jueves, 17 de abril de 2008

ÚNICO TESTIGO (WITNESS; 1985)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Samuel Lapp es un niño amish, callado y de ojos vivaces, que, en una visita a la ciudad acompañado de su madre, se convierte en testigo accidental de un brutal asesinato cometido en los servicios de la estación de autobuses. John Book, un duro y solitario policía de Filadelfia, descubre, gracias a la identificación que Samuel hace de uno de los implicados, que tras el crimen se oculta una mafia policial relacionada con el mundo de las drogs, y se ve obligado a viajar con madre y niño a su comunidad para protegerlo de la segura represalia de los policías corruptos. En un mundo que no sólo desconoce, sino que además tiene poco que ver con ése en el que se desenvuelve su vida cotidiana, Book tendrá que hacer un esfuerzo por hacerse respetar, primero, e integrarse, después, y en ese proceso jugará un papel fundamental su cada vez más fuerte atracción por Rachel, la joven y viuda madre de Samuel: un afecto correspondido pero de materialización imposible...

RESEÑA CRÍTICA.-

No sólo de obras maestras puede vivir el degustador habitual de productos cinematográficos: el caviar puede resultar delicioso, pero ¿quién le hace ascos a un buen filete, o a un sencillo y contundente par de huevos fritos? Hay ocasiones en que películas poco deslumbrantes, pero sólidamente construidas y con suficientes elementos de interés, pueden cumplir perfectamente el papel al que aspiran, que no es otro que el de proporcionarnos un agradable rato de entretenimiento.

Ése es el caso de Único testigo, obra de un artesano tan pulcro como eficiente, el australiano afincado en Hollywood Peter Weir, tan alérgico a excentricidades y salidas de tono como propenso a dotar a sus películas –sean del género que sean- de un cuajo y una consistencia a prueba del más conspicuo de los críticos.

Que Único testigo no sea una película brillante no significa, ni mucho menos, que no estemos ante una película con su muchos y muy diversos atractivos, ésos que le proporcionaron una sólida carrera comercial, en su día, en las pantallas cinematográficas, y ahora la revisten de una condición de film de éxito garantizado en cualquier pase televisivo (frecuente, por otro lado) en que haya ocasión de revisitarla. En definitiva, un éxito en todos los frentes, lo cual no es ni casual ni baladí.

La trama: tan convencional y plagada de elementos déja vu, como efectiva y sólida, sin fisura alguna. Una historia clásica de polis corruptos frente a los que luchará un poli tan brutote como honrado y buena gente, y que, además (como está mandado) se enamorará de la chica. El único problema radica en el entorno de la chica, que, además de servir de contrapunto ambiental y dramático (en el reflejo del tremendo contraste entre los mundos de ambos protagonistas vuelca el director buena parte de sus esfuerzos, con resultados evidentemente efectivos), nos ofrece ocasión de introducirnos en un mundo que nos puede resultar exótico por lo ignorado, y además no hace comprender, con total claridad –hasta que lo asumimos, aun con todo nuestro dolor- por qué, como dijera el torero aquel, lo que no puede ser, no puede ser, y, además, es imposible...

El ritmo narrativo: impecable. Con mano de hierro, Weir conduce la historia sin el más mínimo alarde exhibicionista y sin pretensión esteticista alguna. Ni sobran ni faltan planos, todo se mueve en las coordenadas del más estricto catón cinematográfico, y difícil se hace atisbar alguna falla o imprecisión por donde el hilo se pierda (o la fiesta decaiga, que peor sería aún...).

Y, cómo no, los protagonistas. Harrison Ford ya era un actor sobradamente conocido, y nadie podía poner en duda sus más que sobradas aptitudes para encarnar un tipo de galán, línea policiaca, de los de toda la vida. Pero, cual hubiera cantado la Madonna de la época, ¿quién era esa chica? Kelly McGillis suponía todo un hallazgo; apoyada en un vestuario y una iluminación a tono, que parecían transfigurarla en una dama flamenca del Cinquecento, fresca y rozagante, daba, con mirada y sonrisa luminosas, unidas a una carnalidad rotunda, una réplica de altísimo voltaje a su compañero de reparto: hay algunas secuencias (el baile en el granero, el baño de ella) que, en la línea formal que ya consagrara la versión de Rafelson de El cartero... (con ese par de monstruos que eran Nicholson y Lange), podrían pasar a cualquier antología del cine erótico por su sabia mezcla de intensidad y contención, un cóctel verdaderamente explosivo. A esa combinación le hemos de unir la mirada de Lukas Haas, totalmente magnetizante, y el magnífico nivel medio de los secundarios de ambos “bandos” (tanto los “buenos” como los “malos”), con lo cual ya tenemos puesto en pie otro de los pilares sobre los que se asienta el magnífico resultado de la película.

