jueves, 12 de julio de 2007

EL COMPROMISO (THE ARRANGEMENT; U.S.A., 1969)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Eddie Anderson es un actor televisivo que, a esa edad en la que la vida marca su último paso fronterizo, se halla en la cúspide de su carrera, tanto personal como profesional: casado con una hermosa mujer, y rodeado de toda suerte de lujos y comodidades (una hermosa casa, un veloz y potente coche, ropa y complentos de marca...), triunfa por todo lo alto en varias series televisivas, y su voz es una presencia constante en todas las emisoras de radio del país, gracias a una campaña publicitaria de una conocida marca de tabaco. Un día, mientras se dirige por la autopista al estudio de televisión, se abalanza con su coche bajo las ruedas de un camión, intentando suicidirse: Eddie no ha podido soportar la presión y sucumbe a una fortísima crisis, en la que se cuestionará todo, su trabajo –del que reniega-, su familia –pretende separarse de su mujer, pero es incapaz de dar un paso adelante en ese sentido- y su vida afectiva –comienza una relación con una mujer bastante más joven (e inestable emocionalmente) que él, la bella y turbia Gwen, la cual, lejos de ayudarle a superar sus dudas, le hundirá aún más en su particular descenso a los infiernos...-.

RESEÑA CRÍTICA.-

Probablemente sea Elia Kazan uno de los cineastas a los que una circunstancia no estrictamente cinematográfica, aunque estrechamente vinculada a ese mundo, cual fue, en concreto, la del papel que desempeñó en ese penoso episodio que fue la “caza de brujas” del senador McCarthy, haya podido condicionar más en cuanto a su consideración y valoración por la crítica.

En cualquier caso, y más allá de dicha circunstancia, ni siquiera sus más acérrimos detractores en lo tocante a su catadura moral (o, al menos, a lo que de ella cabía colegir a la vista de su forma de proceder en ese episodio), han dejado de reconocer a Kazan como uno de los más grandes directores de Hollywood, y, como tal, autor de un buen puñado de excelentes películas (en algún caso, auténticas obras maestras).

Cabía esperar (o, quizá para ser más precisos, habría sido deseable) que el colofón a tal carrera lo hubiera puesto, si no otra obra maestra del calibre de algunas de sus predecesoras, sí, al menos, un digno exponente de sus capacidades autorales. Tristemente, no fue éste el caso.

El compromiso, la última película de Kazan, quizá contagiada o imbuida de los aires de baja calidad, en general, de sus coetáneas (de las cuales, ciertamente, constituye un cumplido paradigma), es un auténtico baldón en su filmografía, indigna de ser comparada con la inmensa mayoría de sus anteriores films y, si se contempla con la perspectiva del tiempo transcurrido desde su realización, se aprecia bien a las claras cuánto y cuán mal ha envejecido.

Se trata de una película que, muy en línea con planteamientos argumentales muy en boga en esa época, pretende reflejar la crisis existencial(ista) de un hombre de éxito, Eddie Anderson (interpretado por un veterano en sazón, Kirk Douglas) que, en el cenit de su trayectoria vital, tanto en lo profesional (triunfa arrolladoramente como actor televisivo) como en lo personal (nada en la abundancia económica y está casado con una bellísima y encantadora mujer), se rompe ¿inexplicablemente? y cae en las garras de la más profunda de las desorientaciones posibles, a la que tratará de dar salida mediante diversas huidas hacia delante (intenta suicidarse, se vuelca en una relación intensamente carnal con una joven de vida desordenada...) que nunca llegan a cuajar.

Hasta ahí, todo parece disponerse positivamente para un desarrollo de interés, con posibilidades para un juego dramático más que jugoso. Y, de hecho, mientras el film se desenvuelve por esquemas narrativos digamos que convencionales, su resultado no es excesivamente descorazonador (no es brillante, pero tampoco es nefasto). El problema –y grave- surge cuando Kazan se dedica, cual chjco díscolo, y de manera tan torpe como deslavazada, a introducir, a modo de “cuñas”, diversos elementos de corte psicodélico y/o experimental de lo más variopinto (desde dibujos animados a ralentizaciones de imagen, pasando por las más diversas deconstrucciones sonoras –como ese anuncio machaconamente repetido, al más puro estilo Revolution # 9, de Beatles- y visuales), pero también de lo más inoportuno, extemporáneo y estrambótico: siempre en el peor momento, siempre sin el más mínimo sentido de respeto por el ritmo narrativo. Con ello consigue que la película quede fenomenalmente bien en su faceta de “hija de su tiempo”, pero la arruina sin remedio alguno: falla la continuidad y se pierde el hillo de la historia, sin que, en contrapartida, tales experimentos nos proporcionen nada sustancioso.

