viernes, 23 de noviembre de 2007

LA HISTORIA OFICIAL (ARGENTINA, 1985)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Alicia Marnet de Ibáñez es una profesora de instituto que, casada con un abogado y hombre de negocios que ha prosperado enormemente haciendo negocios con los estadounidenses durante el régimen militar, contempla entre atónita y preocupada cómo se van desenvolviendo los acontecimientos en su país tras el fin de la dictadura: exiliados que vuelven con su carga de rencor y amargura, convulsiones políticas y judiciales, temor en las calles ante la posibilidad de desórdenes incontrolados movidos por intereses espúreos. Madre de una pequeña adoptada, Gaby, a la que quiere con locura –es su único soporte afectivo real-, su inquietud personal empieza a crecer de manera desmesurada cuando va conociendo noticias acerca de las prácticas del régimen anterior sobre adopciones de hijos de desaparecidos, y empieza a sospechar con cada vez mayor desesperación que su hijita puede tratarse de uno de esos casos. Desde ese momento, empezará una búsqueda tan frenética como angustiada de informaciones y referencias que le puedan ayudar a desvelar ese misterio, y a tranquilizar su conciencia acerca de la situación; viacrucis doloroso que terminará desembocando en la más terrible de las certidumbres.


RESEÑA CRÍTICA.-

Hay cineastas –documentalistas- que intentan retratar la historia en imágenes, centrándose en acontecimientos reales y trasladando los mismos al celuloide: empeño tan noble como complicado, que requiere de un conocimiento profundo tanto del cine como de la historia, si lo que se pretende es obtener un producto mínimamente digno. Muestras muchas y muy buenas hay de esta línea, y la nómina de las mismas se haría interminable. Pero hay otra forma de hacer historia en celuloide, que es la de aquellos que, a través de una ficción que trasciende su condición de episodio íntimo o personal para transformarse en el reflejo de un tiempo y un país concretos, llegan a resultados tan valiosos como los anteriores. Éste es el caso del argentino Luis Puenzo, y ésa es su particular manera de retratar, a través de una visión "posterior", un episodio siniestro de la historia argentina, cual fue el de la dictadura militar y sus secuelas; intento que pergeñaba con La historia oficial.

El empeño era de una enorme valentía: aún estaban calientes los rescoldos de la recién extinta dictadura, y muchos de los elementos y temas retratados todavía eran, más que memoria viva, objeto de dura polémica, que se sustanciaba en los más diversos foros, desde los periodísticos hasta los políticos y judiciales. Puenzo no se arrugó, y, desde los sones iniciales de esa inquietante canción de María Elena Walsh, “En el país de Nomeacuerdo”, que Gaby tararea con su chapurreo balbuciente y despreocupado al principio de la película, desplegaba su muy personal sinfonía de la amnesia colectiva, esa sobre la que se pudo sustentar el mantenimiento de la vida cotidiana bajo el manto del horror que ya había caracterizado con anterioridad a otros regímenes igual de ominosos (y cabe aquí muy propiamente el recordar algún precedente fílmico con idéntico leit-motiv, como el de Vencedores y vencidos –Judgment at Nuremberg-, de Stanley Kramer, acerca del régimen nazi). Ése, el del olvido y el del mirar hacia otro lado, es el auténtico telón de fondo sobre el que se sustenta la historia, más allá de la circunstancia personal que sirve de soporte dramático para el relato.

Relato que, desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, se desarrolla con una estructura de corte bastante convencional, correcta y desprovista de cualquier concesión a la espectacularidad o el preciosismo. Puenzo muestra un buen dominio del ritmo narrativo, haciendo que la trama se desenvuelva con soltura y graduando el incremento progresivo de la tensión dramática de una manera muy bien medida. Ésa es una de las grandes bazas de la película: no deslumbra en ningún momento, pero tampoco es ésa su pretensión, y, en cambio, sí que consigue centrar perfectamente la atención del espectador y mantener despierto su interés a lo largo de todo el metraje.

