lunes, 18 de junio de 2007

Micro XX: Ley de Cine (más madera...)


Cuando los dos sectores (productores/distribuidores y cadenas de televisión) que más lanzas habían blandido contra la misma, parecían ya haberse aquietado y tranquilizado –previos los oportunos retoques para acercar el texto legal de marras a sus posiciones sobre el particular-, surgen nuevos colectivos –ahora, los exhibidores y los actores- lanzando sus quejas –huelga de cines incluida, en el caso de los primeros- contra la Ley del Cine. En particular, los exhibidores pretenden la eliminación de la cuota de pantalla, en virtud de la cual se les obliga a programar un número determinado de títulos españoles y/o europeos en sus salas; una exigencia que les parece inadmisible por los perjuicios que les genera desde un punto de vista comercial (parece ser que las imposiciones de las grandes distribuidoras filiales de las majors hollywoodienses –contratación por paquetes- no les hacen tanto daño; paradojas del negocio, supongo...).

No hace mucho que ya dedicaba un artículo más extenso a este tema. Complicado tema, por cierto. Soy un ferviente defensor del cine español, y entiendo que, como producto cultural, y no estricta o meramente comercial, una de las obligaciones de la Aministración es la de proteger su difusión, y tomar medidas que incentiven y apoyen la misma. Pero también soy consciente de que, desde la perspectiva del sistema económico en el que nos movemos, y por poco que me gusten muchas de las piezas de su armazón (pero ésa es harina de otro costal...), es díficil justificar una medida de este tipo (por mucho que se pueda argüir que es una medida extendida en todos los países europeos de entorno, o que está vigente desde hace muchísimos años; ya saben, aquello del coma tal, millones de moscas no pueden equivocarse y tal y tal...). Al fin y al cabo, también adoro el vino de Rioja; y también entiendo que todos podemos convenir en que se trata de un producto que, más allá de su condición mercantil, tiene hondas connotaciones culturales y sociales, y no por ello se entendería fácilmente que, mañana, un decreto del Ministerio de Agricultura obligara a los hipermercados a colocar un porcentaje x de botellas en sus estanterías. Eso sí, el vino de Rioja se vende divinamente sin necesidad de “cuotas de estantería”, lo cual significa que igual habría que analizar por qué, y, sobre tales consideraciones, abordar la cuestión de qué podemos hacer con nuestro cine para que resulte comercialmente atractivo (como el francés, por ejemplo), sin necesidad de cuotas (aunque el francés, por cierto, sí que las tiene, oh, là là...).

Supongo que habrá que buscar fórmulas imaginativas: circuitos de difusión alternativos para determinadas películas catalogadas de una cierta manera; subvenciones directas; fórmulas de cuota de pantalla más aquilatadas (en función de sesiones, días de la semana, salas, etc...). Pero está claro que cualquier medida, o paquete de ellas, que no dé satisfacción a todas las partes implicadas, está destinada, si no al fracaso, sí a constituir un mero parche, no una solución. A seguir trabajando en ello tocan...

12 comentarios:

Corpi dijo...

¿Por qué si los de las salas de cine quieren que se oigan sus reivindicaciones no hacen la huelga un domingo que las salas se llenan a rebosar en vez de un lunes que sólo van las limpiadoras?

e-catarsis dijo...

A mi esta cuestión me suscita sentimientos encontrados, por una parte creo necesario que el Estado ayude , fomente, se enrolle, financie en general cualquier manifestación cultural made in spain...que para eso es el Estado y para eso esto es Spain y porque mal vamos si no estamos de acuerdo con eso pero claro es que en Spain todos "semos" más papistas que el Papa ( lo sabré yo...).
La cultura de un país y el cine forma parte de ella, es como decirlo el ADN común a todos y "very important" ( ahhhhh ¡¡blasfema!! "común" ahí le duele)
Por otra parte entiendo que a un empresario lo que más le apetezca en este mundo sea ganar perras, euros, dollars y/o libracas ( caras ellas)
También veo porque...señoras y señores YO voy al cine, que cada vez es más raro un "lleno" de sala y...que es más raro aún que este lleno lo provoque una cinta made in Spain...yo empezaría por ahí señores muy sabios ( y mira que a mí me gusta ir a ver pelis españolas pero...el gusto mío y el de muchos está hecho a medida del cine made in USA ¿por qué? ...ni flowers powers, o sí pero de eso hablamos otro rato)
Luego estan los dineros, y es que claro se nota mucho cuando hay dineros en una peli de por medio...pero vamos que mucho mucho, aquí es donde papi Estado debe enrollarse un poco más
Y luego claro como no está esa singularidad made in Spain de la muerte que resumiríamos en la frase "..si es español...es malo"...esto no veas como me irrita

De manera que con tanto esparto el canasto me ha salido un poro raro, pero que vamos esto es un poco de todos, la cuota la veo necesaria, es obligación del Estado echar una mano a nuestras cosas ( el Rioja querido Manuel es que se vende solo...cuestiones de paladar igual más comunes ;-) pero el ejemplo es bárbaro), aunque por otra parte me produce cierto cosquilleo no identidicado el tema de las medidas proteccionistas discriminatoriamente positiva hablando...es la vanidad-contestataria que esta vez me ha podido

Besos made in Spain y ¡ole!...pues no hay tema que marear...
...y seguimos al ataque...