Siendo ése, como ya se señalaba, el más grave, no es el único defecto de bulto de la película. Hay aspectos de definición de los personajes trabajados bastante burdamente (hacer de Eddie Anderson un auténtico atleta sexual llega a resultar casi patético), y, en ese terreno, se lleva la palma, y con diferencia, el personaje de la esposa del protagonista: ver a toda una gran dama de la historia del cine, como Deborah Kerr, haciendo ese “papelón” tan tremendamente infumable (y, para más suplicio, ser consciente de que ésta fue su última aparición en la pantalla grande...), es, lisa y llanamente, de juzgado de guardia. Sólo Faye Dunaway logra sobreponerse, auque sea mínimamente, al desastre general, y más posiblemente por lo impactante de su presencia física (deslumbrante, en todo su esplendor y lozanía juveniles) que por la consistencia de un papel y una interpretación que tampoco son como para ir exhibiendo por las escuelas de cine...

Sinceramente, me hubiera gustado poder escribir una reseña de muy distinto cariz y tono, y nada más lejos de mi intención que la de hacer un dibujo excesivamente destructivo, agrio o catastrofista. Pero, creanme, si algún día han de acercarse a la obra de Kazan, háganlo alejándose cuanto les resulte posible de este penoso final: un broche de cualquier cosa que en nada se parezca al oro...

13 comentarios:

Josep dijo...

Acertadísima crítica que comparto por entero. Es curioso que algunos buenos directores hayan finalizado su carrera con una película que no les hace justicia y, ciertamente, suele ocurrir en esa década post-mayo-del-sesentayocho, cuando el estar "al día" implicaba una serie de conceptos que, más de treinta años después, han envejecido muy, pero que muy mal, estéticamente hablando, como la psicodelia y el llamado pop-art.
Diría que lo único bueno de esa época, aparte del Mini-Morris, fue el invento de la minifalda...:-))
Recuerdo haber visto esa película hace años, en el cine -veterano que es uno- y recuerdo perfectamente lo mucho que me aburrió...
Me sorprende la delicadeza con la que has despachado el asunto, amigo Manuel, después del mal rato que habrás pasado viéndola.
Un abrazo.

Silvia García dijo...

Uhm... Creo que el emule me llama a gritos, muy interesante. Nos leemos!

apesardemi dijo...

Otra película que vi hace un cerro de años. Apenas la recuerdo pero si me viene a la cabeza que me de alguna manera me desilusionó.

Excelente crítica-reseña de la cinta ;)

Abrazos.

alicia dijo...

Lo que mas recuerdo de esa película es lo hermosísima que estaba Faye Dunaway (que nunca estuvo mas bella). A propósito, Manuel, la última película de Kazan fue El último magnate, también fallida, por cierto.

Manuel Márquez dijo...

Compa Josep, muchísimas gracias por tus cariñosas y elogiosas palabras (sé que lo segundo deviene más de lo primero que del propio mérito...). Y muy atinadas tus reflexiones y aportaciones, para completar las mías; no me extraña que te aburriera, la peli es un auténtico latazo. En cuanto a la delicadeza, no sé, supongo que es cuestión de eso que ahora se suele llamar talante, no me gusta hacer sangre con nada, o casi nada (aunque, a veces, cuesta trabajo aguantarse...).

Compa Silvia García, curioso invento (otro más del maligno) ese vuestro del videochat. Bienvenida a esta casa, y, si tienes ocasión de ver la peli, ya nos contarás: aquí siempre tienes la puerta abierta (eso sí, espero que te guste más que a mí).

Compa Apesar, gracias también a tí por tus elogiosas palabras. Y he de insistir, no me extraña que te aburriera, la peli es para dormir a las ovejas...

Pues tienes razón, compa Alicia, tirando de la "biblia IMDB", compruebo que estás en lo cierto, no fue ésta la peli con la que Kazan cerró su filmografía, sino ésa que tú apuntas (pero que, según cuentas, tampoco anduvo muy allá). Y sobre lo hermosísima que estaba Faye Dunaway tampoco (sin necesidad de "ratificación IMDB"...) tengo nada que objetar.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.

Un abrazo y buen fin de semana.

Corpi dijo...

