miércoles, 9 de enero de 2008

A salto de mata XXIX: elecciones


Llevan ya algún tiempo menudeando en los medios, al calor de la próxima cita electoral general en nuestro país, noticias acerca de los procesos de confección de sus programas por parte de los dos grandes partidos: equipos, propuestas, ideas, globos-sonda, paridas, componendas... En fin, un largo etcétera de aspectos y cuestiones relacionados con el tema.

No voy a entrar hoy en la vertiente “post” del asunto: es decir, hasta qué punto los partidos políticos, cuando alcanzan el poder, hacen del programa con el que lo lograron auténticas mangas y capirotes. Me temo que, sobre ese punto, la tozudez de los hechos, reiterados a lo largo de muchos años (y legislaturas), reduce, hasta casi eliminarla, cualquier posibilidad de controversia. Me temo que los problemas (o, al menos, los problemas de los que quería hablarles hoy) arrancan ya en este momento “pre”, en el que ahora nos encontramos.

Y es que hemos alcanzado tal punto de indiferenciación programática entre los dos grandes partidos en lo que afecta a la cuestiones políticas realmente básicas –o sea, las económicas (a las que, en última instancia, son traducibles todas las demás)-, que ya todo se ciñe a una cuestión de matices; ligeros, tenues, insignificantes. Por otro lado –que es lo que me parece más grave aún-, los partidos elaboran sus programas conforme a estrategias de mercadotecnia electoral, y no conforme a posicionamientos ideológicos previos: de esa forma, el programa de un partido no es SU programa –el que derivaría de sus esencias, sus principios, sus ideas-, sino EL programa –con el que, según su preparadísimo equipo de “magos electorales”, puede terminar llevándose el gato al agua-. Programa que, por otro lado, y conforme a tal premisa, termina elaborádose (a golpe de encuesta y sondeo) más por exclusión (en negativo) que por determinación (en positivo): vaya, que se trata de NO incluir en él todo aquello que puede restar votos (partiendo de una plataforma teórica, o estimada, que se calcula en función de reglas de marketing, no de política). Más o menos.

Siempre habrá quien, de buena fe, pueda argüir que por qué se ha de considerar la situación antes apuntada como un problema. ¿No se trata de que los partidos, en una democracia más o menos honesta, gobiernen PARA el pueblo; es decir, atendiendo a sus querencias, opiniones e intereses? ¿Qué de malo habría, pues, en que los grandes partidos estuvieran dispuestos a sacrificar sus premisas ideológicas para acercarse a la voluntad política de los ciudadanos, expresada a través de encuestas, sondeos y demás mecanismos de “toma de temperatura”?

Perfecto, no tengo nada que objetar a tal argumentación, más bien al contrario, me parece fabuloso, pero siempre y cuando reformulemos, previamente, lo que son y significan los partidos políticos. Porque, desde tales premisas, ya no estaríamos ante partidos, sino ante puras y duras maquinarias electorales (a priori) y gubernativas (a posteriori), cuyo etiquetaje ideológico sería totalmente irrelevante. Y siempre que con esa claridad y rotundidad se plantee ante el cuerpo social –y su trasunto coyuntural, el electorado-, asunto resuelto; como decía la vieja canción del Sabina, donde no hay engaño, mal puede haber desengaño; a diferencia de la situación actual, en la que nos engañan (ellos) –o, al menos, lo intentan,con desigual fortuna- y nos desengañamos (nosotros) –salvo cuando se alcanza un punto de escepticismo desde el cual ya se hace difícil que te cuelen ciertos camelos-.

¿Y qué harían, pues, los partidos con sus ideas, sus símbolos, su historia? Dado el escaso rédito electoral que les generan, podrían montar un parque temático con ellas, y forrarse explotando la memoria sentimental de sus más fieles seguidores. Los beneficios obtenidos se podrían transferir a las administraciones competentes (estatales o locales): siempre será mejor que tener que sangrar el erario público (para, entre otras cosas, financiar sus costosísimas campañas electorales), o engordar arcas municipales permitiendo, por ejemplo, que se siga esquilmando la costa a golpe de urbanización salvaje. Creo...


P.S. otro día hablaremos de políticos desubicados (tema harto jugoso...).

