miércoles, 5 de marzo de 2008

Los buenos buenosos II: John J. Macreedy (Conspiración de silencio; U.S.A., 1954)


Llegar a un sitio tan desolador como Black Rock (un villorrio de una sola calle perdido en mitad de la nada) y encontrarse con un recibimiento tan hostil –cercano al encono- por parte de sus habitantes, no debe ser una experiencia muy agradable. Pero para un hombre de la templanza de Macreedy, la cuestión no deja de ser un contratiempo más, abordable con una mezcla de sabia resignación y contemplación perspicaz. ¿A qué puede temer un hombre maduro que, como él, ha vivido la experiencia de la gran guerra y ha aprendido a manejarse con soltura disponiendo de un solo brazo? Un hombre que tiene una determinación, una misión muy concreta que cumplir (aunque tardaremos en saber su naturaleza y objeto con el suficiente detalle), y que sólo cuando, a partir de la observación de las circunstancias que lo rodean, llega a la constatación de que esa misión ya es de imposible cumplimiento, decide cambiar de objetivo. Ha llegado la hora de hacer justicia; pero no la justicia del vengador solitario, que se la toma por su mano en un entorno bronco y salvaje, sino una justicia con fundamento en la ley y el orden.

Macreedy soporta estoicamente, con un temple rayano en lo temerario, las continuas provocaciones de la caterva de criminales que lo rodea en Black Rock. Pero también sabe hacer una demostración de fuerza, medida y proporcionada, cuando el momento lo requiere; sabe poner las cartas sobre la mesa, y exponer sus argumentos de manera rotunda y clara, cuando ya no merece la pena mantener la ficción de una falsa calma; y, sobre todo, sabe defenderse perfectamente del ataque de las alimañas cuando éstas deciden hacerlo desaparecer para conjurar el peligro de que la justicia termine por darles alcance. O sea, que Macreedy es un hombre que no confunde bondad con debilidad; o falta de agresividad con falta de carácter. Y, gracias a ello, terminará saliendo indemene de una situación muy complicada. Que, al fin y al cabo, es lo que ha de terminar pasándole al bueno, incluso en una película que, como Conspiración de silencio, alberga un intenso flujo subterráneo de sordidez oculta y violencia soterrada. ¿No creen...?

3 comentarios:

alicia dijo...

Estupenda película con insuperable reparto. Spencer Tracy estaba perfecto en el papel, que le iba como un guante, de hombre seguro de si mismo pero que no hace alardes de bravuconería, porque no lo necesita, su sola presencia desprende tanta autoridad que puede con todo, aunque le toque pasar un mal día en Black Rock

Josep dijo...

Pues mira, casi que preferiría que esa película la metieras en la sección "malos malosos", porque entre Robert Ryan y Ernst Borgnine componen unos tipejos que son de antología...

Un abrazo

Manuel Márquez dijo...

Compa Alicia, veo que compartimos gusto por esta peli, prodigio de concisión, tensión y alguna que otra "-ión" más, seguro. Tracy, efectivamente, alcanzada ya su madurez, estaba majestuoso. Todo un descubrimiento (en mi caso, muy, muy reciente).

Y tienes muchísima razón, compa Josep: como malos malosos, esos dos que citas son realmente tremendos, aunque tampoco les va a la zaga el bichejo del Lee Marvin.

Muchísimas gracias a los dos por vuestros comentarios (de cinéfilos de pro, de buenos degustadores de delicatessen clásicas), y un fuerte abrazo.

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