lunes, 12 de noviembre de 2007

Metablog XXVI: contadores


Tecnoadicto: dícese de la persona que es incapaz de controlar emocionalmente su desmedida afición por cualquier aparatejo que, conectado a una toma de corriente eléctrica (o no), haga virguerías varias (especialmente, si éstas se desarrollan en el campo de la informática, la telefonía, la imagen y/o el sonido). No hace falta ser un lince para constatar que, dada la descomunal extensión que esos ramos industriales vienen adquiriendo en estos tiempos que corren, la tecnoadicción termina resultando un fenómeno cuyas modalidades y variedades son innumerables, y que resulta muy difícil encontrar algún caso de tecnoadicción genérica (es decir, no localizada y centrada específicamente en una o varias materias o apartados concretos), siendo lo más habitual que cada tecnoadicto tenga su muy particular catálogo de querencias. Partiendo de tal consideración, se puede ir descendiendo en la escala de especialización, hasta llegar a localizar supuestos concretos que podríamos calificar –siendo, quizá, muy benévolos en el calificativo- como curiosos o pintorescos. Tampoco es infrecuente que esas tecnoadicciones especializadas vayan variando a una velocidad vertiginosa, en la medida en que ese mismo vértigo impregna el ritmo con el que van apareciendo elementos novedosos en el “ángulo de tiro” del paciente.

Bien, amigos lectores, tanto rodeo para, lisa y llanamente, confesarles que, durante algún tiempo, he sido un adicto redomado al contador de visitas de mi blog: artilugio que, en lo más crudo de mi dolencia, llegaba a consultar hasta decenas de veces a lo largo del día, por el mero placer de hacerlo (dado, obviamente, el nulo interés informativo que podía tener un dato que apenas si variaba, dado lo enloquecedor de la frecuencia con que hacía consultas del mismo), y sin que la plena consciencia de la futilidad del empeño (futilidad agravada por la constancia inequívoca de que, además, el contador en cuestión fallaba –y falla- más que una escopetilla de feria, con lo cual la bondad y exactitud de sus datos son bastante relativas...) me hiciera atemperar ese furor consultivo que, afortunadamente, hoy parece haber remitido de manera notable.

Más allá de tales furores adictivos, y de los errores de cómputo del artilugio –que supongo deben ser bastante comunes al amplio repertorio de los mismos que cabe encontrar en el bloguerío universal-, no dejo de reconocer que la herramienta en cuestión, para aquellos que ya hemos confesado en más de una ocasión, y en más de dos (y no sé cuántas veces más habré de hacerlo...), que, en lo que atañe al número de visitas, el tamaño sí nos importa (o sea, que cuántas más, mejor), se trata de un elemento de muchísima importancia. La misma que tendrá, supongo, para todo aquel que lo tiene instalado (para unos más, para otros menos, naturalmente), dado que lo que no resulta excesivamente creíble (salvo puntuales excepciones) es el discurso de aquel que, a la vez que proclama que a él se le da una higa cuánta gente visita su blog, aloja en algún rincón más o menos visible del mismo un hermoso contador.

Los servicios de cómputo ofrecen, además, por lo general, y con profusión cada vez más amplia, diversas informaciones que, desglosando los datos cuantitativos en función de diversas variables, nos permiten saber cómo llegan las visitas a nuestro blog: con qué criterios de búsqueda, con qué navegadores, desde qué enlaces... En fin, que ya lo dice el viejo dicho: que el saber no ocupa lugar, y todas esas informaciones siempre nos pueden ofrecer algún dato de interés, aun cuando sólo sea para saciar nuestra más insana curiosidad.

¿Conclusión? Ponga, amigo lector, si es usted bloguero de pro, un contador en su vida. Más allá de la utilidad que sea capaz de encontrarle, en función de lo apuntado en los párrafos precedentes, siempre tendrá la posibilidad de terminar enganchado al mismo. Y les puedo asegurar que, como vicio, es bastante menos oneroso, para la salud y para el bolsillo, que cualquier otro de esos que a usted y a mí se nos pueden estar viniendo ahora mismo a la cabeza. ¿O no...?

8 comentarios:

Miriam G. dijo...

Ja, ja, ja Manuel yo además del popstas y el geotrack, tengo instalado el wp-fisgon, no se si existe una versión para blogspot, ese si que es adictivo...

Un beso, Miriam G.

Joan dijo...

Compa Manuel, sigo con los ojos abiertos como platos desde que vi -a través del sitemeter- que algunos llegaban a mi blog por búsquedas tan sorprendentes como:

Pedos musicales
Entonces un pan valía dos pesetas
Colchones hinchables por teletienda
Orina de camellos
Tipos de pedos con muestras de sonidos

Y sólo es una muestra.

¿Y quién no se habrá quedado embobado mirando las barras de evolución de las visitas por días, por meses, en el último año?

Josep dijo...

Cuanta razón llevas, amigo Manuel, en todo lo que dices: los contadores van, o no van, según circunstancias insondables; enganchan, porque, como muy bien dice Joan, te das cuenta que hay gente que busca en google cosas rarísimas.
Tanto, que hasta me da vergüenza poner alguna.
O sea: que no son tan útiles como uno pensaba al principio, pero uno no los quita porque, mira, porque son ciertamente un vicio baratísimo...
Un abrazo.

Una maruja en internet dijo...

Pues yo tenía uno y me divertía pero le dieron por poner publicidad y me repateaba, asi que lo quité...pero tendré que buscar alguno para seguir divirtiéndome :).

Hatt dijo...

Jajaja. Es cierto que es curioso ver como la gente llega a tus aposentos virtuales (normalmente desde un punto incluso bizarro...).

Yo también tengo uno...

Nos leemos.

Manuel Márquez dijo...

Compa Miriam, no tengo idea de qué son esos inventos que mencionas (el popstas y el geotrack), y no sé si Blogger, tan limitadito, tendrá algo parecido a un fisgón, pero casi mejor ni lo pruebo, que ya me vale con lo que llevo encima. Se agradecen, en todo caso, las sugerencias.

Compa Joan, lo de las llegadas a través de ciertas búsquedas también daría para escribir un metablog específico, pero creo que ya estoy a punto de acabar con la sección. Y sí, lo de las barritas, el invento del maligno, vaya que sí...

Compa Josep, me alegro de la coincidencia de apreciaciones. Por cierto, si algún día encuentras un contador fiable, pásame la dirección: sólo por pura curiosidad, que a estas alturas ya no voy a cambiar el que tengo...

Compa Maru, cuánto tiempo (por cierto, a ver si me paso por tu casa, que también la tengo bastante abandonadita, la verdad sea dicha...). Y sí, búscate un contador, que pocos vicios más baratos y saludables te encontrarás por estos ciberpagos...

Compa Hatt, lo del punto bizarro es un detalle curioso; pero sí, desde luego que suele pasar...

Muchísimas gracias a todos por vuestras visitas y comentarios: así da gusto...

Un abrazo.

BUDOKAN dijo...

Yo tengo dos contadores y me asumo como adicto a ver los tats constantemente como si eso fuera a cambiar mi vida. Creo que soy un tecnoadicto.Saludos!

Thalatta dijo...

Ahí ando con el sitemeter también, y lo mejor sin duda son las búsquedas. Debo confesar que soy una especie de tecnoadicta pero es que se me dan muy bien los cacharrillos ¡qué le voy a hacer!

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