Eficacia y buen hacer al servicio de un producto entretenido y paradigma de cómo no siempre es preferible el arte a la artesanía (ni en el primero ni en el séptimo): aquí no hay un tratado de cine, pero no es ésa la pretensión y la película, consecuentemente, constituye un acierto pleno, en la medida en que da lo que promete, sin la más mínima cicatería. Chapeau para mister Weir.

18 comentarios:

alicia dijo...

Tienes razón, Manuel, tal vez no sea una gran película, pero es muy sólida. Mi escena favorita es la del garage, el baile de What a wonderful world this would be. Por cierto, ¡qué guapos eran los amish!

Ana Pérez Cañamares dijo...

Sencillamente adorable...
Y con secundarios muy curiosos entre los amish, incluido Vigo Mortensen...
Abrazote, Manuel

Superwoman dijo...

A Alicia le pasa lo mismo que a mi, que segun piensa en esta pelicula, lo que le viene a la mente es eso de "Don't know much about historyyyyy, don't know much biologyyyy"... Je, ya me tienes toda la mañana cantando Manuel, mis compañeros te odian, seguro.

Miriam G. dijo...

A mí lo que más me gusta de la peli sin duda es H.F.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Cuánta razón tienes tú, compa Alicia: los amish lucían de un esplendoroso magnífico, en un rasgo que, francamente, no tengo muy claro que sea así en la realidad (pero bueno, ya se sabe, esto es cine... es sólo cine, pero me gusta, que dirían sus satánicas...). Y lo de la escena del garaje, en fin, qué quieres que te diga, una pequeña maravilla: sencilla e inolvidable.

Compa Ana, pues fíjate tú que no recordaba yo ya (ten en cuenta que la reseña es de hace algún tiempo -confesión aquí, a escondidas...-) la presencia del amigo Viggo. Donde no haya estado este hombre...

Compa Superwoman, espero que tus compañeros lo hayan sobrellevado bien. No sé qué tal afinas, si estás para la academia de OT, o no, pero, desde luego, el "material de trabajo" es de primerísima calidad, una delicia de canción.

Compa Miriam, nada que objetar a tu observación: H.F. (dicho así, suena a marca de champú...) lucía en esta peli en la cúspide de su gloria, desde luego que sí. Maduro, pero no viejo; sin pendiente... En fin, qué tiempos...

Ya sabeis que no me gusta (y, consecuentemente, no uso) el desdoble de género, y que, por tanto, siempre uso el masculino para designar una colectividad donde hay miembros de los dos. Pero hoy me lo habeis puesto fácil, sin tener que contradecirme: muchísimas gracias a TODAS por vuestros comentarios, un fuerte abrazo y feliz fin de semana.

Ana Pérez Cañamares dijo...

Gracias a ti por removernos los recuerdos, que veo son compartidos. Voy añadir a la escena del granero -¿hay alguien que pueda no enamorarse de cualquiera de los dos en esa escena?- la de la construcción del granero: la música, la luz, los campos de trigo al fondo, la camaradería, H. F. demostrando que sabe clavar clavos y haciéndonos soñar con que nos arreglaba la banqueta de la cocina...

Josep dijo...

No puedo menos que coincidir contigo en tus apreciaciones de esa película, que siempre se ve con agrado.

Para mí tiene un recuerdo especial; a pesar de mi afán de coleccionar Lp's, he de reconocer que fue en esa película cuando descubrí a Sam Cooke, lo que me proporcionó (y proporciona, todavía) momentos de placer.

Un abrazo.

Hatt dijo...

Destacable película, si señor. Y con un guión modélico, a pesar de los "dejavus" (si se me permite la barbaridad, más que barbarismo...).

Un saludo Manuel.

Corpi dijo...

A mí me gustó mucho esta película cuando la vi. Además ahí conocí la existencia de los quáqueros, o como se escriba. Por cierto, conforme va el mundo, igual me hago de esos, o ermitaño, ya veremos.

marcbranches dijo...

Yo creo que es una gran película, quizás algo sepultada por la pátina de convencionalismo del libro en el que está basada. Libro que, he de confesar, me leí en su momento unas tres veces, enganchado por el presonaje principal, John Book, lenguaraz, malhablado y cínico al estilo pulp, al que Harrison Ford no hace justicia en una composición algo más condescendiente con el espectador. Los choques culturales del libro, entre John y Rachel, son constantes, con lo cual su relación cala más. Lógicamente, claro. He dicho varias veces en la Linterna que Weir es uno de mis directores favoritos por varias razones, la principal la capacidad de crear atmósferas extrañas y muy características. hay una especie de seco vacío, un aire etéreo, en todos sus filmes, difícil de explicar si no se han visto, pero que define su marca de estilo. Esta película, con ínfulas de blockbuster, no es una ecepción, a pesar de sus limitaciones de arranque. Saludos.

discom dijo...

a mi tambien lo que me gusta de la peli es H.F. ;)

Javi Vídeos dijo...

