jueves, 13 de marzo de 2008

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA (ESPAÑA, 1973)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Un pueblo de la meseta castellana, finales de los años cuarenta. Tras la guerra, la vida se desenvuelve, morosa y sujeta a sus rutinas cotidianas, en un entorno duro e inhóspito, en el que sólo el cine aporta algún elemento ilusionante. Al menos, para el común de los lugareños, dado que Don Fernando, absorto en el peculiar mundo de las abejas –tanto en el plano práctico como en el teórico-, parece ajeno a cualquier elemento de los que le rodean: desde su mujer, que poco a poco va perdiendo las esperanzas de reavivar un viejo amor perdido, hasta sus dos hijas, dos pequeñas inmersas también en un mundo muy propio que, inesperadamente, se verá poblado por pesadillas nacidas del celuloide.


RESEÑA CRÍTICA.-

Conseguir con una primera película –y más si, como ésta, es bastante críptica y muy poco convencional- el reconocimiento unánime de los entendidos en la materia el ingreso irrestricto en el panteón de los maestros, no es logro sencillo. Érice lo consigue con El espíritu de la colmena, un debut que, hasta la fecha, no ha tenido más continuidad que la de dos títulos posteriores, tan aclamados como éste, y que han ahondado en la misma línea formal y estilística, alcanzando también un nivel muy parejo en cuanto a su calidad.

El espíritu de la colmena no es una película de visión fácil para los que, afortunada o desgraciadamente, tenemos una educación cinematográfica labrada o amasada mayoritariamente en terrenos más trillados. Sorprende su morosidad, que le permite recrearse todo el tiempo del mundo en el plano deseado, en esa tonalidad luminosa capturada, en esa mirada fija; sorprende lo tenue de su trama, entendida ésta como hilo argumental de desarrollo ordinario (planteamiento, nudo y desenlace), dado que el que despliega es tan liviano que no es extraño verlo disiparse entre excursos y subterfugios; y sorprende su tratamiento de la luz, casi un personaje más, tal es su importancia y el mimo con que es tratada en todos y cada uno de los planos.

Es un cine de una fuerza visual impresionante, y con un grado de impregnación poética que llega a resultar abrumador, pero no deja de desprender, en ciertos momentos, la sensación de que bajo alardes formales de tan tremendo calibre, no corren con idéntica fuerza ni intensidad dramática ni capacidad para enganchar al espectador en lo que se cuenta. Y el cine también es esto, naturalmente que sí.

En cualquier caso, películas como El espíritu de la colmena son, si no necesarias -cosas de uno, que no cree en la necesidad de ninguna pieza artística-, sí, al menos, bastante convenientes. Para el que las hace, porque dar rienda suelta a una determinada concepción de la creación fílmica, alejada de las convenciones formales y de contenido (y, sobre todo, de las exigencias de mercado), es un derecho personal inalienable de todo creador artístico. Y para los que las vemos, porque constituyen un maravilloso ejercicio de desintoxicación visual, una especie de bálsamo tras cuya aplicación uno está preparado para una nueva andanada de productos más usuales sin riesgo de empacho; además de, todo hay que decirlo, una magnífica ocasión de dejarse magnetizar por unos ojos que ríase usted de los de Bette Davis, y que no pertenecen a ninguna vampiresa ni Mata-Hari autóctona, sino a una niña, Ana Torrent que, tanto en esas charlas en susurros con su hermana (una también excelente Isabel Tellería) como en sus ensoñaciones frankensteinianas, ofrece todo un recital que desmiente cualquier tópico al uso sobre niños y cine que tan habituados estamos a escuchar y demuestra la enorme intuición de Érice para captar y extraer el talento infantil, algo que años después volvería a acreditar con las dos excelentes niñas –Sonsoles Aranguren e Iciar Bollaín- de El sur.

Casi cuarenta años después de su realización, lo que sí resulta evidente es que El espíritu de la colmena, con todas sus virtudes (tan ampliamente glosadas y loadas) y todos sus defectos (que también los tiene, como obra humana que es), no ha envejecido lo más mínimo y es, posiblemente, ahí donde demuestra a las claras, por encima de cualquier otra consideración, y más allá de querencias personales, su enorme calidad.

9 comentarios:

Andrés dijo...

Hola querido Compa Manuel,

El Espíritu... es (y no tengo empacho en decirlo) mi película española preferida de TODOS los tiempos. Todo lo bueno que se pueda decir al respecto es, creo, poco. Abrazos Am

PS/ ¿recibiste mi respuesta mail? ¿?

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, compa Andrés, por tu visita y comentario. Y me alegro un montón de que la peli a la que hoy le ha tocado glosa se cuente entre tus predilectas: realmente, lo merece (aunque yo, particularmente, entre nosotros, y sin que nadie se entere, me quedo con El sur...).

Un fuerte abrazo.

P.S. sí, sí, recibí tu mail, al que espero responder prontito (ay, el tiempo...).

Miriam G. dijo...

Vale, vale la veo estas vaciones. Lo prometo.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

No te la pierdas, compa Miriam, que no te arrepentirás. No digo yo que no cueste un poquillo entrarle al principio, pero, una vez dentro, fiuuuuu.... (por cierto, ¿te cambiaste el avatar...?).

Gracias por comentar, un abrazo y buen fin de semana.

Miriam G. dijo...

La veo y te cuento. Sí, me he puesto la chica inclinada, el personaje de un comic. Desde que no fumo me siento como ella, se ha desplazado mi centro de gravedad y ando inclinada.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Pues no conocía al personaje en cuestión, compa Miriam; lo que sí conozco es el invento de dejar de fumar, y te puedo asegurar que, más allá de los eventuales "daños colaterales", es uno de los mejores inventos de la historia de la humanidad...

Un abrazo.

marcbranches dijo...

"El espíritu de la colmena" es una de las mejores películas de la historia del cine español, sin lugar a dudas. Hipnótica, sensible, simbólica. Una conjunción perfecta entre la mirada de Ana Torrent y la de Victor Erice. La escena del gato, de un simbolismo abrumador, es extraordinaria. Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Compruebo, compa Marc, que ésta es una auténtica peli de culto para una buena legión de seguidores, cosa de la que me congratulo enormemente, porque me parece una excelente película.

Muchísimas gracias por pasarte por aquí y comentar. Un abrazo.

Josep dijo...

Victor Erice es sin duda uno de los mejores directores españoles de todas las épocas, y su único defecto es su enorme pereza o avaricia en regalarnos su arte.

Si tuviera que elegir entre El Espíritu o El Sur, casi que preferiría encerrar al proponente del dilema en una cueva oscura... sin cine.

Un abrazo.

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