jueves, 15 de mayo de 2008

PONIENTE (ESPAÑA, 2002)


Con insistencia digna de encomio, continúa el cine español ofreciéndonos, en una muestra de plena vitalidad, estrenos en un abanico de registros genéricos y estilísticos realmente amplio. La última propuesta, ésta que nos llega con la firma de Chus Gutiérrez, una directora granadina que, si por algo se ha caracterizado hasta ahora en su trayectoria, es por su valentía a la hora de abordar temas y, muy especialmente, enfoques formales bastante alejados de los moldes de lo más trillado, es Poniente, un drama social de tono beligerante y con una toma de partido clara e inequívoca por los desfavorecidos, por los perdedores de la historia, como mensaje de fondo.

Aun así, no hay en Poniente, pese a esa componente social apuntada, resonancias del cine de Ken Loach o de toda esa hornada de cineastas británicos (Herman, Cattaneo, Daldry) o franceses (Cantet, Tavernier) que últimamente vienen haciendo un importante esfuerzo en esa línea de plasmar sobre la pantalla problemas sociales contemporáneos del mundo occidental. Si hemos de buscar referencias para esta película, las mismas son mucho más cercanas, y se encuentran, sin duda alguna, en Flores de otro mundo (no en balde, la propia Iciar Bollaín ha colaborado con Chus Gutiérrez en la elaboración del guión de su película), con la cual guarda concomitancias más que evidentes –desde su temática central (que gira alrededor del mundo de la inmigración) hasta múltiples elementos accesorios en que ambas coinciden (el entorno rural como referente, o la importante presencia infantil)-, aunque también son sensibles las diferencias entre ambas, y radican, sobre todo, en el tono: a Poniente le sobra, quizá, un puntito de amargura, y le faltan los toques de humor tierno con los que Bollaín contrapunteaba la dureza de fondo de su relato, y, además, le dotaba de una mayor frescura y "redondez".

Hacíamos mención de la toma de partido de la autora como punto de partida de su propuesta, y es éste un elemento que pesa, y mucho, en el desarrollo de la historia: en ella se entremezclan los aspectos sociales, o generales, con los elementos personales que atañen a su personaje protagonista, y sobre el que gira toda la trama, Lucía, esa maestra que, huyendo de su huida previa, vuelve a sus raíces e intenta poner en pie un proyecto profesional y humano difícil en un entorno ciertamente hostil. La trabazón entre ambas facetas se despliega de forma eficaz, y con una adecuada solvencia narrativa, pero cabe apuntar dos detalles que empañan ligeramente la valoración global del film: por un lado, los deslizamientos puntuales hacia un maniqueismo demasiado acusado (la directora hace esfuerzos, consciente de la complejidad del problema que aborda, para equilibrar esa tendencia, y bien que se le nota, pero no siempre lo consigue) y, por otro, entroncando con lo anterior, el perfil excesivamente positivo de la protagonista (una especie de Teresa de Calcuta, como bien la define en un momento dado su partenaire, Curro), demasiado coherente y demasiado perfecta como para resultar totalmente creíble. Aun así, se trata de cuestiones que, pese a su importancia, no privan de una valoración positiva a la componente argumental, en la que quizá la única línea que "flaquea", de alguna manera, es la de la relación sentimental entre Lucía y Curro, que, aunque creíble y bien integrada en el esquema general de la historia, se ve aquejada de un exceso de empalago y trascendentalidad en los diálogos y situaciones, algo poco acorde con el talante y perfil (vocacionalmente sencillo) de los dos enamorados.

