jueves, 10 de mayo de 2007

LA HEREDERA (THE HEIRESS; U.S.A., 1949)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

CatheRine Sloper, una joven y poco agraciada muchacha, hija del acaudalado doctor Austin Sloper, vive una triste y aburrida existencia, en compañía de su padre y su tía Lavinia. Ese desencantado devenir da un tremendo vuelco cuando en su camino se cruza Morris Townsend, joven y atractivo caballero que la pretende de forma impulsiva, y de la que se enamora perdidamente, pese a las reticencias de su padre, que sólo ve en él a un arribista en busca de mejor fortuna. A partir de ese momento, Catherine se debatirá entre sus ilusiones de amor y la incomprensión de buena parte de los que le rodean (sólo su tía alienta y apoya sus veleidades amorosas), mientras que Morris no aclara sus intenciones y sume a nuestra heroína en un continuo y tempestuoso vaivén amoroso.


RESEÑA CRÍTICA.-

Con materia prima como la que proporciona un autor tan consagrado en la elaboración de historias de grueso calado dramático, como es Henry James, el camino para elaborar un melodrama sólido y profundo se allana considerablementepara cualquier autor cinematográfico. Si, además, como en en este caso, William Wyler cuenta, para encarnar el papel de sufriente heroína, con una actriz como Olivia de Havilland, las cosas diríase que se ponen como, según cuenta la leyenda, se le ponían las carambolas a un tal Fernando VII...

En La heredera confluyen todos los elementos que cabe exigir, desde el punto de vista de la caracterización de los personajes y las evoluciones de la trama que de tales caracterizaciones derivan, al más puro y ortodoxo melodrama: la chica triste y poco agraciada (no se sabe si es antes el huevo o la gallina: si es de natural triste por su poca belleza, o si su fealdad deriva de su amargo poso de fondo), ese patito feo con el que tan fácil se hace simpatizar apelando a la más artera vena compasiva –aun cuando sea una chica inmensamente rica-; y, para darle el contrapunto, el galán en estado puro, guapo, atractivo, educado y simpático, aspirante a bon vivant, pero sin posibles para dar rienda suelta a tales aspiraciones.

A partir de esas premisas, todo se desencadena y rueda conforme a los cánones del género: bajo los auspicios de una tía que, consciente de lo fugaz de los placeres de la carne (no en balde, hace muy poco que ella se vio privada de los mismos, y aún pena tozudamente por tal circunstancia), quiere llevarla en volandas en pos de ellos, y los recelos de un padre que, curtido en la vida social y buen conocedor de los entresijos de la triste condición humana, sabe lo que cabe esperar de una partida tan desigual, y desconfía totalmente de las reales intenciones del pretendiente, chica conoce a chico, se enamora perdidamente de él y rompe con todo su pasado, su presente y su futuro en pos de una quimera que no puede resultar más que inalcanzable, además de traerle graves quebrantos de todo orden. Así ha de ser, porque así son las reglas del juego, y los autores (James y Wyler) las respetan con veneración cuasi religiosa.

Punto de apoyo básico para dar solidez a la historia es el trabajo interpretativo de los protagonistas: tanto Olivia de Havilland, en el cénit de su carrera, que culminaría con la concesión del Oscar a la mejor actriz principal por este papel, y que presta a su Catherine Sloper el punto más adecuado y preciso de fealdad sufriente (al principio), para irlo virando paulatinamente, como fruto del desengaño amoroso, hacia una dignidad agriada (al final); como un joven Monty Clift, que, en los albores de una carrera que aún le reservaba muchos momentos gloriosos, encarna a un Morris Townsend del que cabe resaltar, como mayor mérito, el de ofrecer un permanente cinismo entusiastam nunca claro hasta qué punto consciente o inconsciente (y es esa incertidumbre sobre la que se asienta una de las mejores bazas argumentales del film). Ambos ofrecen dos composiciones de gran altura, y, bien secundados por dos veteranos tan sobrios como efectivos (Ralph Richardson, en el papel del doctor Austin Sloper, y Miriam Hopkins, en el de la tía Lavinia Penniman), cubren con holgura las exigencias dramáticas de tan tortuosa trama.

La heredera pasa por ser, con todo fundamento, una de las cumbres del melodrama de la época dorada de Hollywood, ésa que, precisamente por aquel entonces, empezaba ya a declinar, víctima de miedos furibundos y su subsiguientes sequías creativas. Así se le reconoció, con sus ocho nominaciones al Oscar (incluidas la de mejor director y mejor película, aunque no llegara a concretar ninguna de las dos), de las que cuatro llegaron a “tocar pelo”. Disfrutar hoy del sufrimiento que nos proporciona, casi sesenta años después de su realización, demuestra bien a las claras lo imperecedero de ciertos sentimientos... y de ciertas formas entender el cine, tanto a la hora de hacerlo, como de verlo.

6 comentarios:

e-catarsis dijo...

De veras que me sigues soprendiendo, ya sé que esto que digo es una tonteriá muy grande porque dado que no te conozco de nada lo puedes estar haciendo cada medio segundo pero...que te guste este dramón...pues fijaté me he quedado así...pensativa y sonriendo

Besicos

PD ...a mi me encantan los dramones, es como te cuento:

-Excursión a videoclub

-Excursión al súper
(por este orden)

-Sillón muy muy cómodo (este ya lo tengo comprado)

-Caja de Kleenex a la derecha

-Mando del DVD a la izquierda

PLAY y a disfrutar

...oye que hasta me salen pucheros ¡te lo juro!

:DD

Isabel Romana dijo...

De esa película recuerdo toda la trama de manera muy confusa, aunque tiempo después también leí la novela. Lo que no he olvidado nunca es el final. Saludos cordiales.

alicia dijo...

Aunque siempre se ha dicho que el equipo Wyler/Bette Davis funcionaba de maravilla, Wyler demostró que con Olivia de Havilland era capaz de conseguir una interpretación tan matizada y perfecta como las de Bette. Memorables diálogos los de ella y su padre, como ese "Háblale bien de mi padre; conociéndome no te resultará difícil" , cargado de ironía.

Marnie dijo...

Lo que siempre me ha llamado la atención de este tipo de películas es que pongan a un bellezón, en este caso a la De Havilland, de joven poco agraciada XD

Yo la vi hace mucho tiempo y recuerdo que estaba bastante bien dentro de su estilo. Tampoco es que el melodrama me apasione.

BUDOKAN dijo...

Qué buen comentario. Este tipo de films son los que mejor le sentaban a Wyler. Coincido con tu comentario sobre esta pieza como una de las cumbres del melodrama y eso se lo debemos a la enorme dirección de William. Saludos.

Thalatta dijo...

Que sí... que sí... que esta también me gusta, y efectivamente no se cómo ponen a la Havilland de "joven poco agraciada", ¡menuda carita la señora! preciosísima, pero, eso sí, inocente y angelical, sería por eso...
Dan ganas de verla otra vez.
¡Besos!

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