Florinda Chic dijo...

Tema peliagudo este. Ayer lo discutimos en mi trabajo y una señorita argumentaba que prefería que se ayudase a las mujeres maltratadas que se subvencionaran películas. ¿qué iba yo a contestar a este argumento? cualquier cosa que hubiera respondido se iba a volver en mi contra.
Y a mí también me plantea sentimientos encontrados pero la gran cuestión es: ¿por qué la gente no va a ver cine español? y por otra parte sí veo necesario apoyarlo como parte del patrimonio cultural.

Miriam G. dijo...

A lo mejor alguna paja mental menos y una pizca más de buen cine ayuda.

Un beso, Miriam G.

Patri dijo...

Falta buen cine y no estaría mal que estuviese más barato (por lo menos en mi tierra te sacan un ojo)

Besotesssssssssss

BUDOKAN dijo...

Tema bastante complicado que luego de leer un poco este y otros blogs recién comienzo a comprender. Ahora la solución no parece fácil. Saludos!

Manuel Márquez dijo...

Compa Corpi, atinada tu apreciación, aunque también supongo que entenderás que, como de lo que se trataba era, mediante una acción testimonial, de hacer ruido (algo que creo que han conseguido, y sobradamente, porque la repercusión del tema en los medios ha sido altísima...), y no de arruinar la cuenta de resultados, la opción estaba clara. En ese sentido, y desde una perspectiva estratégica, creo que los "cineros" lo han hecho estupendamente: máxima ganancia con el mínimo coste (eso que, en economía, se llama buena gestión...).

Compa-e, compa-e, con tal profusión (y tino) de argumentos, poco me dejas que añadir. Entiendo que, por los canales a los que apuntas (subvenciones, o ayudas del tipo que sea, a la producción), podría ir buena parte de la solución del problema, pero, aún así, seguiría siendo complicado.

Compa Florinda, con todos mis respetos hacia el planteamiento de tu compañera, creo que no es ésa la cuestión. Eso es lo mismo que si me dices: dinero público, ¿para cines o para hospitales? Pues manda cojones, para hospitales, faltaría... Pero no se trata de eso, sino de, partiendo de la base de que hay un dinero público para cultura, cómo podemos conseguir que rinda, en materia cinematográfica, el máximo fruto. ¿Que por qué la gente no quiere ver cine español? Por una cuestión de tradición histórica, presión publicitaria, tópico asumido y falta de trabajo educativo y promocional al respecto; de los cuatro puntos, el primero será cuestión de tiempo, pero en los otros tres, por ejemplo, sí que se puede trabajar, y mucho, con dinero público.

Compa Miriam, a lo que planteas, con la concisión y contundencia habitual, poco puedo objetar, porque tiene su buena dosis de fundamento. Pero no olvides tampoco cuantísima basura (y de qué calibre...) de cine hollywoodiense se estrena todos los años en salas comerciales: ¿a ésos no les podemos exigir talento y calidad, hay que tragarlos tal cual...? En fin...

Compa Patri, el precio de las entradas; no te digo yo que no sea, también, un problema -hasta cierto punto-, pero es algo que afecta al cine, en general, no sólo al español (aunque, posiblemente, también se podría pensar en algún sistema de subsidiación de entradas para las pelis españolas, por ejemplo...).

Compa Budokan, si has hecho una lectura en múltiples fuentes, te habrá venido muy bien para poder contemplar perspectivas variadas, y eso siempre es bueno. Y llegar, desde ahí, a la conclusión de que se trata de un tema complicado, es algo en lo que todos podemos convenir, desde luego...

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, enormemente enriquecedores (como siempre, vaya...).

Y un abrazo, claro...

Miriam G. dijo...

A esos Manuel, yo es que no voy a verlos, nunca he ido.

Un beso, Miriam G.

Thalatta dijo...

Nada... nada... y ya que vamos de vinos, esto es como si somos del Somontano y nos encontramos en la mesa de un restaurante de allí un vino de rioja. Si nosotros mismos no promocionamos nuestro cine nadie nos lo va a hacer.
En cuanto al precio de las entradas... si además le añadimos las consiguientes chucherías y bebidas varias me encuentro con que una tarde de cine me cuesta alrededor de los 50€. En fin... :)

Manuel Márquez dijo...