Esos dos enamorados están encarnados por dos intérpretes de perfiles y connotaciones totalmente diferentes: del lado masculino, tenemos a un Jose Coronado que vuelve a ofrecer un trabajo convincente (sin rayar a la altura de su villano de La caja 507, aun salvando las tremendas diferencias que imponen disparidades tan fuertes en el dibujo de ambos personajes) en su particular camino hacia la consagración como ex galán reconvertido en actor de carácter; y, del lado femenino, a una casi debutante Cuca Escribano, rostro nuevo que irrumpe con una fuerza tremenda, la que marca su personaje, quizá demasiado denso (confluyen en él demasiados elementos, demasiadas líneas de la historia), pero bien resuelto gracias a unas dotes interpretativas notables, que se unen a una fotogenia realmente inmensa, explotada al límite por la directora con una planificación propicia para ello. Alrededor de ambos protagonistas, un buen cuerpo de secundarios, entre los que hay que destacar, una vez más, a un extraordinario Antonio Dechent, convertido ya por méritos propios en el hijoputa por antonomasia (y perdonen la malsonancia, pero el término "villano" me resulta bastante menos expresivo para lo que se pretende designar...) de nuestro cine: Smoking room, X y, ahora, Poniente, en la que compone un tipo tan perfectamente identificable con la miseria moral que la directora pone en el centro de su diana que llega hasta a producir miedo (especial atención a una escena, casi al final de la película; un plano medio que lo retrata mientras atiende, en completo silencio, una llamada telefónica -y sabrán disculpar la omisión de mayores detalles: no quiero estropearles su disfrute...-: para estudiar en las academias de interpretación).

Con todas sus virtudes (muchas y notorias) y todos sus defectos (también más que evidentes), Poniente es una película que, sin resultar deslumbrante desde una perspectiva estrictamente técnica, refleja firme y contundentemente una realidad social, la de la inmigración y su explotación personal y laboral, que tenemos ahí, a la vuelta de la esquina, aunque no siempre nos apetezca verla. A esa visualización (como diría el político de turno...) contribuye la película de Chus Gutiérrez y eso, en última instancia, siempre habremos de agradecérselo.

NOTA: esta reseña fue escrita con motivo del estreno en salas comerciales de la película en cuestión. Y prefiero no tocalla (que peor será...)

7 comentarios:

Miriam G. dijo...

Manuel faltan las primeras letras de cada palabra. ¿Me pasa sóo a mi?

Es que si a una disléxica le subes el nivel de dificultad...

Un beso, Miriam G.

Miriam G. dijo...

Sí, era problema mío. He conseguido leerlo. Lo que puedo hablar últimamente de cine sin haber visto una puñetera pelicula, gracias a mí amigo Manuel ;-)

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Pues me alegro, compa Miriam, de que el problema no sea tal, aunque tampoco me hubiera sorprendido mucho: estoy teniendo muchos problemas con la edición de textos últimamente. Este blogger...

Ah, por cierto, yo también vacilo mucho, fardando de lo al día que estoy en materia de nuevas tendencias musicales -sin escuchar un disco nuevo ni de coña...-. Amigos, sí, divino tesoro...

Un fuerte abrazo.

Miriam G. dijo...

La verdad Manuel, es que nos tenemos bien repartido el trabajo, je, je, je...

Un beso, Miriam G.

Andrés dijo...

La Caja 507, eso sí que era una película excelente. Abrazos, Am

Manuel Márquez dijo...

Nada tan bueno ciertamente, compa Miriam, como el invento aquel del Adam Smith. Pero tampoco estaría de más que, de vez en cuando, te desenchufaras del MP3 y te echaras "p'al cuerpo" alguna peliculilla (y, la viceversa, igual me valdría para mí, claro...).

Tienes toda la razón, compa Andrés. La caja 507 es un peliculón como la copa de un pino, cuya única desgracia es que se trata de una peli española. Firmada por cualquier mastuerzo yanqui y protagonizada por cualquier Nicholson, Pacino o similar (que, a lo sumo, lo habrían hecho igual de bien que Resines, no mejor...), hubiera arrasado en las taquillas. Pero así nos pinta el pelo. Cualquier día pincho el enlace a su crítica, que publiqué hace ya algún tiempo en otra web.

Gracias a ambos por comentar, un fuerte abrazo y buen fin de semana.

Teruel dijo...

Un saludo para vos de una porteña en Teruel. Me encanta el cine y llegué hoy a tu blog. La directora de Poniente es para mí una de las mejores directoras de cine de España. También quería comentar que aquí cada vez se ven más películas españolas en las que actúan argentinos. Darín por ejemplo, es un actor muy admirado aquí, y tiene sus fans también por la pinta. Gracias por lo que escribes y un abrazo desde Teruel.

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