martes, 7 de agosto de 2007

Grageas de cine XXXVIII: a propósito de... La chica de París (Une hirondelle a fait le printemps; Francia, 2001)


Como reza el refrán en que se basa el título original de esta película, una golondrina no hace primavera, pero una historia hermosa, sencilla, poco pretenciosa y bien contada, sin aspavientos ni excentricidades, sí que puede dar soporte a una excelente propuesta fílmica.

Christian Carion así lo hace con esta película, que desarrolla una trama ciertamente muy explotada (la del choque de las culturas urbana y rural, escenificada a través de la relación entre una exitosa y atractiva joven profesora de informática que decide abandonarlo todo, marcharse de París y afrontar una nueva experiencia como granjera y promotora de turismo en la naturaleza, y un viejo granjero, ya en vías de retirada, que, no sin ciertos reparos, le vende su explotación agrícola, pero aún deberá permanecer viviendo en la misma durante un tiempo, hasta tanto pueda trasladarse a su nuevo domicilio en la ciudad), pero con la particularidad de que lo hace, no a través de la exacerbación de los contrastes (ni ella –una bellísima y (sorprendentemente) solvente Mathilde Segnier- es una urbanita histérica a la que los avatares naturales exasperan o descolocan –aunque sea una parisina con todas las de la ley-, ni él –el veterano Michel Serrault, en la enésima demostración de su impresionante talento- es el típico mendrugo resabiado y cascarrabias que pretende hundir a la fina chica de ciudad a base de pullas e indiferencia –aunque algo de ello llega a exhibir en algún momento puntual-), sino de una manera mucho más sutil, mediante un acercamiento muy suave, casi imperceptible, que se va produciendo a través de episodios concretos que van sirviendo para anudar unos lazos que, aunque nunca a llegan a ser demasiado profundos (una “caída a plomo” tampoco hubiera resultado creíble, en el contexto trazado para el desarrollo de la relación entre ambos personajes), sí que ponen de manifiesto cómo, en el territorio de lo humano, desde un prisma de optimismo existencial (y la visión que nos ofrece la película, desde su realismo, es manifiestamente “buenista”, a qué negarlo...), siempre termina pesando más aquello que nos une que aquello que nos separa.

Unan a esta tierna y hermosa historia de amistad fraternal intergeneracional e “interprofesional”, sin más almíbar del estrictamente necesario para endulzarnos ligeramente el paladar, una puesta en escena sobria, contenida, con un ritmo despacioso, pero no por ello cansino (y de un perfil “elegantemente francés” que tumba al suelo, de puro reconocible...) y una generosa utilización de unos escenarios naturales grandiosos y espectaculares, en plenos Alpes franceses, en los que la luz cobra un protagonismo absoluto (y maravilloso: todo el film irradia una luminosidad especial, que baña la pantalla en toda su superficie), y tendrán eso que arriba les apuntaba: una película que, sin pretensión alguna de grandiosidad, atrapa, cautiva y deja al espectador con una suave sonrisa arrugando la comisura de sus labios.

A mí, al menos, así me dejo. ¿Y a ustedes? Véanla, y me cuentan....
P.S. pocos días después de ver esta película -y escribir esta reseña-, tengo noticia del fallecimiento de uno de sus protagonistas, Michel Serrault. Sirvan estas líneas como humilde nota de homenaje a quien no ha sido objeto del clamor generalizado que sí han suscitado -no sin su punto de lógica- las muertes recientes de dos grandes como Bergman y Antonioni...

5 comentarios:

e-catarsis dijo...

No la conocía (sigo en el tajo...hasta Octubre nada de nada o poco de poco), pero me gustan esas historias que discurren suaves como en general discurre todo (afortunadamente...cuando discurre suave); supongo que llevas razón al decir que es más sencillo al final acabar entendiendo..se que lo contrario ( aunque vivamos instalados en un permanente estado de crispación fomentado por A, B, C y X) pero al final yo quiero creer que la distancia más corta entre dos puentos es la línea recta ( o eso dicen los que entienden) y que es por ahi por donde van las cosas
...¿a que estoy de un conciliador que dan ganas de vomitar?...
Besos querido amigo
YO ;-)...que alguien tiene que hacer las carreteras ¿no? :P...o las vías...bueno ...lo que sea
;-)
PD Me la apunto...una más...tengo colección de todo, uno de estos días amenazo con tomar la decisión de encerrarme tres años y pornerme al día, sólo dejaré un agujero por donde como a los cautivos me pasen un poco de pan y agua...¡¡¡LO JURO!!!
;-)

Manuel Márquez dijo...

Pues sí, compa-e, habré de confesarlo, estás de un conciliador que asusta, pero no te haré ningún reproche, porque, siendo la única comentarista de esta reseña (y con serios visos de conservar el galardón...),no voy a andar encima poniéndome melindroso. La peli merece la pena, y bastante, aunque tampoco te hayas de esperar algo grandioso; de todos modos, ojalá hubiera muchas como ésta (y menos como otras que ya sabemos...).

Un abrazo.

P.S. que te sea leve el recorrido hasta octubre (así te libras del síndrome; ya hablaremos de él...); ah, y me ha gustado la idea del encierro trienal: si te parece bien, ya hablamos sobre la posibilidad de turnarnos en la celda y demás...

e-catarsis dijo...

Si sigo acumulando deudas me va a dar un ataque,pero...está bien ya hablamos ( conciliadora y comprensiva...esta no soy yo...ains)
:P

Salgo a buscarme que estoy de un "pastel" que no me gusto un pelo
;-)

Thalatta dijo...

Bueno... bueno... aquí vengo yo a romper el tándem. Pero solo para decir que también me la apunto que tiene buenísima pinta y mira... como que me han dado ganas de irme al campo y hacerme granjera, claro que lo de comprar los terrenos... pufff.
Besillos a los dosss

Manuel Márquez dijo...

Qué alegría verte también por aquí, compa Tha, por esta reseña tan desangelada, con tan poquitos comentarios, pobrecita ella... cierto es que la peli incita a eso que tú apuntas, a largarse al campo y montar una granja (sin por eso resultar ingenuamente bobalicona, que tampoco es eso...). De veras que me sorprendió y sí, te la recomiendo vivamente, desde luego, a tí y a todo aquel que disfrute con las pelis de corte sencillo...

Un abrazo.

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