miércoles, 24 de octubre de 2007

Afectos espaciales


Siempre me llama la atención la capacidad de generar afectos que tienen ciertos espacios: lugares, edificios, paisajes. Aunque, supongo, los afectos no los generan propiamente los espacios, sino las vivencias que en ellos desarrollamos, o que a ellos asociamos, de manera más o menos lógica, con mayor o menor fundamento. Hace unos días, me “despedía” de un edificio al que he estado acudiendo, con cierta frecuencia y regularidad, durante los dos últimos años, y al que, previsiblemente, no volveré –si es que llego a hacerlo- en mucho tiempo; es un edificio que, más allá de esa vivencia personal, tiene también para mí unas connotaciones muy especiales, vinculadas a la relación que con él guarda un familiar muy cercano –relación que hunde sus raíces en un pasado que empieza a adquirir ribetes de lejanía-. Y, al volver la vista atrás, para contemplarlo por esa probable última vez, he sentido una especie de pellizco, me he sentido raro. No ha sido la primera vez, y espero tener ocasión de sentirlo muchas veces más. Será un síntoma excelente....

9 comentarios:

e-catarsis dijo...

Discrepo querido amigo, la capacidad la tienes tú que sabes ir un poco más allá de lo meramente arquitectónico, estético, etc, etc
Pues me gusta esta nueva sección porque hijopordios yo me pensaba que eras de plástico
:P
¡¡¡¡toma ya!!!
;-)

Miriam G. dijo...

Manuel los edificios los llevamos dentro.

Un beso, Miriam G.

Oliveria dijo...

Resumen
Ese meme de los pecados: Excelentes tus respuestas y las de tus presas, aunque Tha se ha visto floja.
Buenos Aires:
A mi me pasa lo mismo, pero con tu tierra, desde pequeña sueño no solo con visitar España, sino con vivir ahí.
Edificios:
Será que la cosita llamada otoño invito a la nostalgia?

Corpi dijo...

Espacios, lugares y edificios que se van acumulando en nuestro interior y aunque no volvamos a visitarlos físicamente siempre los podremos evocar en nuestra memoria. Jodido otoño otoñal.

Manuel Márquez dijo...

Compa-e, gracias por tus elogiosas palabras; eso sí, lo de ser de plástico no sé si me ha causado más gracia que extrañeza, o más extrañeza que gracia... Nada, decidido: me echo unas risas...

Compa Miriam, nada que objetar. Como siempre, concisa y precisa...

Compa Oliveria, un placer siempre verte por estos ciber-lares; no sé si es nostalgia otoñal, llevo ya algún tiempo en que el gusanillo ese de la nostalgia no termina de encontrar en mí una manzana jugosa, pero tampoco me preocupa...

Compa Corpi, ya veo que tú también lo enfocas por la "vía otoñal", y, ya digo, supongo que no termina de ir por ahí la evocación, aunque las condiciones ambientales de ese otoño (su luz, su temperatura) siempre "achuchan"...

Gracias a todos por pasar por aquí, mis disculpas por no poder devolveros visita con la asiduidad y prontitud deseadas (pero no ando muy fino, no, a qué negarlo...) y un fuerte abrazo. Ah, y buena semana...

Thalatta dijo...

Somos tan humanos que le arrancamos sentimientos a las piedras.
(Oliveria... es el otoño, hija, y que pecar, pecar... peco poco jajajaja)
Besillos que vengo a dar un vuelta y eso

Isabel Romana dijo...

�Podr�a jurar que puse un comentario en este post, y ahora veo que no est�...! A veces me pasa esto. Recuerdo muy bien que pens� si se tratar�a de un hospital, aunque no tiene aspecto, o de alg�n lugar donde hayas trabajado durante tiempo, pero no llegu� a discernirlo bien. A veces tengo la sensaci�n de que nuestra memoria ser�a m�s pobre si no pudiera apoyarse en objetos materiales, como es �ste. Besos, querido amigo.

BUDOKAN dijo...

Todos tenemos deificios que por alguna razón nos han marcado y lo peor no es cuando desaparecen de nuestras vidas sino de la de los demás o sea cuando los cierran o los tiran abajo. Saludos!

Manuel Márquez dijo...

De nuevo, una vueltecita por aquí (que me prodigo poco, aun siendo mi blog: ay, el tiempo...).

Compa Tha, no sé si le arrancamos sentimientos a las piedras, o es a la viceversa. En cualquier caso, está claro que algún vínculo sí que hay.

Compa Isabel, te indico que el edificio, ya que te planteas la duda, es el del Colegio de Huérfanos Ferroviarios, en Madrid, calle Pirineos, 55. Actualmente, acoge a un par de universidades privadas y una residencia de estudiantes. Un edificio con bastantes años (y bastantes recuerdos, aunque no tanto propios como cercanos).

Compa Budokan, así es, tal cual lo señalas: poco más que añadir.

Un abrazo a todos, y buen fin de semana.

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