miércoles, 24 de octubre de 2007

Afectos espaciales


Siempre me llama la atención la capacidad de generar afectos que tienen ciertos espacios: lugares, edificios, paisajes. Aunque, supongo, los afectos no los generan propiamente los espacios, sino las vivencias que en ellos desarrollamos, o que a ellos asociamos, de manera más o menos lógica, con mayor o menor fundamento. Hace unos días, me “despedía” de un edificio al que he estado acudiendo, con cierta frecuencia y regularidad, durante los dos últimos años, y al que, previsiblemente, no volveré –si es que llego a hacerlo- en mucho tiempo; es un edificio que, más allá de esa vivencia personal, tiene también para mí unas connotaciones muy especiales, vinculadas a la relación que con él guarda un familiar muy cercano –relación que hunde sus raíces en un pasado que empieza a adquirir ribetes de lejanía-. Y, al volver la vista atrás, para contemplarlo por esa probable última vez, he sentido una especie de pellizco, me he sentido raro. No ha sido la primera vez, y espero tener ocasión de sentirlo muchas veces más. Será un síntoma excelente....

Buenos Aires


¿Y por qué Buenos Aires...? Muy sencillo. No hay nada que me evoque la fascinación por lo desconocido tanto como lo hace Buenos Aires. Una ciudad que no conozco, en la que jamás estuve, y en la que no sé si llegaré a estar, y de la que tampoco tengo mayores referencias, ni las deseo. Sólo sé que, cuando era pequeño, muy pequeño (¿seis, siete años...?), una vieja estampa en blanco y negro -en el interior del lomo de un diccionario enciclópedico, Enciclopedia Universal Sopena, por más señas- encendió en mí una pasión extraña y poco explicable, que a día de hoy aún no ha mermado un ápice. Supongo que así son las grandes pasiones de la vida. Y aunque no siempre será un sentimiento de ese tipo el que me mueva a escribir aquí, así arranca. ¿Hasta dónde, hasta cuándo? No lo sé. Y ustedes, amigos lectores, tampoco. Así que empezamos bien, muy bien...

Mi Buenos Aires querido 0: una explicación

Hace unos días, les hablaba, amigos lectores, así como al desgaire, de mi intención de emprender una línea de reseñas algo más intimista, más personal, de lo que lo han venido siendo las publicadas hasta ahora. Incluso me planteaba que, llegado el momento, y para no generar más confusión y desorden de las que ya generan la dispersión temática de este blog, emprendería tal iniciativa a través de un nuevo blog.

Dicho y hecho: así, con esa vocación y alcance, nació Mi Buenos Aires querido. Un empeño ilusionante e ilusionado, aun con toda su humildad y sencillez, para dar salida a las inquietudes antes apuntadas. Nació, adquirió un formato, se abrió con un par de reseñas –las mismas que a continuación les reproduzco-. Pero... Casi siempre hay un pero. ¿Por qué habría de ser distinto en este caso...?

La cuestión es que, aunque se trata de un “pero” gozoso –una nueva aventura cibernaútica en la que me embarco dentro de pocos días, y de la que daré cuenta en otra reseña a no mucho tardar-, es un “pero” de suficiente entidad como para haberme movido a replantearme mis premisas de partida. Y, de hecho, me ha llevado a tomar la decisión de cerrar esa tan incipiente “sucursal” de la que les hablaba arriba. Eso sí, el abandono del soporte, del vehículo formal, no tiene por qué implicar la retirada de la idea. Y, en la medida en que la idea y el impulso me siguen pareciendo positivos, intentaré que aquí tengan cabida y cauce –no sé si con mayor o menor fortuna, pero no será por falta de intento por lo que el empeño muera-.

