miércoles, 23 de enero de 2008

Varietés artísticas y culturales XI: Beatles, Beatles, Beatles...


Referencias que se entrecruzan, sensaciones que se superponen. Leía hace días en la prensa una breve recensión acerca de los problemas que está atravesando la legendaria compañía discográfica EMI. Sí, ésa que, acompañada en España de aquella graciosa coletilla de “Compañía del Gramófono Odeón”, publicó y aún publica los discos de ellos, de los Beatles. Y recuerdo cómo, unos días antes de esa lectura, escuchaba arrobado, por enésima vez, la que –por una vez, y sin que sirva de precedente, en plena coincidencia con la opinión mayoritaria de la crítica especializada sobre el particular- considero mejor obra de la música pop de todos los tiempos. Sí, ésa, el doble álbum blanco, de ellos, de los Beatles. Y cómo esa escucha me llevaba a evocar el recuerdo, ya algo lejano, de ese momento en que adquirí su edición en vinilo, en una tienda de discos de Sevilla (Nueva Música: desconozco si sigue abierta, es poco probable, han pasado muchos años, y el negocio está como está...), cuando la compra de un disco era algo más, bastante más, que una mera operación mercantil, un simple intercambio de dinero por producto; más bien se trataba de un acto electivo de afirmación amorosa, de profesión devota. Sí, eso, exactamente, devoción era lo que yo profesaba, por aquel entonces, por ellos, por los Beatles. Vayamos, pues, por partes.

Lo de EMI: es notorio que no soplan vientos favorables, en general, para las empresas discográficas, que han pasado de ser rutilantes negocios que movían millones y millones de beneficios a manejar solamente beneficios, sin más. Hace mucho más frío en otras latitudes, pero ya saben, esto de las sensaciones térmicas es algo muy subjetivo. La cuestión es que a esos vientos generales de crisis parece que vienen a sumarse, en el caso de la legendaria disquera británica, unos problemas de gestión particular que están a punto de abocarla al más completo de los desastres. No debe ofrecer perspectivas muy halagüeñas, por ejemplo, que dos de tus artistas más representativos, como Paul McCartney (el pasado, con un presente aún solvente en términos comerciales) y Radiohead (el futuro, con un presente más que sólido), hayan pillado la puerta y emigrado a “tierras” más acogedoras. Mal asunto, pues. Y, aunque está claro que no derramaré gruesas lágrimas si el desastre llega a consumarse, y la EMI desaparece, tampoco les negaré que un pellizquillo, por aquello de las reminiscencias, sí que me alcanzará, a buen seguro.

Lo del doble álbum blanco: se me hace complicado evocarlo, ante el manifiesto temor de que toda palabra se me quedará corta, resultará pobre y/o será poco exacta. Bien es sabido que la música, por su condición de lenguaje abstracto, ve especialmente reforzada, en el aspecto de la comunicación, su condición evocatoria, y que a su percepción estrictamente sensorial siempre se van sumando, progresivamente, elementos (recuerdos, impresiones) ligados a la circunstancia personal en que se poduce su escucha. El doble álbum blanco de los Beatles me causa tal impacto emocional que consigue algo verdaderamente increíble: cada vez que lo escucho, y a pesar de haberlo hecho cientos de veces, es como si lo escuchara por primera vez. Desde esa apertura del vuelo mortífero de los cazas volviendo a la U.R.S.S. hasta los lánguidos acorde del cierre de esa balada decadente de buenas noches –despedida y cierre-, toda una montaña rusa de sensaciones siempre renovadas. Y, aunque he de confesar que, en general, y en contra de lo que suele suceder con la de muchos otros autores o intérpretes, la música de los Beatles me “ha envejecido” poco, en el caso concreto del álbum blanco, la apreciación sobre ese particular no sólo se ve reforzada, sino que, además, aún adquiere un matiz más tremebundo: creo que esa suite pop, en la que la brillantez de su encadenamiento sólo se ve superada por el brillo, aún superior, de todas y cada una de sus piezas contempladas individualmente, sigue siendo algo adelantado no sólo a su tiempo de creación (ese glorioso año de 1968), sino incluso al tiempo actual en que hoy nos hallamos. Un tiempo en el que numerosos artistas, individuales y colectivos, siguen ofreciendo un pop vigoroso y nutritivo, de excelente factura, pero al que le falta ese punto de magia, quizá, que desprende esta magna obra del conjunto de Liverpool.

