viernes, 21 de septiembre de 2007

Micro XXVIII: de lo volátil


Supongo que son pocos los escritores que, a lo largo de la historia, no han utilizado en alguna ocasión, como material literario –pocos hay con tanta y tan intensa capacidad de sugestión y evocación como éste- el de la pérdida de los referentes geográficos personales (lugares, edificios, paisajes) como fruto de los cambios acaecidos a lo largo del tiempo –la última muestra (excelente, por cierto...) que he tenido ocasión de leer, a cargo de Javier Cercas, en un artículo en El País Semanal-. Como la falta de talento y capacidades (que no de voluntad y ganas...) me impiden plantearme seriamente el intentar emular a tantos y tan ilustres predecesores en tal ejercicio, me abstendré de hacerlo como tal. Pero sí les confesaré, amigos lectores, que ayer mismo, cuando daba las rituales vueltas a mi barrio (lo de rituales es más una cuestión de vocación que de frecuencia...) a ritmo de trote suave, y, de golpe y porrazo, me encontré con una acera de menos (acera que resultaba ser víctima del comienzo de la obra de edificación de una nueva manzana de pisos; acera que mis zapatillas han pisado, rítmica y regularmente, miles y miles de veces a lo largo de los últimos ocho años, mientras contemplaba el horizonte abierto a su derecha; acera vulgar, corriente y moliente, cuajada de cagadas de perro, con los adoquines destrozados y las malas hierbas adentrándose en sus dominios, y sin el más mínimo atractivo estético...), sentí una cierta desazón. Leve, casi imperceptible, pero desazón. Todo es tan volátil.... Feliz fin de semana....

13 comentarios:

Corpi dijo...

Eso duele, verdad? El hijoputa del alcalde de este puto pueblo en el que me ha tocado vivir se ha cargado casi todos los escenarios de mi infancia para hacer horribles edifios que han llenado gentes que ni tienen ni puta idea de quién cojones pisaba los lugares donde ahora ellos moran ni puta falta que les hace porque en su puta vida se van a integrar en la puta vida de este puto pueblo. Lo siento compa pero hay cosas que me putean.

Josep dijo...

Amigo Manuel:
No nos hurtes, con la inadmisible excusa de ser incapaz, los pensamientos que el inesperado cambio en tu rutinario camino vaya a producir la llegada de nuevos vecinos.
Nos pones la miel en los labios y nos quedamos con un azucarillo.
Tienes recursos y capacidad sobrados para deleitarnos a tus seguidores y, además, queda feo, siempre, quedarse a medias.
Sirva este post como entrada y te emplazo a que lo prosigas.
Y te brindo una idea: piensa en una balanza y pon en un plato tu desazón por el cambio y en el otro, la ilusión de los que van a ser tus vecinos por su nueva casa y sus nuevos vecinos.
Quizás de ese nuevo bloque salga un compañero de correrías y ya no sientas "La soledad del corredor de fondo"
Un abrazo.

Hatt dijo...

No sólo eso. Además, pronto el recuerdo de la acera se irá difuminando y sólo quedará el recuerdo de un recuerdo. Finalmente incluso olvidarás esa acera. Tempus fuigt...

Corpi dijo...

Hola amigo, pásate por mi casa que te tengo reservada una sorpresa.

e-catarsis dijo...

Manuel que te leo algo melancólico ¿será el síndrome ese?
;-)
Es broma entiendo lo que dices y me solidarizo contigo que sepas que he empezado una pancarta de tamaño familiar a modo de reivindicación aceril y voy a ver si me inspiro y emulando a Garcilaso le compongo una égloga en condiciones a tu acera perdida ( total no hace falta inspiración para emular al poeta...)
...vamos por la sonrisa de un amigo lo que haga falta...
:))

Thalatta dijo...

Y yo ando mirando la foto esa que has puesto que me suena un montón y no acierto a ponerle nombre.
Todo pasa y todo queda, solo que hay veces que las transformaciones remueven algo más que tierras.
El fin de semana pasó y ya estamos en lunes, así que ahora... ¡feliz semana!

Miriam G. dijo...

¡Máldito Otoño! La culpa de todo la tiene el otoño.

Un beso, Miriam G.

Oliveria dijo...

mmm. . .y yo que ya ando casada y toda la cosa y aun no dejo la casa paterna, y ya tengo una tremenda nostalgia, de sus calles anchas y silenciosas. . .

Isabel Romana dijo...

A veces esos cambios, aunque sean para mejorar, nos dejan un cierto regusto triste. ¿Será que también sirven para contar el tiempo? Besos, querido amigo.