¿De su acogida? De ésa, amigos lectores, son ustedes, en último extremo y en buena parte, los responsables. Pero, desde ya, les doy las gracias por su buena disposición y les garantizo que intentaré hacerles fácil la tarea. No les aseguro resultados, pero sí buena voluntad. Ya se sabe que no es suficiente, pero ayuda, y mucho. ¿Mientras tanto? A seguir caminando...

martes, 16 de octubre de 2007

El meme de los pecados capitales

Puestos en memes, éste es uno que mi compa Patri me puso en “bandeja de salida” hace muchísimas semanas -meses más bien, diría yo...-. Así que, con mis disculpas por el enorme retraso en darle cumplimiento, mi esperanza de que el resultado no sea muy impertinente, y mi lista de damnificados al final, como decía Mr. Increíble, allá vamos....

Las reglas:

1ª Debes de pegar estas reglas en tu blog. 2ª Invita a hacer el meme a quien creas pertinente, sin exceder el número 7, por qué, por cuestiones del autor. 3ª Deja un comentario a esa persona a la que estás invitando en su entrada más reciente. 4ª El relato de los pecados será acorde al susodicho. 5ª No hay más reglas...

La ira

Creo que debo ser, sinceramente, una de las personas menos iracundas de la Tierra. No entiendo de iras, ni ciegas, ni sordas, ni breves, ni largas. También supongo que las procesiones irán por dentro. Eso dicen. Será cierto...

La lujuria.

Sin comentarios, por defecto. Está usted detenido (no se mueva); tiene derecho a (y conveniencia de) permanecer en silencio, y a no hablar si no es presencia de su abogado (aunque lo comparta con el diablo); cualquier cosa que diga puee ser utilizada en su contra. Por eso, calladito. Más guapo (dentro de los límites sabidos...)

La gula.

Sin comentarios, por exceso. El resto, como la anterior...

La envidia.

Cochina. Si no es cochina, no me interesa. Dicen que hay una sana, pero jamás la conocí, salvo que se confunda con la admiración, que es otra cosa. Creo...

La avaricia.

O el ansia de posesión ilimitada. Uno tiende a creer que no peca por ese capítulo cuando no ambiciona el vil metal, pero hay otros tipos de avaricia, y conozco bien alguno. Pero no me pidan que se lo cuente...


La soberbia.

Un caballito complicado de domar, sobre todo cuando cabalga fustigado por la vanidad. Y sé lo que me digo (aunque, a veces, también, no siempre, no me guste mucho hablar de ello). Por motivos obvios, claro (pecado poco glamuroso este...).

La pereza.

Cuenta la leyenda shakespeariana que Ricardo III cambiaba su reino por un caballo. Algunos días, cuando suena el despertador del móvil a horas muy tempranas, no sé por cual de mis (por otro lado, no muy numerosas ni valiosas) posesiones materiales, cambiaría un par de minutitos más en la cama. Pero tampoco tengo yo muy claro que eso sea, precisamente, pereza..

Y los damnificados son: E-catarsis (ya sé que no te entusiasman, pero es mi regalo vacacional...), Thalatta (debería dar mucho jugo, o mucho juego, no sé exactamente...), Josep (con el ánimo, exclusivamente, de que te desintoxiques un poquito de esas excelentes reseñas cinéfilas que nos regalas...) y Joan (porque lo vales, compa, porque lo vales..). A correr, que cierran el quiosco...

jueves, 11 de octubre de 2007

LA NOCHE DEL DEMONIO (CURSE OF THE DEMON; U.S.A., 1957)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

John Holden, prestigioso psiquiatra norteamericano, acude a un congreso en Gran Bretaña con la pretensión de desenmascarar las patrañas que él considera que se ocultan tras supuestos fenómenos paranormales. Allí espera encontrarse con un amigo, el doctor Henry Harrington, pero descubre con estupor que éste, tras mantenido unos misteriosos tratos con un personaje bastante siniestro, vinculado al cultivo de los ritos satánicos, Julian Karswell, ha fallecido en un accidente acaecido en circunstancias poco claras. Impulsado por el deseo de averiguar la verdad de lo sucedido, y ayudado en tal empeño por Joanna, la joven y bella sobrina del finado –hacia la cual también irá sintiéndose paulatinamente más atraído-, el doctor Holden inicia una implacable persecución de ese siniestro personaje, en el curso de la cual se irá viendo afectado por extraños acontecimientos que le harán reconsiderar todos sus prejuicios racionales y cientifistas hacia el mundo de lo oculto.