Lo del vinilo y mi devoción por los Beatles. No voy a hacer ahora una reivindicación encendida del retorno al vinilo: entiendo que hay procesos de evolución técnica y/o comercial que tienen muy difícil marcha atrás; por otro lado, carezco de conocimientos científicos suficientes para apreciar en su justa medida en qué soporte cabe hallar mayor calidad de sonido. En resumidas cuentas: adquirí hace ya algunos años una flamante copia en CD (edición, con motivo del 30º aniversario de su publicación, remasterizada, e igualmente limitada y numerada, que incluía en el interior hasta una reproducción, reducida, de las cuatro fotografías de “sus ilustrísimas”), que es la que “castigo” de manera inmisericorde, pero conservo como oro en paño, cual si del más valioso de los incunables se tratara, mi copia en vinilo, que hace años que no pincho, aunque también disponga de un sencillo y potente plato giradiscos (con el pertinente arsenal de agujas de repuesto), listo en la recámara por si fuera preciso ante cualquier eventualidad. Imprevisiones, las justas. Y en cuanto a mi devoción por los Beatles, de la que ya algo he dejado caer en alguna otra ocasión, ¿qué podría contarles a estas alturas? Como toda devoción, se trata de algo difícilmente explicable o reconducible a una explicación lógica y racional. Y mejor está así. Los años de esa adolescencia y primera juventud en que la misma alcanzaba su grado más paroxístico, empiezan ya a quedar un tanto lejanos. Y los rescoldos son eso, rescoldos. Pero ya saben aquello de los fuegos, los rescoldos y las “candelas resucitadas”. Supongo que son axiomas que también valen para los amores musicales; pero sólo lo supongo: mientras mi guitarra solloza suavemente. Por ejemplo....

10 comentarios:

Heitor dijo...

Es cierto, la devoción por un grupo, el número elevadísimo de escuchas de sus álbumes hasta haber desgranado cada uno de sus acordes, de sus arreglos, de sus intimidades, provoca que el verdadero fan aprecie cualidades que el simple aficionado no llegue a saborear.
Me pasa con mi grupo fetiche, Queen, en el que valoro más canciones escondidas que las que suenan machaconamente en la radio.
De los Beatles soy tan solo aficionado, así que el álbum blanco me queda grande. Lo he escuchado varias veces, pero es tal la heterogenia y el experimentalismo que me supera. Me sigo quedando con los fáciles, como Abbey Road o Revolver.
Un saludo.

Thalatta dijo...

No sabes tu lo que estoy disfrutando en la coral cantando un poutpourri (ay no se si se pone así) de los Beatles. Aunque no soy una fan, reconozco que me gustan.
Sigue disfrutando. Besoss

Josep dijo...

Amigo Manuel, qué voy a decirte: arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

Aunque para mí el doble blanco sea también muy, muy bueno, se me hace difícil olvidarme de otros como el Sargent, el Revolver, en fin: si alguien me diera a elegir entre salvar sólo uno de los vinilos de los Beatles, probablemente acabaría por pelearme a tortas con el intruso: hay verdaderas joyas en cualquier Lp de la colección.

Lo de la casa EMI, es una vergüenza por la mala gestión, con el fondo que tenían; pero ya viene de antaño, cuando vendieron buena parte al ínclito Michael Jackson; poderoso -y vergonzoso- caballero es don dinero.

Respecto a los vinilos, ya sabes mi opinión: un buen vinilo, una buena aguja, un buen plato, un buen amplificador (a poder ser de lámparas) y un buen par de cajas (de dos vías, naturalmente) y que se quiten los numarracos electrónicos.

Un día de estos habrá que comentar algo respecto a las innovaciones que los Beatles presentaron en sus videos musicales....

Un abrazo.

Andrés dijo...

