martes, 25 de marzo de 2008

Mi Buenos Aires querido IV: una especie de síndrome de Diógenes


Mi mujer suele decirme, no sin una dosis considerable de razón, que esa tendencia compulsiva que, aun atemperada con el paso de los años (los niveles de hoy poco tienen que ver con los que llegué a alcanzar antaño) y limitada a una clase de objetos muy concreta (eso que podríamos calificar como, por llamarlos de alguna manera, “objetos culturales”: papeles, revistas, libros, discos, películas...), experimento por guardar y guardar, empieza a acercarme peligrosamente a ese que es conocido como síndrome de Diógenes.

Acogiéndome al derecho que todo reo tiene a su defensa, sobre el que algún apunte he esbozado ya en el párrafo precedente, he de alegar que, a día de hoy, digitalizo prácticamene todo lo que es digitalizable: el ahorro de espacio, ciertamente, es muy significativo, y supone un avance importante. También se escapa a mi alcance el determinar qué otros objetos podrían llenar el espacio que, hipotéticamente, los trastos que acumulo, dejarían libre en el supuesto de que decidiera desprenderme de ellos –y supongo que este es otro argumento que juega a mi favor-. Pero, aún así, la tendencia es la que es, y el hecho de que esos objetos que guardo tengan para mí un valor importante, en términos del interés que me despiertan –que hace que, por supuesto, no los pueda calificar en modo alguno de basura-, no impide que, honestamente, haya de reconocer que sí que ocupan un espacio considerable.

En todo caso, y en previsión de futuros cambios en la materia, me dedico a experimentar con otras opciones; por ejemplo, si decido no guardar una agenda antigua, al menos le hago una fotografía y la guardo –o, incluso, como en este caso, la publico en mi blog-. Claro que me temo que tampoco es descartable –ojo, aviso para socio-tecnó-logos de barra de bar, ese gremio en el que tantos gustamos de militar...- que, por esta vía, llegue a desarrollar una especie de síndrome de Diógenes digital. O sea, el síndrome de Digitalógenes –o la acumulación de soportes digitales de todo tipo, capacidad y pelaje, llenos de no se sabe muy bien qué...-. O algo así. Amigos lectores, ya les contaré....

7 comentarios:

Apesardemi dijo...

;)) Me ha gustado eso del síndrome de Diógenes digital. Te entiendo perfectamente, yo guardo cosas que han atraído mi cariño o curiosidad. Son recuerdos, trocitos de nuestras vivencias, cosas necesarias.

Un abrazo compa Manuel.

Miriam G. dijo...

En mi casa somos tres y lo guardamos todo, parece un trastero, fue una de mis new year resolutions, tirar, tirar, tirar... No lo he conseguido.

Un beso, Miriam G.

Nico Carletti dijo...

jaja!! El "Digitalógenes". Pues sí, sería algo así como el romantisísmo del siglo XXI, o el formato moderno de la nostalgia por las cosas. Lindo post. Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Compa Apesar, qué alegriá el verte de nuevo por estos pagos (ya, ya, bien me podrás decir que yo, en contrapartida, llevo la tira sin dejarme caer por tu casa: no tengo vergüenza...). Me gusta que compartamos esa consideración de la necesariedad de esos elementos, no creas que no me reconforta un montón....

Compa Miriam, ésas, las de las buenas intenciones de comienzos de año, son un agujero negro en el que termina cayendo todo (sin cumplir, claro...). Espero que, al menos, la del tabaquillo -y aunque no haya sido de new year...-, sí que esté funcionando. Ah, y gracias por la información sobre Lapido: estará crudo que vaya a verlo, pero tampoco lo descarto por completo...

Compa Nico, bienvenido a esta cibercasa, de la que me haría ilusión, cómo no, que te hicieras asiduo: invitado quedas a ello. Gracias por tus cariñosas palabras, y muy buenos tus apuntes sobre el fenómeno. Por cierto, he pasado por tu cibercasa y me ha gustado; ya daré una vueltecita con más detenimiento.

Un fuerte abrazo, y muchas gracias a los tres por vuestros comentarios.

Isabel Romana dijo...

¡Ay manuel, que me has dado una idea terrible! Yo tampoco tiro nada, y mucho me temo que siga sin tirar y, además, me diogenice digitalmente... Si esa desgracia llega a consumarse, callaré para siempre el nombre de quien me dio la idea. Besitos.

Josep dijo...

Lo cierto es que esa ajada agenda ya merecía un retiro digno.

Por lo demás, cuidadín con lo digital, que acabo de sufrir una pérdida de un disco duro y me está matando...

No sé si seré Diógenes o no, pero yo guardo casi todo, por suerte o por desgracia, y mataría antes que desprenderme de mis libros, revistas, vinilos, cd's, y películas que almaceno compulsivamente: quizá cuando yo muera, se pueda hacer un museíllo con todo ello... :-)

Espero jubilarme y poder disfrutar de mis colecciones antes de palmarla.. :-)

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Compa Isabel, una alegría verte por aquí una vez más. En fin, ya puestos en plan egoísta, si llegara ese momento, no calles, no calles, que todos tenemos derecho a nuestros quince segundos de fama (¿o eran quince minutos? ¿o quince horas...? Ains...). En fin, me temo que, en un formato u otro, todos los que pululamos por estos pagos solemos ser bastante "guardones"...

Compa Josep, también una alegría verte a tí entrando al trapo en esta materia. Desde luego, tienes razón: la agenda estaba ya hecha papilla, y, como bien puedes imaginar, la mantenía más por cariño (al fin y al cabo, no creo que exagere si te digo que habré "desechado" un mínimo de diez ó doce agendas flamantitas, sin estrenar, durante la vida útil de ésta...) que por lo bien que funcionaba. En cuanto a lo otro, estoy igual que tú: esperando una jubilación, a ser posible anticipada (cuánto más anticipada, mejor...) y larga (cuánto más larga, mejor...). Si encima me dan algún euro, ya ni te cuento...

Un abrazo muy fuerte a los dos.

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