lunes, 14 de abril de 2008

A salto de mata XXXI: ministras, ministros...


Supongo que la ansiedad, en los humanos, es algo que debe guardar proporción con la medida de las expectativas que nos la genera. Desde ese punto de vista, supongo que la ansiedad con la que han debido estar viviendo durante este pasado mes, los “ministrables” del presidente Zapatero ha debido ser de un nivel considerable. Pero, una vez solventadas las incógnitas sobre el particular, también supongo que la tranquilidad ha debido llegar a todas las personas afectadas: para unos, pocos, muy pocos, acompañada de la íntima satisfacción de haber alcanzado (o conservado, en la mayor parte de los casos) un logro importantísimo en su carrera política; para otros, más, bastantes más, me temo, junto a un inevitable halo de decepción, cuando no frustración pura y dura, ante la certeza de haber dejado pasar otro tren sin haber tenido ocasión de alcanzar plaza en el mismo (o, lo que quizá sea peor, viéndose obligado a bajar de él, después de haber montado) –y sin saber, además, si el tren volverá a parar en el andén de su estación-.

Es complicado el tema de las ambiciones políticas. La ambición suele tener muy mala prensa, en la medida en que suele ir asociada a una serie de valores morales en cierto modo negativos –en especial, y de forma más habitual, la codicia-. Pero ya me dirán ustedes, amigos lectores, qué sería de nuestro gobernanza si no hubiera gente con ambiciones políticas –siempre y cuando se asuma que el ser humano, como animal social, necesita de alguna forma más o menos organizada de eso, de gobierno, de mando, de estructura-. O sea, que, más allá de que, personalmente, carezca de ellas (es decir, que la falta de actualización de este blog no se debe a un síndrome de ansiedad derivado de la espera de mi nombramiento como ministro, sino a otras circunstancias de las que hablaremos, si procede, otro día...), a mí me parece fenomenal que algunos de mis congéneres sí las tengan. Y que las desplieguen, y que se muevan en base a ellas, y que en base a ellas terminen consiguiendo aquello que se proponen: puestos de responsabilidad, posiciones de mando. El poder, en suma.

Y que lo ejerzan. De manera capaz y eficaz, por supuesto: o sea, que capacidad y valía personales son aditamentos que considero indispensables para aquellas personas a quienes se otorga puestos políticos elevados (tema distinto, y bien complicado, es quién, y en base a qué criterios, ha de medir tales aditamentos). Y también de manera honesta y respetuosa de la legalidad (hasta donde buenamente se pueda, que, sin justificar ni admitir ninguna barbaridad, sea del tipo que sea, hay que ser conscientes de que ésos son requerimientos complejos, y en los que también el baremo interpretativo, y la varita que marca el rasero por el que se miden ciertas actitudes y actuaciones, es dificil de situar). Terminada su tarea, será el momento en que quepa exigir rendición de cuentas y hacer juicios de valor acerca de lo hecho o dejado de hacer: cuestión también harto complicada, ante lo vasto del terreno y lo subjetivas que suelen ser las apreciaciones al respecto.

Hasta ese momento, mucha suerte, señoras y señores ministros: disfruten del cargo y gocen con su ejercicio. Seguro que no es fácil, pero no olviden que nadie les obligó a asumirlo. Y a ustedes, amigos lectores, feliz (y, dado que presumo que ninguno de ustedes ha sido nombrado ministro o ministra, tranquila) semana.

11 comentarios:

Recaredo Veredas dijo...

Buen final, Manuel. Siempre es positivo resaltar lo obvio: nadie les obligó a asumirlo.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, compa Recaredo, por la visita y el comentario. Y, por cierto, muy buen apunte acerca de la importancia de resaltar lo obvio -y no lo digo por este caso concreto, donde, posiblemente, ha terminado siendo algo bastante casual, un efecto no buscado-: creo que muchas veces, terminamos convirtiéndolo en lo presupuesto, y, de ahí al olvido, un solo paso, y cortito...

Un abrazo.

Superwoman dijo...

Lo que me faltaba para el duro, que me dieran un ministerio... con lo contenta que estuve tomandome mi añito de baja maternal... Demasiado a la vista del publico, no se lo envidio a nadie. Me recuerda a esa tira de Mafalda en que decia que tendrian que nombrar un Presidente del Gobierno extranjero...

Joan dijo...

¿Cómo va, compa Manuel?

Siglos ha que no venía por aquí (ni por mis lares) y ya que me he acercado aprovecho para saludarte, felicitarte por este último post y añadir que debería existir un Ministerio de la Juventud o similar. No sé de qué se ocuparía pero la franja que va de los 14 a los 30 años (ma o meno) siempre está como muy dejada de lado, ¿no?