El segundo de sus puntos fuertes es la fastuosa interpretación que cuaja su protagonista, esa gran dama de la escena argentina que era –y aún es- Norma Aleandro. Sin desmerecer la valía, y el mérito del trabajo, de su partenaire –un más que contrastado y veterano Héctor Alterio, que, sin embargo, ha de ceder su espacio en función del menor peso de su personaje-, la creación de la Aleandro es verdaderamente inmensa: especialmente, cómo asume e interioriza la progresión del clímax dramático, y cómo consigue dotar a su personaje, a través de giros muy sutiles, tanto de su presencia física (que, paulatinamente, se va “relajando”) como de su estado de ánimo (que, en contrapunto con lo anterior, se va “tensando”), de una viveza extraordinaria, que plasma en estado casi puro toda la angustia, el dolor y el desencanto a que le va llevando el desvelamiento progresivo de la verdad -esa verdad que siempre duele, pero que lo hace más cuando toca ahí donde más lo puede hacer, en la maternidad, en el vínculo filial, aunque no sea biológico; ese territorio donde no hay nada que pueda redimir ni consolar, pero que ella tiene que asumir sin red que la cubra ni pañuelo que enjugue sus lágrimas-. La catarata de premios con que esta creación tan portentosa fue reconocida (Cóndor de Plata de la crítica argentina; David de Donatello, en Italia; mejor actriz en Cannes; crítica de Nueva York) no fue sino el justo y merecido premio al nivel demostrado por Norma Aleandro.

Premiada –en uno de esos ataques de mala conciencia o incorrección política (o ambas cosas) que a veces asaltan a la Academia hollywoodiense- con el Oscar a la mejor película extranjera, La historia oficial es cine en carne viva, del que no deja indiferente ni a tirios ni a troyanos, y, aun cuando fuera sólo por eso (y no habría que resaltar que, en cualquier caso, está revestida de otros méritos adicionales), ya se convierte en una de esas obras cuya contemplación siempre enriquece a todo aquel que a ella se acerca.

9 comentarios:

Josep dijo...

Amigo Manuel, tan excelente y sentida reseña no puede menos que despertar mi interés en ver esa oelícula, que procedo a anotar en mi lista de "deberes"

Un abrazo.

Thalatta dijo...

Pues creo que la ví hace tiempo, pero con todo que nos cuentas dan ganas de volverla a ver :)
Ya me he puesto al día, compa...
En cuanto a lo de las AMPA's... terminarás muy hartito del resto de padres, verás :)
Ánimo y besosss

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, te puedo asegurar que no te vas a arrepentir. Desde un punto de vista técnico, quizá no se trate de una gran peli, pero, en cuanto a intensidad emocional, grande, muy grande. Tan grande como la Aleandro; qué actriz...

Compa Tha, si tienes ocasión de revisarla, no te prives, que no te vas a arrepentir. Y en lo que respecta a la AMPA, ¿más todavía...?

Gracias por vuestras visitas y comentarios, y un abrazo.

Nicolas Bello dijo...

Recuerdo haber visto esta película hace mucho tiempo, en el colegio, y recuerdo haber sentido un miedo más intenso que al ver una película de terror. A diferencia del terror, esto era real, había sucedido en serio y es lo que pasa cuando el Estado aplica el terrorismo. Muy buena reseña, me han dado ganas de verla de nuevo, porque no se puede olvidar.

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Muchas gracias, compa NICOLÁS, por tu amable y enjundioso comentario, y bienvenido a esta "cibercasa", en la que espero te sientas cómodo y bien surtido de contenidos de interés. Como bien señalas, éste sí que es cine de terror de verdad, por la verdad de su terror, vaya que sí. Y si mi reseña te ha servido para animarte a una revisión, pues mejor que mejor; misión cumplida.

Un cordial saludo y hasta pronto.

María Eugenia Skaf dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
PeQue.* dijo...

Me encantó la crítica. Gran película la historia oficial, y es como si hubiera estado esperando que termine la dictadura para dar el grito de celuloide. ¡Saludos!

PeQue.* dijo...

Me encantó la crítica. Gran película la historia oficial, y es como si hubiera estado esperando que termine la dictadura para dar el grito de celuloide. ¡Saludos!

paola dijo...

dónde puedo conseguir esta película? vivo hace re poco en un alquiler temporario en buenos aires y me gustaría aprender mas sobre el país en el que estoy viviendo.

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