Esta película no me gustó cuando la vi, pero con el tiempo le cogí el gusto y resulta muy entretenida.

Un saludo.

Antonio Luna dijo...

Excelente, tuve oportunidad de verla hace unos días y me encanta.

Elena dijo...

Guardo buen recuerdo de esta película, y también del viaje familiar que hicimos por el territorio Amish (Pensilvania) en los años 90. La verdad es que fue impactante ver a la comunidad Amish en directo y creo que más que un viaje geográfico se trató de un viaje a través del túnel del tiempo.

Manuel Márquez dijo...

Vaya fin de semana tan prolífico en comentarios, así da gusto empezar la semana, vaya que sí...

Compa Ana, esa secuencia de la construcción del granero es, cómo no, clave en la peli, no sólo por lo grata que resulta, sino porque es su auténtico punto de inflexión; viene a ser la "ceremonia de admisión" -más o menos- del poli en la comunindad. En cuanto a los sueños H.F., en fin, yo prefiero quedarme con los sueños K.Mc.G., aunque, desde luego, los entiendo: están más que justificados.

Compa Josep, si sirvió, aunque sólo fuera para eso, para que descubrieras el tema de Sam Cooke, ya te valió la pena. Por cierto, y curiosamente, hablando de vinilos, ese tema no lo tengo en ningún soporte digital, sino en un viejo disco de una B.S.O., pero no de esta peli, sino de una de esas americanadas chorras de estudiantes de finales de los setenta, en la línea Porkys y así (no recuerdo ni el título), que no he visto, pero cuya banda sonora te puedo asegurar que es un auténtico tesoro, entre cuyas joyas está ésta...

Compa Hatt, totalmente de acuerdo en lo de su guión. No es un prodigio de originalidad, pero sí que es una pieza perfectamente abrochada. Parece sencillo, pero no lo debe ser tanto cuando tan poco frecuente es encontrarse con ellos...

Compa Corpi, no sé por qué (o sí lo sé...), ya me barruntaba yo que a tí una peli como ésta te tenía que poner en "vía de salida". No te hagas cuáquero, por favor, que, si te vas a un sitio de estos tan perdido, nos vas a dejar sin tu blog, y tampoco es plan. Además, te quedarías sin enterarte de si, finalmente, Espe se presenta o no. Ains, qué nervios...

Compa Marc, bienvenido seas: alguien tenía que profundizar un poquito en las vertientes más técnicas del asunto, y tú lo has hecho, con brillantez y enjundia. Ya ves, ni siquiera me constaba que la peli estuviera basada en algún libro en concreto -me supongo que no llegó a ser ningún gran best-seller...-, aunque no me extraña que de ser así, y de mostrar el libro connotaciones de mayor dureza, la peli las suavizara. A mí Weir también me gusta mucho, pero no lo veo yo haciendo pelis en plan Tarantino o Hanecke...

Discom, Javivideos y Antonio Luna, bienvenidos los tres a esta ciberasa, a la que estais invitados a volver cuántas veces querais. Me alegro de que, por unos u otros motivos, la peli os guste, y lo dicho, por aquí os espero en lo sucesivo.

Compa Elena, vaya privilegio: cuando le hablaba a Alicia de mis dudas sobre la exacta "componenda" de los amish, no podía imaginar ni por asomo que alguna de las personas que frecuenta esta blog pudiera conocerlos, pero, claro, no había caído en tí... Viaje en el túnel del tiempo, no me extraña: por lo que se ve, así pinta, así pinta....

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, ya voy pasando por vuestras cibercasas, y una muy feliz semana.

Un abrazo.

J.P. Bango dijo...

Algún día se hará justicia a Peter Weir. Y no solo definiéndolo como competetente artesano...

Un saludo cinéfilo, camarada.

Manuel Márquez dijo...

Compa Juan P., cuánto tiempo, y qué alegría verte por estos pagos, de veras... Tienes razón en ese apunte de lo peyorativo que suele resultar ese término de "artesano" referido a un cineasta; posiblemente, el problema esté en ese sesgo, y no en la naturaleza y el sentido del término, y en la condición de tal, tan honrosa (y complicada de desempeñar en buenas condiciones) como cualquier otra.

Un fuerte abrazo y ya paso por tu cibercasa.

Ideas para regalos dijo...

Una de esas peliculas que se convierten en un clásico. Posiblemente no destaque en guión, idea, fotografía, etc. pero su activo principal es que no falla en ninguno de esos aspectos.

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