lunes, 12 de mayo de 2008

Cartas de amor a Carmela Soprano II


Querida Carmela:


Dado que la de que no me contestaras era una circunstancia ya contemplada y asumida desde que te remitiera mi primera misiva, no va a ser ése motivo de desánimo ni obstáculo que me haga cejar en mi empeño de manifestarte a través de mis cartas la admiración que por ti siento.


Dicho esto, he de señalarte que me ha parecido muy revelador de tu gran espíritu de sacrificio la actitud que has mantenido con tu suegra, la insufrible madre de Tony, a la que, pese a que bien te consta que no alberga excesivo cariño hacia ti (ni hacia casi nadie, qué mujer...), no dudas en ofrecerle tu casa y tu compañía. Ya sé, ya sé que no lo haces en atención a ella (una atención, evidentemente, inmerecida), sino en aras de la estabilidad familiar y siendo, como eres, consciente de cuánto sufrimiento inflige a Tony su manifiesta incapacidad emocional para solventar el problema de la relación con su madre. Pero, sea como fuere, y más allá del objetivo y fundamento, ahí has estado tú, al pie del cañón, y ofreciéndote. Admirable, estimada Carmela, admirable.


También me parece totalmente digna de elogio tu preocupación por los problemas de las personas de tu entorno cercano, aunque no mantengas con ellas relaciones más cercanas de amistad. ¿Qué hubiera sido del profesor del pequeño Anthony, y su flamante automóvil –robado por una panda de choricetes de tres al cuarto-, si no hubieras insistido a Tony para que se ocupara del asunto? Y asunto resuelto. Desde luego, querida Carmela, estás en todo.


En fin, no me ofreces más que motivos –aunque te prodigues poco en tus apariciones- para el elogio y la admiración. Será porque, en definitiva, eres un ser admirable; eso sí, esos pantalones verde pistacho, tan ceñidos, no te sientan nada bien. Piensátelo, Carmela, te lo digo con todo el cariño del mundo...


Tu rendido admirador,

9 comentarios:

Andrés dijo...

Manuel, que ¡ya te dije cómo se las gasta Tony, tendrás que ir con cuidado! ;)

Manuel Márquez dijo...

No, si yo eso ya lo tengo claro, compa Andrés, lo que sucede es que se trata de algo superior a mis fuerzas. No puedo evitarlo, ya lo sabes.

Un fuerte abrazo.

Miriam G. dijo...

Manuel ¿por qué se la escribes con letra tan chica? ¿Se la susurras? ;-)

Un beso, Miriam G.

Tha dijo...

Jo... al final voy a tener que verla... ¡otra más!

Manuel Márquez dijo...

Compa Miriam, qué cosas tienes... Susurrada, sólo me faltaba eso, musitársela en la orejita. Y un tiro en cada ceja, como bien señala el compa Andrés. En fin, corregido lo de la letra (que, por otro lado, tenías razón, vaya...).

Compa Tha, a tí, que me gusta que te constan las series, ésta te va a encantar, seguro. No sé cómo no andas liada ya con ella...

Un fuerte abrazo.

Joan dijo...

Pues me reservo el comentario hasta que hayas avanzado hasta la 4ª o la 5ª temporada de la serie. Ver desde ahí la evolución del personaje te dará (quizá) algún matiz adicional para tus epístolas carmelianas.

Saludos, compa

Manuel Márquez dijo...

Te agradezco, compa Joan, el aviso, y que me prevengas sobre los matices, pero me temo que, al ritmo de visionado que llevo, para cuando llegue a esas temporadas, esto del bloguerío, la web 2.0 e hierbas similares será ya pasto de estudio para Arsuaga y sus "Atapuerca boys and girls". Me temo...

Gracias por comentar y un fuerte abrazo.

Elena dijo...

Querido Sr. Manuel,
Muy agradecida por sus cariñosos mensajes, aunque no sabe todo lo que tengo que inventar para que mi marido no llegue a enterarse de nuestra correspondencia. Pero vale la pena, porque sus cartas me mantienen viva y siempre me producen una gran sonrisa. Y eso, en medio de mi ajetreada vida, es un gran consuelo. Por cierto, siento mucho que no todo mi vestuario sea de su agrado: intentaré corregirme.
Sigamos en contacto, por favor.
Suya,
Carmela
PD: Perdone el retraso en contestarle, pero es que acabo de volver de visitar a mi hermana que vive en California.

Manuel Márquez dijo...

Oh, Carm de mis entretelas, sabía que terminarías haciéndolo, lo sabía... Cuídate mucho, te escribo pronto de nuevo.

Un abrazo.

P.S. lo del vestuario no tiene mayor importancia, y lo sabes...

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