Y por cierto, menuda se traen los columnistas del antiguo régimen con las ministras. Más que odio o desprecio, lo que percibo es miedo. ¿¿¿¿Miedo a que les supere una mujer????? ¿¿¿O a que tenga un cargo superior??? Lo que deberían de tener es admiración.

Un abrazo, espero recuperar la asiduidad.

marcbranches dijo...

Al respecto de la ansiedad de la que hablas al inicio del post, me parece oportuno apuntar que Carme Chacón sabía que iba a ser ministra de Defensa desde hace casi un mes, muy poco después de las elecciones, y que condición sine qua non era mantener la boca cerrada-antimoscas, para evitar filtraciones. uséase, en su caso no era la ansiedad por conseguir el puesto, sino por no poder decirlo a nadie... Supongo que debe de ser un tormento eso de estar en una reunión con los amigotes y no poder decir: "¿Sabéis lo que me ha regalado ZP para mi cumple? ¡Un ejército para mí sola! ¡Con sus Capitanes Generales, su Estado Mayor y sus Yakolev! ¡Y un CNI de regalo! ¡Qué bien me lo voy a pasar mandando firmes a los capis!"

O algo asín.

Isabel Romana dijo...

Aunque, efectivamente, no he visto cumplido mi sueño de ser ministra, estoy muy contenta de que haya tantas mujeres. Creo que es una buena decisión de partida, luego habrá de verse el acierto con cada una de ellas y de ellos. Pero vaya por delante que la confianza que Zapatero pone en las mujeres me caldea el corazón. Besitos, querido amigo.

Superwoman dijo...

marcbranches, aquí murió el viejo tópico de que una mujer no sabe guardar un secreto, jejejeje

Elena dijo...

Isabel, tu decisión de partida me ha recordado a una decisión de partido. En cualquier caso, esperaremos los clásicos 100 días antes de opinar sobre la bondad de la elección.

Manuel Márquez dijo...

Compa Superwoman, lo de la exposición excesiva al público es un detalle en el que poca gente repara, pero que creo que es muy importante, y pesa mucho en el grado de "combustión" de un trabajo de ese tipo. Me alegro, pues, de que no te lo hayan "encasquetao"; disfrútalo...

Compa Joan, efectivamente, dichosos los "ciber-ojos", vaya alegría y sorpresa, sí que sí... en mi caso, lo del ministerio de la juventud no termino de verlo muy claro, aunque es una opción, tan válida como cualquier otra, al fin y al cabo se trata de ver qué se prioriza a través de un mayor rango. Y en cuanto a lo que apuntas sobre el "miedo a ellas", no te falta buena parte de fundamento: en último extremo, pienso que ese volumen de presencia femenina es una apuesta valiente y arriesgada, porque va algunos pueblos por delante de lo que es aún, a estas alturas, la mentalidad general al respecto. Y eso, que a ver si actualizas tu "cibercasa", que la tienes muy "abandoná"...

Compa Marc, efectivamente, eso que comentas es lo que ha trascendido en ciertos medios, y me supongo que debe ser cierto; lo cual implica que, por supuesto, y como bien señala Superwoman, lo de la capacidad femenina para guardar secretos ha quedado bien demostrada (salvo que entendamos que la ministra de Defensa no es más que la excepción a una regla). No es fácil eso de la confidencialidad, no; siempre hay una vena cotilla...

Compa Isabel, ya veo que estás bastante satisfecha con la determinación de Zapatero sobre la composición de su gobierno, de lo cual me congratulo, y bien señalas que los juicios de valor habrá que hacerlos en su momento, y no ahora. En cuanto al hecho de que no te haya nombrado, tranquila, que todo llega, tenlo por seguro: al fin y al cabo, lo tienes más fácil que tus mujeres de Roma, con il cavaliere....

Compa Elena, ingenioso juego de palabras, y sin carencia de fundamento: mucho habrá jugado el partido (como no podía ser de otra manera) en la composición del gobierno. En cuanto al mito (o tópico, o hábito, o lo que sea) de los 100 días, nunca he terminado de entenderlo muy bien, pero, en fin, ahí está, y no seré yo quien abogue por su "abolición"...

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, y un fuerte abrazo.

Cristicona dijo...

Me encantan los blogs que aunque se dediquen a una temática, saben abrir otros temas cuando tienen algo intersante que contar.

Mi opinión es que la política española cada vez se parece mas a la italiana, esto parece una revista del corazón con cotilleos.

La política es un asunto importante que cada vez se está banalizando mas, debemos tomarnos en serio estos asuntos.

Manuel Márquez dijo...

Gracias, Cristicona, por tus amables palabras de elogio hacia mi blog. En todo caso, creo que, afortunadamente, aquí, en España, aún no hemos llegado al extremo italiano, y ojalá no lo hagamos nunca, por la cuenta que nos trae.

Un abrazo.

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