Compa Tha, poco (o nada) que objetar a lo que planteas; en cuanto al tema "presupuestario", está claro que, a día de hoy, una tarde de cine con varios críos puede suponer un auténtico estropicio, aunque en eso también influye el hecho de que nos hemos hecho ya a una "pauta de funcionamiento" sobre la cual no parece haber alternativa (y, ojo, que no lo digo como reproche a ajenos, que yo soy el primero que no se mete en la sala sin ir "debidamente pertrechado"...).Así pasa lo que pasa: que las salas, realmente, facturan más por las chucherías que por las entradas...

Un abrazo.

Josep dijo...

Sacado de los diarios:
Comunicación | miércoles, 20 de junio de 2007 | Página 11
La Vanguardia Edicion Impresa

Subvencionar un cine español que no gusta


MARTÍN ZURIAGA - Por fin el Gobierno ha aprobado el proyecto de ley del Cine para su tramitación en las Cortes. Una ley que nace con el beneplácito de casi todos los sectores involucrados, algunos de ellos, como las televisiones y los productores, casi irreconciliables. Sólo los exhibidores han rechazado el texto del Gobierno, y lo han hecho con la misma dureza con la que tradicionalmente lamentaban las televisiones su obligación de destinar el cinco por ciento de sus ingresos brutos a la financiación del cine español.

Una semana después de su aprobación en Consejo de Ministros, la empresa Sigma 2 publicaba una encuesta sospechosa de oportunismo que venía a ratificar lo que todo el mundo sabe: que el cine español no gusta, que el público no lo ve porque se aburre y que, por supuesto, no está dispuesto a subvencionarlo. Esa es la cruda realidad del cine español, que sólo interesa a los agraciados por las subvenciones.

La encuesta es rotunda: el 58% de los españoles consideran que el cine español es mediocre o nada interesante y el 66% afirma que sus películas preferidas son de nacionalidad estadounidense. Los autores del trabajo afirman que este estudio recoge los intereses de los no representados en el proyecto de ley: las personas que van al cine, es decir, los que deberían tener la última palabra. Los jóvenes entre 18 y 29 años, con estudios medios o superiores e ingresos altos, son los que más lo rechazan y precisamente los que más acuden a las salas.

La Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (Uteca), el grupo de presión de los operadores de televisión, ha protagonizado un cambio radical en sus manifestaciones sobre la obligación de financiar el cine con un 5 por ciento de sus ingresos brutos anuales. Las cadenas comerciales han puesto hasta ahora el grito en el cielo ante lo que consideraban un impuesto injusto. "No se puede obligar a un sector privado a invertir en otro sector privado", afirmaba en abril, y por enésima vez, el secretario general de la asociación, Jorge del Corral.

Mes y medio después, con la aprobación del proyecto de ley en caliente, algo ha cambiado: "Todos queremos que España tenga una industria audiovisual poderosa y exportable, y en ella el cine es una parte no menos importante, que las televisiones no descuidarán, como han demostrado sobradamente estos años", declaraba optimista Jorge del Corral.

La razón: el texto remitido a las Cortes no incluye una disposición del anteproyecto de ley que obligaba a las televisiones a invertir no un 5, sino un 6 por ciento. Un nuevo logro legal de las televisiones, aunque de momento seguirán aportando el 5 por ciento, al menos hasta que el Tribunal Europeo de Luxemburgo se pronuncie.

En cambio la Federación de Cines de España (FECE) ha declarado que el anteproyecto de ley del Cine aprobado en Consejo de Ministros criminaliza y margina a las salas con imposiciones sin ningún tipo de compensación, empujando así al sector a la crisis. Temen, aunque no lo dicen directamente, que se les queden vacías las salas y, puestos a pagar el pato, exigen un lógica compensación. De momento se han declarado en huelga.

Para la FECE, esta ley no protege y fortalece al cine español, sino que lo debilita ante las producciones internacionales. Se trata de una norma "hecha para perpetuar un sistema de financiación basado en las subvenciones públicas para los productores" que, al mismo tiempo, "permite el abuso de dominio de las majors de Hollywood sobre las salas de cine españolas".

Manuel Márquez dijo...

Gracias, amigo Josep, por la interesante aportación de un artículo bastante completo sobre el asunto, muy ilustrativo. En cualquier caso, hay cuestiones bastante paradójicas: a los españoles no les gusta el cine español; no lo ve, pero no le gusta. O sea, que a mí tampoco me gustan las tetas de mi vecina (total, como tampoco las veo...). Curioso... Por otro lado, a mí el peso de las encuestas como elemento sobre el que fundar decisiones en materia cultural, me resulta muy relativo: con ellas en la mano, habría que cerrar las bibliotecas y las librerías (más de la mitad de los españoles no coge un libro ni para calzar una mesa...), o habría que incrementar el espacio reservado a los programas del corazón en las televisiones públicas (el tomate y sus allegados tienen el doble de audiencia que los documentales de bichos...). Y supongo que tampoco es eso. Yo sigo en las mismas: fórmulas de equilibrio, y rascarse el bolsillo...

Un abrazo.

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