RESEÑA CRÍTICA.-

Los años 50 alumbraron en el cine estadounidense -como reflejo de unos miedos nacidos al calor de las secuelas de la gran guerra (y su horror atómico de Hiroshima y Nagasaki) y ese territorio ignoto que se abría con los albores de la guerra fría-, y especialmente en el ámbito de la serie B (y aún inferior), un fértil reguero de producciones de terror plagadas de monstruos extraños, fenómenos paranormales y engendros alienígenas que se alejaban enormemente de los referentes clásicos del género: malos tiempos para Frankenstein, Drácula o el Hombre-Lobo –aunque no tardarían en ser rescatados y devueltos a su trono por obra y gracia de las producciones británicas de la Hammer de los primeros 60-.

Pero el demonio es otra cosa. Mucho Belcebú, este Belcebú. Este personaje no podía abandonar la escena así como así. Y aquí, en esta sencilla y humilde película de Jacques Tourneur, resurge en todo su esplendor: inquietante, amenazante y todopoderoso, ni la racionalidad más científicamente ortodoxa puede interponerse en su camino, para cuyo recorrido tampoco requiere de excesivos alardes; le bastan dos apariciones “completas” (al principio y al final) y un mero amago (a mitad del metraje) para sentar sus reales y sobrecogernos como pocos horrores podrían hacerlo.

Con un blanco y negro turbio, tanto en exteriores como en interiores, pero que consigue un resultado ambiental magnífico, plenamente a tono con los requerimientos temáticos del film, Tourneur plasma muy bien lo que constituye el auténtico telón de fondo de la historia, que no es otro sino la trayectoria del protagonista –apoyándose también para ello en un muy correcto trabajo de un discreto pero eficaz Dana Andrews-: éste va pasando de un escepticismo un tanto histriónico y burlesco (se siente particularmente ofendido ante la más simple sugerencia de la posibilidad de la existencia real de elementos paranormales) a una duda más que inquietante, para terminar en un miedo convincente y convencido, del que ni siquiera sus galanteos con una atractiva (y también eficiente en su trabajo interpretativo) Peggy Cummings podrá distraerlo.

Film sencillo, tanto en su concepción como en su desarrollo, inquieta fuertemente, especialmente por su textura visual, y sorprende lo logrado de sus resultados, habida cuenta de las obvias limitaciones técnicas que la época imponía; muy a destacar, sobre todo, ese diablo protagonista, de aspecto francamente terrorífico: efectos especiales mucho más chapuceros se han podido ver en películas (tanto del género como de sus aledaños) muy, muy posteriores y de presupuestos infinitamente más generosos. Y da miedo, por supuesto que da miedo, y de eso, en última instancia, es de lo que se trata, cuando a una peli de terror nos asomamos: misión, pues, cumplida...

martes, 9 de octubre de 2007

Metablog XXV: gadgets multimedia


¿Por qué, en contra de lo que se llegó a pronosticar hace sólo algunos años, el boom de Internet no ha llegado a través de su expansión televisiva –recuerdo cómo algunos gurús de la comunicación intuían que la Red se convertiría en algo tan cotidiano como la baguette o la cervecita a través de la caja tonto-catódica...-? No lo sé a ciencia cierta, pero, cuando el otro día lo comentaba con Elvira, mi mujer, llegábamos a la conclusión de que, muy probablemente, el quid de la cuestión radicaba en que el público, en general, seguía asociando Intenet al elemento texto, y nadie pone en casa la tele para leer (bueno, casi nadie pone casi nada en casa para leer...). Más o menos, supongo, suponemos...

