanto al divino Redford, también se acopla bien a su personaje (una suerte de gentleman irreverente: formas exquisitas sobre un ansia de libertad irreductible), cual guante a la mano. Además, la química entre ambos funciona extraordinariamente, cuestión a la que colabora, en grado sumo, lo adecuado de la probeta en que se cuece la pócima. Sólo un pequeño pero (ay, siempre hay algún pero...): los actores se sobreponen a los personajes, y la historia de amor se nos termina apareciendo como un romance (tan sereno como tórrido, o viceversa, que tanto da) entre Redford y Streep, y no entre Denis Lynch y Karen Blixen. Algo muy difícil de arreglar, se tome por donde se tome, y una gotera por la que el film empieza a hacer aguas...

Y nos queda lo del escenario fastuoso: la sabana africana ofrecida en todo su salvaje esplendor a base de un despliegue fotográfico impresionante, tanto geológico como vegetal y animal. No mucho mayor fundamento se le encuentran a los desplazamientos en avión de los protagonistas que el de ofrecernos unas tomas aéreas tan amplias y prolongadas como espectaculares.

Añádanse al cóctel expuesto un metraje generoso (con un ritmo algo cansino, pero que no llega a resultar adormecedor) y una partitura, meliflua y languideciente, de John Barry convertida, con el paso de los años y por derecho propio, en el “top 1” del hit-parade de las B.S.V.B. (para los no iniciados, Bandas Sonoras de Vídeos de Boda), y ya tenemos el objetivo deseado: la gran película de amor de la decada de los ochenta, apta para su consumo universal –de Alaska a la Patagonia, de Moscú a Nueva York-, digna sucesora de Doctor Zhivago y excelente predecesora de El paciente inglés o Titanic (por citar rererentes con los que el parentesco resulta más obvio).

En cualquier caso, y aun con todo lo expuesto (o, quizás, posiblemente por ello), Memorias de África, aun siendo una película grandiosa, no es una gran película, si nos atenemos a una valoración de sus elementos estrictamente cinematográficos: su realización es solamente pasable y demuestra, como tantas y tantas veces, que la acumulación de elementos brillantes no basta para que un film brille. Pero, claro, ¿quién se resiste al estremecimiento que te producen esos abrazos? ¿quién no se deja fascinar por esas manadas de gacelas en movimiento? El cine también es eso, y, por esa vía, Memorias de África se ha ganado su sitio en el firmamente de los clásicos, donde habrá de perdurar per secula seculorum. Amén.

13 comentarios:

Josep dijo...

Ya no sé si te gustó o no te gustó. Esa indefinición final me parece demasiado poíticamente-correcta, dicho sea con toda la mala intención.

Francamente, a mí no me gustó nada de nada y me he llevado millón de collejas por mi "falta de sensibilidad", así que debo estar loco para, a estas alturas, seguir erre que erre.

La vi en el cine, en estreno y no he vuelto a verla, pero me acuerdo de varias sensaciones negativas:

Los actores, como apuntas, haciendo mal su trabajo al imponerse a los personajes.

Nunca me ha gustado mucho Redford, pero desde luego, la Meryl aquí está mal, muy mal, con toda seguridad porque el guión es un pasteleo atroz que mezcla muchas cosas.

Y la fotografía, ¡ah, la fotografía! sigo pensando que son mejores los documentales de National Geographic porque éstos, por lo menos, son indicadísimos a su fin divulgador. Una fotografía plásticamente bella, pero totalmente inadecuada a la película.

Porque cuando al salir del cine lo primero que la gente dice "¿has visto que fotografía más bonita?" es que el director de fotografía se ha comido al Director de la película, y eso es un fallo.

Es un axioma, por lo menos, para mí.

Ya me he puesto la almohada cervical para aguantar las collejas...

Un abrazo.

Elena dijo...

Seguramente esta película tiene todos los fallos que comentáis. A pesar de ello/s, y quizás también debido a mi especial querencia africana, es una de mis preferidas. Aunque eso sí, la música no me mola nada ;)

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, creo que te has pasado varios pueblos, pero, aún así, lo de las collejas está descartado, faltaría más... Lo de la indefinición final, pues no sé, yo creo que más que ansia de corrección política (ésta, a diferencia de otras -que jamás confesaré cuáles son, secreto de sumario-, no era una crítica de encargo; es decir, podía decir lo que me viniera en gana) es que viene a coincidir con que me resulta complicado hacer una valoración concreta de la peli en términos de calidad. No creo que sea una gran película (y eso sí que lo digo así, tal cual, con esas mismas palabras), pero sí que tiene muchos aspectos salvables entre el pastelón generalizado: el cine, y bien lo sabes tú, no siempre ofrece obras redondas...