Joan dijo...

Pues a mí me ha recordado una situación que se repite con frecuencia en el interior de mi maltrecho cerebro. Cuando veis un edificio en construcción en vuestro barrio, ¿no os pasa que no recordáis que había antes allí? ¿Ah, no? Pues... nada, eso.

PS: Compa, dentro de un año, relees tu post y a ver si te acuerdas de la acera.

Manuel Márquez dijo...

Por partes, que si me lío con todo a la vez, me atragantaré (no está uno ya para ciertos cibertrotes...).

Compa Corpi, no se me ocurre qué puto comentario podría rebatir tus putos argumentos ante tan puta situación. Que vaya putada, desde luego. Y vaya mi admiración por tu contundencia: a los que somos más bien de la rama "paños calientes", siempre nos produce una cierta admiración la actitud de gente como tú... Y en cuanto al regalito, te reitero el agradecimiento que ya te expresé en tu blog, y me lo apunto en la carpeta de "tareas pendientes" (esa tan gorda que nunca va hacia abajo, siempre hacia arriba: ains...).

Compa Josep, tengo que agradecer tus palabras, por lo elogiosas, lo cariñosas y lo estimulantes, todo a la vez (que no es poco, ni sencillo). Pero de ahí a creerme todo lo que me dices, aún va un cierto trecho, amigo. No me comprometo a darle continuidad al hilo, pero, al menos, me lo pensaré. Aunque, no sé, quizá mejor así, breve (con el trabajito que nos cuesta hacerlo así, breve, para una vez que sale, y solo...).

Compa Hatt, así es, tal cual lo señalas. Así funciona, aunque parezca increíble. No sé si es el tiempo el que se fugit, o somos nosotros los que lo hacemos, pero la resultante práctica, está claro, viene a ser la misma (para cada cual, por supuesto...).

Compa-e, melancolías, las justas, esos son vicios de burgueses que un tío medio proleta (aunque sea de la rama despacho calentito-fresquito...) como yo no se puede ni se quiere permitir. Pero, desde luego, te agradezco el esfuerzo por provocarme las risas: touché, y da la misión por cumplida, que nada más que con el palabro ese, égloga (qué preciosidad de palabra, por cierto), ya lo has conseguido... ¿Y cuándo te vas de vacaciones?¿Nunca?¿Tus vacaciones son una leyenda urbana, una engañifa blogueril...?

Compa Tha, que ya no estamos a lunes, que ya es miércoles. Y la foto es de la Isleta del Moro, vista desde la playa de los Arcos (o los Escullos, que por los dos nombres se la conoce), en el Cabo de Gata, Almería. El paraíso terrenal, pero aquí, cerquita, en la tierra; todo un lujo...

Y ahora dentro de un ratito sigo (buf, buf, buf...).

Manuel Márquez dijo...

Y vamos con los restantes...

Compa Miriam, no sé si culpar al otoño: está claro que es una excelente cabeza de turco, no se va a quejar, no va a objetar nada, no acudirá a ningún tribunal pidiendo amparo, ni pedirá que la prensa lo trate con respeto. Pero, aún así, no termino de tenerlo yo muy claro, no...

Compa Oliveria, ay, la nostalgia de la casa de la infancia: supongo que ésa es imposible de dejar atrás, nos acompaña para el resto de nuestros días. Pero tampoco creo que sea algo negativo, si conseguimos que la impregnación no sea como la de la ponzoña de la serpiente: paralizante y atontadora. Cuestión de equilibrios. O sea, difícil. Gracias por volver por aquí, una vez más...

Gracias también a tí, compa Isabel, por los besos y por la reflexión, tan breve como certera. Así funciona ese invento, desde luego que sí...

Compa Joan, acertada reflexión también la tuya, y en la línea de lo que Hatt apuntaba. La verdad es que acojona un poco una constatación como esa que señalas, pero es que difícilmente funciona de otra manera (supongo que salvo contadas excepciones, claro...). Intentaré acordarme dentro de un año, y contarte que, efectivamente, ya no me acuerdo de la acera. Como de tantas otras aceras...

Muchísimas gracias a todos por estar ahí, engalanando esta cibercasa, y un abrazo.

BUDOKAN dijo...

Hola, veo que te han cambiado algo del barrio y no te avisaron. Es muy cruel cuando nos cambian negocios de referencia y construyen edificios dónde habían plazas. Creo que cada vez es más difícil retener mentalmente el paisaje urbano. Saludos!

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