Qué curioso, hace unos días rescaté el doble azul (el clásico de Apple), ese de la foto en la escalera, para estrenar mi flamante giradiscos Marantz!

No lo dudes: lo que mejor suena es el vinilo; luego, a gran distancia, el Cd; luego, a más distancia aún, el Mp3. Te lo dice alguien que los compara todos los días porque los tiene, los 3, conectados al mismo equipo. Salu2, Am

Josep dijo...

¡Por fin uno de los míos! Andrés: ¿fundamos el club pro-vinilo?

:-)

Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Compa Heitor, muchas gracias por pasarte y comentar. Y muy buen gusto denota el tener como grupo fetiche a los Queen; a mí también me encantan, y, si he de quedarte (entre muchísimos) con un tema de ellos, me quedo con el Teo Torriate, una delicia. ¿Experimentalismo en el álbum blanco? Bueno, no se puede discutir que el Revolution 9 es como es, pero del resto no lo tengo yo tan claro (y no voy a poner como ejemplo el Obladi, Oblada, pero...). Los dos discos que mencionan son también impresionantes: Revolver quizá me guste más, incluso, que el doble blanco (tema a tema, tendría mis dudas); de Abbey Road, me quedo, sobre todo, con el Here comes the sun (una de las canciones más hermosas de la historia del pop), y, eso sí, conceptualmente sí que se acerca bastante al blanco.

Compa Tha, tampoco tengo la completa seguridad, pero creo que está bien escrito lo de poutpourri (aunque yo, en las contadísimas ocasiones en que lo haya podido escribir, seguro que he usado la forma más simple, pupurrí, que supongo que vale). Y, ya puestos a pedir, a ver si un día te justificas pinchando en tu blog una grabación "ejemplificativa": para ilustrar tu comentario, vaya...

Compa Josep, ya me imaginaba yo que un melómano como tú no podía ser inmune a los encantos de estos "monstruitos". De Revolver ya he hablado en la respuesta a Heitor; en cuanto al Sargent Pepper, creo, sinceramente, que, siendo, como es, buenísimo, está un pelín sobrevalorado, en la medida en que los álbumes posteriores (excepto los "banda sonora": Yellow submarine y Magical Mistery Tour) profundizaron en su concepto y lo mejoraron. De tu pasión por los vinilos ya era sabedor también, y me parece fenomenal que utilices esta cibercasa como altavoz para difundirlo (y si encima, encuentras a un cómplice como el compa Andrés, miel sobre hojuelas). En cuanto a ese apunte sobre videos musicales de los Beatles, espero no tener que insistirte: lo espero ansioso en tu blog, seguro que cuajas una (otra más) pieza magistral...

Compa Andrés, ya veo que te cuidas: un Marantz, jodé... Y bien elegida la pieza de estreno, el doble azul, aunque a mí los recopilatorios, que, en general, me parecen una herejía, en el caso de los Beatles me lo parecen más aún.

Muchas gracias a todos, un abrazo muy fuerte y feliz fin de semana.

Apesardemi dijo...

Beatles son Beatles, esta afirmación figura hasta en las enciclopedias, no admite discusión ;))

Si fueron nuestros compañeros de esa etapa que llaman juventud. Nos hacemos mayores ;)

Abrazos, compa Manuel

Manuel Márquez dijo...

Compa Apesar, yo tenía registradas (con la autoría de aquel mítico entrenador del Madrid, Vujadin Boskov) aquellas dos de "fútbol es fútbol" y "gol es gol", pero de ésta que tú señalas no tenía referencia alguna: te la apunto, pues, a tí. Y sobre eso de "que nos hacemos mayores", en fin, supongo que huelgan comentarios: es lo que hay, claro... Eso sí, con deportividad y gallardía (que no se diga...).

Un abrazo y buen fin de semana.

Miriam G. dijo...

Yo es que como soy muy joven a mi los beatles ¡plin! Es broma, es broma.

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Compa Miriam, ya me barruntaba yo que a tí esto de los Beatles, precisamente por cuestión de edad, como que no terminaría de entusiasmarte...

Un abrazo.

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