jueves, 28 de febrero de 2008

LA ROSA PÚRPURA DE EL CAIRO (THE PURPLE ROSE OF CAIRO; U.S.A., 1985)


Una tan sencilla como inmensa declaración de amor, disfrazada de historieta tierna en celuloide a 24 fotogramas por segundo. Eso, nada más que eso, ni más ni menos que eso, es La rosa púrpura de El Cairo, una comedia amable y tan menor como gusta a Woody Allen hacer sus películas menores: es decir, todas sus películas...

Woody ama a su chica, y le regala un papel de personaje cándido, entrañable, sin aristas ni acritudes. Y, no resultándole suficiente, le regala, plano tras plano, un book de auténtico lujo, de esos que cualquier actriz, desde la novata principiante a la estrellona consagrada, soñaría con tener a su disposición. Mia Farrow, en justo agradecimiento, le devuelve a su chico una composición impecable –todo un puritito algodón dulce...- y ajustada, como guante de goma a mano, al perfil de su personaje.


Woody ama a la música, y muy particularmente el jazz de los años 20 y 30: eso no es nuevo, y así lo ha puesto de manifiesto en casi todas sus películas, tanto anteriores como posteriores, con más incidencia, si cabe, en aquellas ambientadas en tal época. De forma que, en ese sentido, ésta no constituye ninguna excepción, y es algo que se agradece enormemente, en la medida en que nos ofrece un marco sonoro fantástico para acunar rítmicamente el desarrollo de la historia.


Y, muy por encima de todo, Woody ama el cine. Tanto, tanto, que, cansado de trufar sus películas de guiños cinéfilos y homenajes confesos o inconfesos, aquí coge el toro por los cuernos y se decide a convertir al cine en el protagonista de una peli. Lo del cine dentro del cine no es ningún invento alleniano, pero sí tiene un punto de osadía el hacerlo desde presupuestos tan rayanos en el discurso del humor absurdo (el esperpento de la película "paralizada", con el lógico desconcierto de sus personajes, es de unas resonancias marxianas inequívocas, aunque tampoco cabe desdeñar cómo se asemeja tal situación a la que genialmente retratara Buñuel en El ángel exterminador, salvando, naturalmente, las distancias que van del tono angustiado y metafísico de aquella película al evidentemente más jocoso de la de Allen), y el descaro con el que el director aborda el juego de echar a competir realidad con ficción, en la disputa de una partida completamente amañada –y todos, claro, lo sabemos- y en la que está muy claro que sólo puede haber un ganador, y quién va a ser el mismo. ¿Cómo puede esa realidad en la que Tom Baxter se ve permanentemente ridiculizado y torpe, además de incapacitado para desarrollar en toda su intensidad su romance con Cecilia, enfrentarse en igualdad de condiciones a ese mundo de imaginación y fantasía –aunque sean en blanco y negro-, en el que Cecilia, al igual que diariamente desde el fondo de su butaca, es completamente feliz? No hay color, e incluso en ese momento final en que parece que terminará imponiéndose, desde el peso de lo ineludible, la ominosa realidad, habrá una vía de escape hacia la gloria (Heaven, I’m in heaven...).


Aunque sea por una mera cuestión de reciprocidad (y de que de bien nacidos es ser agradecidos, o al menos así reza el refrán), también somos muchos –creo que los suficientes- los que amamos a Woody, ese hombre que, más allá de líneas estilísticas y de género, ha sido capaz de crear el suyo propio -curiosamente, desarollado en sus películas por muchos cineastas sin que, desde luego, ninguno haya alcanzado el nivel de su creador-. Los films de Allen no son ni dramas ni comedias, son películas de Woody Allen, y de ellas constituye una excelsa muestra esta pequeña joyita (pequeña, no por su duración –que, también es cierto, no alcanza la hora y media-, sino por su vocación y su sencillez).
P.S. He introducido, muy a mi pesar -nunca me ha gustado el "invento"...-, la introducción de palabra-clave para poder publicar comentarios. Me consta que es un engorro (no son los trabajos de Hércules, pero, en fin, ya se sabe, cada día estamos más "delicaditos"...), pero no se me ocurre mecanismo más útil para eliminar ciertos comentarios spam de los que, hasta la fecha, me había visto libre, y que, últimamente, empiezan a proliferar más de lo deseado. Lo siento, de veras.

9 comentarios:

Elena dijo...

Manuel, Woody ama a su chica, ama a la música, ama el cine y también ama, y mucho, Nueva York ;)

También estoy de acuerdo contigo en que sus obras son sencillamente "películas de Woody Allen" sin que necesiten ninguna otra clasificación.

A mí también me encantó esta peli.

alicia dijo...

Una de mis favoritas de Woody Allen Manuel, y preciosa declaración de amor al cine y a Mia Farrow. Maravillosa le escena final con Mia que acaba sonriendo viendo una película. Estupendo Jeff Daniels

Apesardemi dijo...

Me gustó mucho. Y es cierto, es una película de Woody Allen, con eso ya se ha dicho mucho.

Excelente reseña ;)

Abrazos, compa Manuel.

Miriam G. dijo...

Me gusta Woody Allen ¿Cómo no me iba a gustar? Y esta fue la primera película qeu vi, y la vi en el salón de actos de mi instituto.

¿Has leído cuentos sin plumas? Te lo recomiendo.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Me alegro, compa Elena, de que compartamos gusto por esta pieza tan entrañable. Y en cuanto a la ciudad, como no tengo el gusto (aún) de conocerla, pues nada, paciencia y a esperar. Si toca, claro...

Compa Alicia, como siempre, tu apunte en una diana a la que yo ni siquiera había mirado: cierto que Jeff Daniels, muy probablemente, jamás volviera a dar el nivel que alcanzó en esta peli de Allen.

Gracias, compa Apesar, por los elogios. Ya veo que sobre ésta, en principio, difícil va a ser que haya discrepancias...

Compa Miriam, ya veo que a tí también, y, además, con el aditamento de la componente emotiva personal (que siempre cuenta). Los cuentos sin plumas los leí hace siglos, y me gustaron mucho, pero apenas si tengo recuerdo de ellos. Supongo que se impone (como siempre, cuando buenamente se pueda...), una relectura.

Un abrazo muy fuerte, y gracias a los cuatro por dejar vuestras impresiones. Ah, y buen fin de semana...

Superwoman dijo...

Cuando veo las pelis de Allen me da la sensacion de estar viendo peliculas dirigidas por dos directores distintos... me encantan aquellas en las que no habla de si mismo y las otras, bueno, son divertidas

Tha dijo...

De mis favoritas... ¡no te digo más!
Menuda tanda de películas preciosas llevas. ¡Muchas gracias!
Un besoooo

Manuel Márquez dijo...

Esa dicotomía, compa Superwoman, en las pelis de Woody Allen es algo que aprecia muchísima gente, aunque yo no termino de verlo tan claro. Algo debe haber, desde luego...

Y me alegro muchísimo, compa Tha, de haber encadenado una buena racha. A ver si se puede prolongar aún un poquito más...

Un abrazo a las dos, y feliz fin de semana.

Vuelos Baratos dijo...

Personalmente me encanta Woody Allen. Es cierto que se repite en algunos casos... pero considero que esto es más bien forjarse un estilo, ¿no?
Respecto a la Rosa Púrpura del Cairo, simplemente: genial. :)
Saludos!

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