miércoles, 2 de mayo de 2007

A salto de mata XIX: infiernos fiscales


Células durmientes de Al Qaeda en España financian a sus compinches en el Magreb para la realización de atentados, a través de fondos radicados en paraísos fiscales. No sé si alguien habrá tenido en alguna ocasión la más mínima duda al respecto, pero siempre tuve muy clarito que la pretendida “guerra contra el terror”, ésa que va a arrasar –si nadie lo remedia, y está francamente complicado- Irak, Irán, Afganistán, Pakistán, Corea del Norte y cualquier otro país que se ponga a tiro (y no metafóricamente, por desgracia...), no tiene previsto hacer ningún tipo de escala en las Bahamas, Islas Caimán, Gibraltar y demás “territorios liberados”.

Sólo los muy ingenuos pueden pensar que la erradicación del terrorismo, cualquier terrorismo, pasa por el uso exclusivo de mecanismos policiales (que también, obviamente, son necesarios: al uso político de la violencia siempre se ha de oponer el imperio de la ley, desde luego...) o militares (que no sólo no son útiles, sino que, es más, resultan absolutamente contraproducentes). Suena a la canción de Perogrullo, pero parece haber tanta gente empeñada en no escucharla, que nunca está de más que, de vez en cuando, y aun cuando sea desde un humilde altavoz, alguien la tararee. Las primeras notas, no más.


Está claro que hay que atacar su base social, socavar (y, a ser posible, dinamitar) las estructuras (sociales, económicas) que constituyen el caldo de cultivo en el que se generan las adhesiones a sus dinámicas y postulados. Pero eso no va a ser nunca un trabajo a corto plazo (en el mejor de los casos, a medio, cuando no a largo), y está claro que, mientras tanto, hay que atajar los riesgos inminentes, que están ahí, y trabajar duro para evitar que lleguen a materializarse: toda vida perdida es una verdadera catástrofe. En ese marco de trabajo inmediato, hay dos vías básicas, y elementales, sobre las que una acción eficaz generaría resultados fulminantes y, a buen seguro, espectaculares: los flujos financieros, que habría que estrangular, y el acceso al mercado armamentístico, que igualmente habría que cercenar (o, al menos, dificultar en grado sumo).

¿Qué problemas hay para ello –tanto para lo uno como para lo otro-? Muy sencillo: el ataque en ambos frentes requiere de la introducción de unos mecanismos (eliminación de los paraísos fiscales y del secreto bancario, por un lado, e implantación de mecanismos de control REAL sobre el comercio de armas) que, lisa y llanamente, atentan contra los fundamentos de nuestro sacrosanto sistema de libre economía de mercado (vulgo, capitalismo). O sea, y hablando en plata, que no hay nada que rascar, porque a las superpotencias occidentales, y a sus mandatarios (teóricos objetivos prioritarios de ese terrorismo al que dicen pretender combatir: ja...), los plutócratas y oligarcas por cuya delegación,y a su mayor gloria, ejercen sus supuestos poderes, jamás les iban a permitir tamaños alardes. Amigou, no me touques los cojounes, pour favour...

Vístanlo como quieran, pero lo que hay es lo que hay. Nunca muerde el perro la mano que le da de comer. Y, por supuesto, con las cosas de comer, ya se sabe, no se juega. Así nos pinta el pelo, así...

2 comentarios:

Thalatta dijo...

No cabe comentarlo más ¡¡tienes toda la razón!! (por desgracia), los dioses son de este mundo y hacen de nosotros, tristes mortales, lo que quieren.
¡Besos!

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias, Tha, por tu comentario. Sí que se puede comentar más; de hecho, es lo que comentais los que me visitais habitualmente, aunque sea desde la coincidencia (y no la discrepancia), lo que enriquece de verdad lo que escribo. Y eso es lo bonito de este invento. Así que no te prives...

Un abrazo.

Creative Commons License
Los textos de esta obra están bajo una licencia de Creative Commons.