Compa Elena, me alegro de que a tí sí que te guste de manera más intensa, aun con esa pega de la música. Es difícil no enamorarse de esos paisajes, servidos de una manera tan "fisna" y elegante. A ver si me doy una vuelta por tu cibercasa, que no sé nada de tus "impresiones brasileiras"...

Gracias a los dos por vuestros comentarios, y un fuerte abrazo.

Isabel Romana dijo...

Cuando ví esta película me gustó y me decepcionó al mismo tiempo. Cómo es posible esto, no sabría explicarte. Lo cierto es que había leído la obra de Isak Dinensen, una de las escritoras más finas y delicadas que he leído nunca, una mujer que, escribiendo, es toda alma, y bueno, la película me pareció que en modo alguno lograba reflejar esa personalidad suya hermosa y superior. En fin, que los paisajes muy bonitos, los protagonistas guapos, etc. pero mi Isak Dinensen desaparecida. Me ha encantado leer esta crónica. Besitos.

Manuel Márquez dijo...

Te entiendo perfectamente, compa Isabel; cuando uno tiene unas expectativas previas basadas en un texto literario, lleva ya su propia peli, y, si lo que ve en la pantalla no cuadra con esa peli (más allá de lo mejor o peor que esté en base a su intrínseca calidad cinematográfica), mal asunto... En mi caso, no conozco el texto literario de referencia, así que me baso exclusivamente en apreciaciones sobre el mero producto fílmico. Gracias por tus palabras, una vez más.

Un fuerte abrazo.

BUDOKAN dijo...

Una muy bonita forma de recordar a uno de los personajes más entrañables del mundo de hollywood. Un hombre que fue muy versátil en los oficiones que le tocó interpretar ya sea director, actor o productor. Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Pues la cuestión, compa Budokan, ha sido más bien casual: ha coincidido la publicación de la reseña con la reciente muerte del director de la peli, pero no había una intención explícita de homenaje. Aún así, y ya que se ha dado la coincidencia, no está mal el apunte que haces: vaya tu voluntad por la mía.

Gracias por tu comentario, y un abrazo.

Marchelo dijo...

Buenas Manuel,

no he visto Memorias de África pero sí aprovecho para decir que a mi la Sra. Streep me empieza a cansar, últimamente le veo repetir siempre el mismo papel..a lo mejor soy yo, es evidente que es muy buena actriz, pero no la aguanto más!! Prefiero mil veces a Emma Thompson :)

PD. por cierto, si no tienes la suerte de hablar catalán en la intimidad como el temido José, puedes utilizar el traductor que encontrarás en la columna izquierda de mi blog :)

saludos Manuel!

Manuel Márquez dijo...

Compa Marchelo, es muy probable que buena parte del problema de "repetición de papeles" de Meryl Streep sea algo que le viene más impuesto por las limitaciones de la industria que por su propia voluntad, me temo... Es lo que tiene eso del Jolibú...

Gracias por tus recomendaciones traductoras, y un fuerte abrazo.

Superwoman dijo...

Manuel, qué llorera, por Dios... simplemente de pensar en los años que han pasado desde que la ví me he puesto sensible ;) Es una de esas pelis que a mí me pareció bastante mejor que el libro (isabelromana, para gustos se hicieron los colores)... y curiosamente Elena, lo que más me llama la atención a mí es la música.
Un supersaludo

Manuel Márquez dijo...

Ya veo, compa Superwoman, que tú eres de las entusiastas de la peli (que sois legión, por cierto...). Y sí, motivos para llorar no faltan, el argumento, más bien algunas de sus "vueltas", dan pie más que sobrado. Que unas lagrimillas, de vez en cuando, tampoco vienen mal...

Un fuerte abrazo.

Superwoman dijo...

No Manuel, la verdad es que soy sólo fan de Robert Redford... la peli la recuerdo como correctita nada más, es que el libro me decepcionó mucho... Tal vez no estaba preparada para ello (creo que hay libros que sólo te llegan en determinados momentos de tu vida...).
El problema es que llorar, lloro hasta viendo Pocoyo con los Supernenes (me encanta lo del home cinema porque de verdad que lo mío es un cuadro al salir del cine, en casa al menos puedo llorar a gusto).

Manuel Márquez dijo...

Hay que reivindicar el llanto, compa Superwoman: pocas cosas nos hacen más fuertes y más humanos a la vez (creo...).

Un fuerte abrazo (y un par de lágrimas...).

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.