miércoles, 9 de mayo de 2007

A salto de mata XX: (des)memoria histórica


Lo que les cuento a continuación no corresponde a ninguna ficción -pese a lo que pueda dar a entender la forma adoptada-: se trata de un hecho real. Interior día. Salón de un restaurante. Banquete familiar con motivo de una comunión. Los pequeños de la familia, agrupados en una esquina de la mesa, se dedican a sus tareas habituales –consistentes, básicamente, en un amplio y variado repertorio de lanzamientos de todo objeto que les pille a mano-, con las consecuencias que cabe esperar de ello: mesa y suelo adyacentes convertidos en una suerte de minivertedero, sección golosinas. En un momento dado, uno de los camareros (perdón, había olvidado que ahora, aun cuando se les putee o desprecie igual que antaño, ya no se les llama así; se les llama empleados de hostelería...), al pasar por allí, hace el siguiente comentario: “Menos mal que ahora, dentro de un rato, viene la rumana a limpiar”. Le faltó decir “de mierda”, después de “rumana”, pero hay tonos al hablar que son muchísimo más explícitos, o reveladores, que la más contundente de las palabras....

En lo que a él respecta, no piensen que el hombre que hizo este comentario –al que, por otro lado, no tengo el gusto de conocer más en detalle- tenía aspecto de filonazi, cabeza rapada o mala bestia de similar ralea; no, no, en absoluto. Más bien al contrario, su aspecto externo (y no tengo motivo alguno para dudar de que el mismo se ajuste a su real condición) era el de un buen y cabal padre de familia, ciudadano probo y honrado, persona decente y de orden. Y en lo que a mí respecta, un comentario de este tipo me hubiera provocado, hace no mucho tiempo, una reacción de indignación y cabreo abonada al exabrupto y la respuesta airada; ayer, en cambio, lo único que consiguió despertarme fue una profunda y cansina tristeza.

¿Qué nos está pasando, pues?

No creo –o, al menos, no creo en su certeza absoluta- en el aserto ese que predica que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla: no siempre fue así, ni lo será, porque no siempre la historia concede una oportunidad para ello (pregúntenle, por ejemplo, y es sólo un ejemplo, uno de tantos, a los romanos imperiales...). Pero no creo que sea bueno olvidar. Y, muchísimo menos aún, olvidar con la horrenda celeridad con la que parecemos olvidar en esta España de nuestras entretelas, esta España que no hace ni cuarenta años exportaba,en oleadas masivas, a sus “moros”, sus “polacos” y sus “rumanos” a las prósperas democracias centroeuropeas, que, gracias a esa diáspora de la miseria, engordaban sus poderosos potenciales económicos e industriales, de la misma manera en que ahora lo hacemos nosotros con el generoso (y mal pagado) sudor de ecuatorianos, ucranianos o senegaleses, entre muchos otros.

Eso es algo que, al parecer, ya hemos olvidado -y que, mucho me temo, no hay ni habrá ley de memoria ni desmemoria histórica que vaya a ser capaz de hacérnoslo recordar...-. Tampoco parece que reparemos mucho en la circunstancia de que nuestra actual prosperidad no está garantizada en ninguna tabla de la ley, ni humana ni divina, y que, con la misma conjunción astral de elementos y circunstancias (en muchos casos, totalmente aleatorios y eventuales, la verdad sea dicha) con que nos ha venido, se nos puede largar a otros pagos, tan alegremente como las grandes multinacionales “deslocalizan” sus factorías (¿les suena Delphi, por ejemplo?; no es la primera, ni será la última, me temo...). Pero no parece ser el signo de los tiempos el de la contemplación sosegada y equilibrada de nuestros tan precarios e inestables equilibrios estructurales. Carpe diem, que el que no corre, vuela, y mañana será otro día...

En tales circunstancias, las invocaciones a la justicia –ésa que pasaría por dar acceso a la riqueza generada en su debida proporción, a aquellos que la generan- pueden sonar a brindis al sol, a proclamas bienintencionadas del gilipollas de turno, ese del blog que lava conciencias más blanco que ninguno, pero que luego se aferra a su lote de migajas, ésas que le caen de la cornucopia, sin soltar ni media. De modo y manera que no pediremos imposibles: puestos a ser mínimamente coherentes, tampoco demasiado, y ya que no vamos a ser capaces de ser justos, podríamos intentar ser, al menos, educados. ¿Tanto trabajo cuesta...?

5 comentarios:

Thalatta dijo...

Debe costar una barbaridad, y ni te cuento con nuestros jóvenes y el ejemplo que damos.
Hablan del fin del mundo como una bomba nuclear o la inversión de los polos de la tierra. ¿No sería mejor finalizar este mundo de egoístas e intolerantes?
Ná que me he contagiado de tristeza...
¡Besos!

Marnie dijo...

Es que España es un país que se comporta como los nuevos ricos. Y lo digo con todo el sentido peyorativo.

e-catarsis dijo...

Buena reflexión compi, justo esta mañana en la delegación de hacienda (la autonómica) un marroquí andaba de mostrador en mostrador más perdido que un pulpo en un garaje...vamos como casi todos, pero sin entender el idioma, al final después de ver que el funcionariado no era capaz de perder medio minuto, me he acercado y más o menos lo he podido orientar, cual no ha sido mi sorpresa cuando una de las funcionarias a la que conozco porque me paso por allí varias veces por semana ( si puedo evitarlo no pero a veces hay que echar una mano y no puedo...no debo...)me dice..."él no te habría ayudado"...
Vale ¿y?
No, nada y bla bla bla bla...

Desconexión total, cara de poker y encefalograma plano..."pa qué"

En fin... que mis padres me han enseñado ( lo siguen haciendo) que todos somos iguales y el respeto mutuo es la única manera ( imbéciles incuidos) y una que al menos hay un par de cosas que respeta y en las que aún cree...sigue estos sabios predicamentos, y oye...dan buenos resultados ( imbécles incluidos)

Besicos compa :)

Ha estado muy bien...

Manuel Márquez dijo...

Tha, nada de tristezas, aunque es más fácil proclamarlo que practicarlo; la verdad es que resulta penoso, pero hay que intentar mantener el ánimo arriba. No es fácil, desde luego.

Marnie, nuevos ricos; no creo que haya expresión más gráfica y exacta para definir lo nuestro. Así es, ni más ni menos...

Y lo que cuentas, compa-e, eso es lo que se llama una ejemplificación exacta del fenómeno. Bueno, lo de tu "compañera" (¿), mejor sin comentarios. Que él no te hubiera ayudado... ¿tiene esa "compañera" repajolera idea de la idiosincrasia y forma de ser de los magrebíes...? Supongo que jamás ha estado, ni pensará estar (por Diossssssssssss...) en ningún país de esa zona... Una pena...

Un abrazo.

e-catarsis dijo...

No es mi compa que mi compa es Vd Don Despiste
:)

Y...no trabajo en Hacienda...sólo voy a pelearme...cosas de trabajo ya sabes ;-)

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.