jueves, 3 de mayo de 2007

LA CIUDAD DE LOS FANTASMAS (CITY OF GHOSTS; U.S.A., 2002)


La del actor que, llegado un momento de su carrera como tal, y ya sea por ego, hartazgo, madurez, curiosidad (o un talón bancario con una generosa cantidad de ceros detrás de su primer numeral...), decide dar el salto para situarse detrás de la cámara, no es una historia nueva. Muchos la protagonizaron en su momento, y muchos más, cabe suponer, serán los que en su momento vuelvan a reproducir el experimento. En ese sentido, La ciudad de las fantasmas (City of ghosts; U.S.A., 2002), primera película como realizador del excelente actor estadounidense (uno de los mejores, sin la más mínima duda, de su generación), Matt Dillon no constituye nada novedoso ni sorprendente. Más bien al contrario, se trataba de algo que cabía esperar de un chico, como él, talentoso e inquieto. Sólo hay un pequeño (¿pequeño...? ¿de veras...?) problema: el experimento resulta ser un absoluto fiasco, porque la película es, lisa y llanamente, mala. Muy mala, me atrevería a decir.

Entra dentro de lo humanamente comprensible (ya se sabe, aquello de la vanidad y sus insondables caminos) que un creador artístico, y más aún cinematográfico, que aborda un empeño fílmico bajo los auspicios de Juan Palomo (y así sucede en este caso, dado que Dillon no sólo dirige, sino que además coescribe su guión, produce y protagoniza la cinta) se dé, aun cuando sea sólo a título de legítima compensación por tan ímprobos esfuerzos, un pequeño homenaje, que suele concretarse en términos de otorgar al papel que interpreta no sólo cierta importancia (cuando no la máxima, como protagonista, y así es en este caso), sino además un perfil marcadamente positivo (vaya, aquello que, de toda la vida de Dios, se llamó “el bueno de la película”...). Pero lo de Dillon raya a unos niveles megalomaníacos que, con sinceridad, jamás hubiera esperado de un hombre con el perfil que, hasta la fecha, había venido ofreciendo como actor. El más cachas y el más guapo (algo que no tenía complicado, dado que, amén de la inexistencia de competidores –misteriosamente obviados-, al muchacho no le falta palmito...),pero también el más fuerte, el más listo, el más honrado... el más de lo más de todos los “mases”. ¿Era necesario tal pavoneo, tal alarde de autocomplacencia? Sinceramente, creo que no. Y, más bien al contrario, tal circunstancia termina convirtiéndose en un lastre que condiciona (y destroza) el más mínimo atisbo de que el film llegue a remontar, en algún momento, el vuelo.

Partiendo de esa base, toda la película se encamina, desde un punto de partida argumental bastante manido –al fin y al cabo, la trama mil veces vista de una mafia de estafadores que termina encontrando la horma de su zapato, y pare usted de contar...- y con la imposibilidad manifiesta de que su localización en ambientaciones tan exóticas como las de esos países orientales en los que se desarrolla su acción conlleve algo más que la añadidura de varios “planos-postalita” perfectamente prescindibles, al más absoluto de los desastres, que es ese inmenso logro de conseguir que, pasados diez ó doce minutos (quince, a lo sumo, si se trata usted de un espectador fácilmente impresionable....) desde que acabó de verla, ya no se acuerde ni del título (yo mismo, sin ir más lejos, he tenido que tirar de mi base de datos para refrescarme la memoria...). Por lo demás, su acción es aburrida, y Matt Dillon consigue, con su omnipresencia en pantalla en plan chulito sobrado (porque yo lo valgo...), que acabes de él y de su película hasta el mismísimo gorro.

Una auténtica lástima, porque les puedo asegurar, de veras, que siento cierta admiración artística por este actor, y, con la mano en el corazón, hubiera preferido que su opera prima hubiera sido, si no una obra maestra (todos los días no se puede manufacturar y estrenar La noche del cazador....), sí al menos una película digna de su talento. Qué se le va a hacer...

P.S. con toda seguridad, habrá alguna mente aviesa y mal pensante que terminará concluyendo que mi inquina por esta peli deriva del hecho, tan simple como intrascendente, de que el cabronazo del Dillon se lleva a la piltra con apenas un arqueo de cejas a uno de mis ángeles más adorados (y aquí, y ahora, todo el mundo en pie, que voy a nombrarla....), Natascha McElhone. Por favor, nada más lejos de la realidad, uno, que es un crítico íntegro y honesto, está por encima de esas pequeñeces mezquinas (pero eso sí, Matt, así te pudras, que, por mi niño, ésta te la tengo “guardá”, anda que no...).

6 comentarios:

Marnie dijo...

Yo la vi hace cuatro años cuando se estrenó (concretamente en un pase de prensa, porque pagando dudo que la hubiese llegado a ver). Entre eso y que realmente no era muy memorable, no es que la recuerde demasiado al detalle. Aunque sí recuerdo que me pareció bastante floja por aquel entonces, pero más que mala mala como dices tú, mediocre y anodina. Lo que no tengo tan presente son los alardes autocomplacientes de Matt Dillon que apuntas. A mí no me dio esa impresión, porque eso sí que lo recordaría.

Marnie dijo...

Por cierto, había escrito una crítica sobre esta película y la estaba buscando ahora mismo para recordar qué me había parecido más concretamente. Pero veo que en La Butaca no está. Supongo que sólo la publiqué en la extinta Canal cine y todavía no colaboraba en La Butaca. Pues nada, que me quedo sin recordarlo XD

BUDOKAN dijo...

Parece que es mala, no la había visto cuando se estrenó, porque por algún motivo no llamó mi atención.

e-catarsis dijo...

jajaaja ¡qué envidioso! jajajaj


La verdad es que el atractivo del "detrás de la cámara" es grande, visto lo visto

No siempre el objetivo se cumple, aunque en algunos casos se sobrepasa vease el caso de CLINT EASTWOOD.

Hace unas semanas vi EL BUEN PASTOR, la dirección es de ROBERT DE NIRO, él se reserva un papel interesante pero no es el protagonista... a mi sinceramente me gustó mucho, si no la has visto te la recomiendo
:))

Thalatta dijo...

jajajajajaa
¡Qué biennn!! no he tenido el ¿placer? de verla, pero leído lo que he leído como que ni hago la más mínima intención de visionarla.
De todas formas esto es como el que tiene dinero y se edita un libro sin ser escritor, allá él...

Manuel Márquez dijo...

Marnie y Budokan, gracias por vuestros comentarios; es cierto que, probablemente, tan mala, tan mala, no sea, pero ya es significativo que se olvide de una manera tan fulminante: quizá sea esa mayor condena para una peli que la de su nefasta calidad (ya se sabe, las horribles, como las extraordinariamente buenas, se suelen recordar...).

Compa-e, lo de Eastwood creo que es "jugar en otra liga", palabras mayores, no lo podría incluir en el apartado "actores-que-se-dan-un-homenaje-dirigiendo-peli". Al fin y al cabo, se trata, ya a estas alturas, de un clásico vivo, uno de los mejores directores de la historia del cine. Y El buen pastor, pues habrá que verla, su pinta es excelente.

Tha, no te fíes de la opinión de la gente que ve mucho cine (mala gente, y con poco criterio, por lo general...). Vela tú y después nos lo cuentas... Ah, y muy graciosa (y pertinente) la comparación con los "autoeditores"; la diferencia es la de la pasta que cuesta una cosa y otra...

Un abrazo.

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