No sé por qué, pero me da a mí que a ti te gusta mucho el cine. ¿no? No sé de dónde me lo saco, pero yo diría que sí, que debes de haber visto por lo menos una o dos películas en tu vida. Ya ves, intentos de visionario de uno.
Un saludo y me alegro que te haya gustado el cuento.

Thalatta dijo...

No recuerdo nada de esta película (bueno con 5 años no creo que me llevaran al cine a ver esto), así que me da que no la he visto (¡ni en ela tele!) y no se yo por qué... pero... posiblemente no la veré nunca :)
Una lástima lo de la Kerr, ¡jo!
Besos sin compromiso

BUDOKAN dijo...

Recuerdo haber visto este film en la tv hace mucho tiempo y lo había olvidado completamente. Tu análisis me lo refrescó y además resaltó que me había parecido algo extraño. Saludos!

e-catarsis dijo...

Pues esta no la he visto aunque de Kazan si que he visto varias y mi preferida es "La ley del slencio", aunque por otra parte hay cosas que comentas que me disparan la curiosdad, ya sabes que nadie escarmienta en cabeza ajena, así que me la apunto para buscarla ¿elementos psicodélicos?...hum tengo que ver eso
Es lo que pasa cuando haces una crítica que hay veces que de lo negativo surge una cierta curiosidad aunque sea sólo para más tarde darte la razón ;-)
..en fin...
Saludos compa :))

Manuel Márquez dijo...

Compa Corpi, sí que me gusta, sí, para qué voy a negarlo, si me vas a pillar igual en el renuncio... Eso sí, tantas, tantas, tampoco he visto (y a las pruebas me remito, sección de blog incluida): son mucho más clamorosas las ausencias que las presencias. En cuanto al cuento, ya habrás podido comprobar que no es una "ventolera" mía: le ha gustado mucho a mucha más gente; por algo será...

Compa Tha, mejor que sigas las pautas de compa-e, y no te fíes de lo que te digan (ni yo ni nadie): la ves, y así ya opinas con fundamento. De todos modos, yo sigo pensando que, sin verla, tampoco te pierdes nada del otro jueves. Y, sí, lo de la Kerr, una "putadita" completa (pero no es la única: la historia del cine está llena de episodios tan tristes como éste, o peores; es lo que tiene aquello de que hay que pagar las facturas...).

Compa Budokan, puede que sea esa palabra, "extraño", la que defina mejor cómo es realmente esta peli, un pelín rara, sí, señor...

Compa-e, La ley del silencio, peliculón total, vaya que sí... y sobre el hecho de que la veas, y juzgues por tí misma, creo que es lo mejor: siempre he pensado (incluso cuando he escrito de una peli en concreto una reseña demoledora -y, en alguna ocasión, lo he hecho, no he podido (o querido) evitarlo-) que la opinión de cada cual se la ha de formar cada cual; la crítica es sólo un elemento, uná guía, una referencia, pero nunca un sustitutivo. Creo, vaya... Ah, y lo de las psicodelias resulta llamativo, pero, en el contexto de esta peli, un pelín "desubicado": quedaban más molonas en los programas de Lazarov...

Un abrazo (y muchas gracias a todos por comentar...).

Laura Hunt dijo...

Pues no he visto la película que comentas, Manuel, aunque por lo leído no me he perdido gran cosa. De todos modos, si algún día la pillo en algún canal de televisión, le echaré un vistazo, aunque solo sea por curiosidad, y porque, al fin y al cabo, siendo de Kazan algo bueno tendrá (al menos el reparto, que es espectacular).

Lo cierto es que los sesenta fueron años de inflexión en la industria cinematográfica, el viejo sistema de estudios desaparecía y grandes directores clásicos, que siempre habían gozado del beneplácito de la crítica y del público, de repente veían que sus películas ya no intersaban. Algunos intentaron adaptarse a las modernidades de la época con resultados un tanto... desafortunados, por así decirlo.

En fin, la vida es así...

Un saludo!

Manuel Márquez dijo...

Amiga Laura, una alegría verte de nuevo por aquí.... Ciertamente, no te pierdes gran cosa si no ves la peli, aunque, desde luego, siempre es preferible verla y sacar conclusiones por tí misma. En cuanto al análisis genérico que haces de la situación del cine en las postrimerías de los 60', creo que es bastante acertado: así fueron, a grandes rasgos, las cosas...

Un abrazo.

petter dijo...

Compa Apesar, gracias también a tí por tus elogiosas palabras. Y he de insistir, no me extraña que te aburriera, la peli es para dormir a las ovejas....

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