10 comentarios:

Heitor dijo...

No es sólo la esfera política la que carece de ideas hoy en día, la que se encuentra desubicada en cuanto a programa, sino que es la sociedad la que le acompaña en esa búsqueda del poder a cualquier precio.
Me sigue sorprendiendo como alcaldes y mandatarios en general, que son imputados por cargos de corrupción, cohecho, malversación de fondos y toda clase de lucro a costa de sus votantes, son reelegidos por mayorías más amplias que antes. ¿Es que ahora se admira la corrupción, la gracia del burlador que se hace de oro a base de engaños?
Todo está desnortado y si el pensamiento global de la sociedad no empieza a cambiar, probablemente tiremos al garete un montón de buenos propósitos.
Eso si no acaba antes el planeta con nosotros, uno de los temas más hablados y por el que menos se hace.
Saludos!!

Miriam G. dijo...

Hace un tiempo que me ronda la idea de tatuarme en una nalga: "Esta política de ahora me molesta".

Un beso, Miriam G.

Manuel Márquez dijo...

Compa Heitor, irreprochable tu planteamiento, de la pe a la pa (como se decía antaño...), y al que nada puedo objetar. Ah, y muy nutritivo: aportaciones así siempre le vienen bien a esta humilde casa. Muchas gracias, pues, por ella.

Compa Miriam, comentario políticamente incorrecto en lugar menos correcto aún, si cabe (la corrección, me refiero, no al tatuaje...). Eso sí, me temo que tendrás problemas el día que quieras hacer eso que tan en boga está últimamente en la jerga del sector, lo de la "pedagogía política". O no, vete tú a saber...

Un abrazo.

Josep dijo...

¡Uff! ¡Política! Nada parecido ni con la realidad social ni con la teoría; ni separación de poderes, ni representación democrática real; un universo de personajillos profesionales del poder sin contacto real con el ciudadano de a pie.

Tanto los unos como los otros se merecen una concurrencia al 100% del censo y que gane por unanimidad el voto en blanco, a ver si se ponen las pilas.

Y todavía no ha empezado la campaña... :-(

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, esa fórmula que apuntas en tu segundo párrafo me parece una genialidad absoluta, en la que jamás se me había ocurrido pensar como fórmula colectiva de voto de protesta. Será cuestión de ir haciendo promoción sobre el particular, a ver qué tal...

Eso sí, también he de confesarte que, igual que me parece una fórmula genial a título colectivo, no termino de verla clara como opción individual: la única ocasión en que, en un arranque de cabreo supino, se me ocurrió votar en blanco, la sensación de haber hecho el gilipollas me duró toda la noche electoral (y algunos días más después...).

Un fuerte abrazo (y gracias).

Josep dijo...

Amigo Manuel, me pillas a estas horas de vagancia y no quiero ahora empezar a buscar, pero dime:¿no es cierto que la antidemocrática Ley d'Hont no se aplica a los votos en blanco?

Y por otro lado: dado que el voto es personal e intransferible:¿no son los votos individuales imprescindibles para conformar una mayoría, sea ésta del color que sea?

Un abrazo.

Hatt dijo...

Si ya lo decían los griegos: "Están locos estos sofistas...".

Un saludo.

apesardemi dijo...

La política, tan necesaria y, en ocasiones, tan repulsiva. Espero que seamos inteligentes a la hora de echar el voto.

Saludos, Manuel.

Corpi dijo...

Estoy totalment de acuerdo contigo. Haces un análisis perfecto. Yo por ejemplo, más que votar a favor de un partido, voto en contra de otro, porque sencillamente creo que ninguno se merece mi voto porque lo único que van a hacer con él es cobrármelo a base de impuestos para hacer con ese dinero hacer lo que les pase por cojones.
Un abrazo.

Thalatta dijo...

Ufff y aún no hemos empezado a tope con la campaña. En cierto modo, como es parte de mi trabajo, me va a tocar depurar y depurar el padrón de habitantes, amén de que ese día tendré que estar pringada todo el santo día.
A mi, compa Manuel, se me fue ya la esperanza cuando lo de la OTAN y después ya solo voto, como dice Corpi, en contra de un partido.
¡Qué pena!
Besoss y que nos sea leve

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