No obstante lo anterior, hay que reconocer que Internet, de todos modos, cada vez incorpora con más profusión, y a todos los niveles, contenidos multimedia (odio el palabro, pero, a estas horas, no tengo muchas ganas de sustituirla por otra más apetecible...). Ya no es una cuestión que se ciña, en exclusiva, al boom Youtube, y fenómenos más o menos asimilables. En ese terreno, las gentes del bloguerío no hacen más que, aprovechando las facilidades de edición que proporcionan los distintos servicios de alojamiento, explotar esa veta para dotar a su producto de señuelos (dicho sea en el sentido más puramente positivo de la palabra, y sin el más mínimo ánimo peyorativo) que lo hagan más atractivo e interesante.

Sabia e interesante opción, vaya por delante tal consideración. Pero que, en lo que a mí respecta, no termina de seducirme, al menos en mi faceta creadora (y pido perdón a los creadores por utilizar la palabra, pero es que algo tenía que poner....). He de suponer que mis lectores habituales ya están acostumbrados al aspecto casi espartano de mi blog: puro texto (que, además, por lo general, suele pecar de una extensión poco recomendable para las urgencias en las que nos desenvolvemos por nuestros “cibergarbeos”...) con el único aditamento de alguna imagen que, generalmente, guarda alguna relación temática con el anterior (aunque no siempre...), pero sin que esté particularmente cuidada en su elaboración (algo poco habitual) o elección (y que la SGAE y sus adláteres me pillen “confesao”...). Y me temo que así va a seguir siendo, per secula seculorum. Amén....

Tema distinto es el de mis querencias en la faceta lectora. Generalmente, me agrada encontrarme piezas musicales y vídeos diversos entre el contenido de los blogs que frecuento; más las primeras que los segundos, la verdad sea dicha. Y muy probablemente por una cuestión (logística) la mar de elemental: mientras que las piezas musicales no sólo te permiten simultanear su audición con la lectura del texto, sino que, por lo general, constituyen un fondo sonoro que realza el placer de la lectura –aunque eso depende también, básicamente, de cuánto te guste el tema musical en cuestión-, la pieza de vídeo reclama una atención exclusiva e incompatible. Si se trata de un vídeo cortito, no hay mayor problema; pero cuando algún buen compa y amigo bloguero te pone una peli a cachitos “youtuberos” para acompañar su glosa (y me vas a perdonar la maldad, compa, pero ya te la había avisado: para hacerme perdonar, pondré aquí el enlace –y me apuntas las visitas en el saldo de mi cuenta...-), pues qué quieren que les diga. Me perdonarán la burricie, pero el tiempo apremia: y manda aquellos que decía el tipo aquel....


En definitiva, y concluyendo: que los gadgets multimedia son como mi vecina del cuarto derecha. Me encanta, pero se la dejo a mi vecino del cuarto izquierda. Ah, perdón, era del cuarto derecha. ¿Y qué más da...? Feliz semana, amigos lectores.

sábado, 6 de octubre de 2007

Micro XXIX: autocompasión


No es una actitud que me entusiasme especialmente, pero es una certeza objetiva que pasan los días, y soy incapaz de encontrar un hueco para actualizar este blog. Hoy, al menos, he procedido a actualizar (casi en su totalidad) la sección de críticas -algo es algo...-, y también ando trasteando con la idea de abrir una especie de "sucursal intimista" de esta casa -un sitio en el que, por ejemplo, hablarles de mi furibunda fascinación por un lugar como Buenos Aires...-). Pero aún quedan artículos por escribir y publicar, y respuestas que dar a esos buenos y fieles lectores que algo me contaron, y a los que aún no dije nada, pese a los largos días transcurridos. Un desastre...
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