martes, 19 de febrero de 2008

Pasión furgolera 0: una explicación


Me consta que la frase no es de ellos, pero da igual: ya decían los 091, aunque fuera en calidad de préstamo, que son insondables los caminos del señor. Y tan insondables... Aunque nunca tuve una determinación expresa de no hacerlo, siempre había pensado (y no sé muy bien por qué) que en este blog nunca escribiría acerca de uno de esos universos (uno de entre tantos: ay, la dispersión...) que tanto me apasionan, como es el del fútbol (en adelante, para los restos, y para entendernos, furgol). Pero miren ustedes por dónde, amigos lectores, una reseña en uno de los blogs que sigo regularmente (El alma disponible, de Ana Pérez Cañamares; no dejen de visitarlo, y comprobarán que no siempre estajanovismo y buen gusto tienen por qué andar a la gresca...), dedicada a la reciente publicación de una obra dedicada a ese mundillo, ha terminado de darme el empujón.

Y es que, pensándolo fríamente, y si soy capaz de soslayar la incógnita (no por relevante, digna de ser tenida en cuenta) de si tiene algún sentido que escriba algo acerca de cualquier cosa, no tiene ningún sentido que no lo haga acerca de uno de esos temas que puedo decir, con todo fundamento, que me apasiona. Ojo, no que me gusta (sin ir más lejos, y sin abandonar el terreno de mis querencias deportivas, me gusta mucho más el baloncesto, por ejemplo), sino que me apasiona. Nada extraordinario, por otro lado, si reparo en que esa misma pasión es la que, con las modulaciones particulares que la idiosincrasia de cada cual pueda imprimirle, comparto con unos cuantos millones de mis congéneres con los cuales, por otro lado, y en la mayoría de los casos, apenas si compartiré alguna otra afinidad. Curioso, ¿no...?

Naturalmente, no voy a escribir en esta sección acerca de cuestiones de índole técnica sobre las cuales no estoy cualificado ni versado. Tampoco aspiro a emular (ya quisiera, ya...) a ilustres escritores (y muy especialmente, al llorado y admirado Manuel Vázquez Montalbán) que tanto y tan bueno han escrito, y escriben, acerca del planeta furgol: autores bajo cuya advocación me cobijo y a cuya comprensión apelo. Lo que intentaré transmitirles desde aquí serán impresiones, vivencias, sensaciones: pasadas, presentes, y, con un poquito de imaginación (y suerte...), futuras. Y aunque hay quien dice que el ingrediente pasional es determinante para lograr un crecimiento cualitativo en materia de escritura, no creo que vaya a ser éste el caso: supongo que mis “letras furgoleras” seguirán adoleciendo de la misma torpeza que habitualmente caracteriza a las que no lo son –no tan exagerada como para llevarme, por pudor, a cerrar este chiringuito, pero, en fin, ya saben ustedes....-.

¿A ustedes, amigos lectores, no les gusta el furgol...? Bienvenidos, pues. Pasen y disfruten....

11 comentarios:

Josep dijo...

Amigo Manuel, no conozco a nadie a quien le guste menos el furgol, el fútbol, el balompié, o como quieran llamarlo, que a mí mismo: sólo leo las noticias de fúrgol para dar caña, sin compasión, a unos y otros aficionados a distintos equipos....

O sea, que me temo que inauguro y cierro mies esporádicas apariciones en esta nueva sección de tu -por otro lado- magnífico blog...

Un abrazo.

Superwoman dijo...

A mí no me gusta el fútbol, pero como soy una torpe sentimental, soy del Atletico de esas familias "donde lloraba el abuelo con mi mamá de la mano"... No se puede expresar ;)

Ivan dijo...
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Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, se agradece la sinceridad, mejor así, y zanjando el tema, que visitas "de cumplido". Eso sí, espero que la sección no arruine mucho el blog (quería decir, no lo arruine MÁS de lo ruinoso que, ya de por sí, es...).

Compa Superwoman, a los aficionados del Atleti el furgol ni nos gusta ni nos disgusta: es... otra cosa. Hay que "vivillo"...

Un abrazo.

Corpi dijo...

Pues yo cada vez estoy más asqueado del fúrgol, esto en vez de deporte se parece más a la bolsa. Por cierto soy del Valencia. Menudo espectáculo están dando. Y todo por dinero. Hay que joderse.

Manuel Márquez dijo...

Pues no sé por qué, compa Corpi, pero ya me daba a mí que no serías tú muy furgolero, no... Y sí, lo del Valencia es un espectáculo lamentable: vaya tropa, vaya tropa...

Un abrazo.

Miriam G. dijo...

Yo era futbolera, futbolera, de las de quedarse escuchando el larguero por la noche, mi hermana también. Resulta que mi hermano Santiago es el enano, yo le saco 8 años. Mi padre durante mucho tiempo sólo tuvo hijas,a las que sentaba a ver los deportes y la verdad nos hicimos muy muy aficionadas... je, je, je. Ahora ya no, no tengo tiempo, y el futbol requiere tiempo. Pero leeré encantada esta sección, y quien sabe quizá me reengache.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Compa Miriam, ya te estaba echando de menos por esta reseña... y no me pongas la excusa del tiempo, que todos andamos como andamos. Bien es cierto que el furgol requiere su tiempo (no hay cortos de furgol); yo mismo veo cada vez menos, porque tengo poca ocasión de ponerme (vaya, que me pongo antes a otras cosas, que tú bien sabes...). Pero incluso viendo los partidos en diferido y a trocitos, merece la pena.

Un abrazo.

Tha dijo...

Pues no me gusta mucho pero bueno... si nos lo cuentas bien, da lo mismo :)

Ana Pérez Cañamares dijo...

Aunque llego tarde al tema -como tarde llegué al furgol, qué gracia me hace esta palabreja, por cierto- ya sabes que tienes todo mi apoyo. Las pasiones siempre tienen un ingrediente irracional, pero no por ello deja de disfrutarse la disección. Estoy segura de que aprenderé mucho con tus textos sobre este tema. Y me reiré, y hasta puede que llore un poquito...

Manuel Márquez dijo...

Compa Tha, te agradezco el "amplio margen de confianza", que diría un político en campaña. Así da gusto hablar (hasta de política, llegado el caso...).

Y muchas gracias también a tí, compa Ana, por las palabras de aliento, siempre tan gratas (y, por qué no, necesarias). Espero estar a la altura, y, eso sí, también espero propiciar más la sonrisa que la lágrima: me gustaría que esto tuviera una clara vocación lúdico-festiva. Pero, claro, ¿quién puede descartar una furtiva lágrima...?

Gracias a las dos y un abrazo muy fuerte.

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