jueves, 19 de abril de 2007

MUMFORD (U.S.A., 1999)


Un apunte, a título personal –no es la norma de la casa, pero ya saben para qué se hicieron las reglas y los precedentes...-: más allá de mis apreciaciones estrictamente cinematográficas, Munford siempre irá asociada en mi recuerdo a su condición deprimera película que ví en el Festival de Cine de San Sebastián –era la que abría la serie de proyecciones de la Sección Oficial de la edición de 1999-. Una experiencia inolvidable: proyección a una hora tan inusual como las 11 de la mañana, con el director de la peli cuatro butacas detrás de la mía –se había estrenado, con honores y fanfarrias, tras la gala inaugural, la noche anterior; ésta era la segunda proyección, pero ahí estaba el bueno de Kasdan, haciendo compañía a los numerosos asistentes-; la sala grande del Kursaal, con esa macropantalla cuyas dimensiones aún soy incapaz de calcular o calibrar; ese ambiente tan especial de cine que se respira por cualquier rincón de la ciudad durante los dias en que se desarrolla el evento. En fin...

Recogida esa furtiva lágrima que me impedía ver con claridad la pantalla del ordenador, vayamos a lo que vamos... Mumford, eso... Pues una preciosa película: entretenida, humana, tierna, esperanzadora, y, posiblemente, una de las producciones menos pretenciosas que haya visto en una sala de cine a lo largo de mi vida. Su director, Lawrence Kasdan, hombre cuya carrera como tal (como guionista, ya había firmado textos que le habían otorgado un gran prestigio) se abrió, a lo largo de los ochenta del pasado siglo, con una serie de títulos de cierto relumbrón, que, aun desde una consideración de esforzado artesano, le supusieron el favor de un importante sector de la crítica –así, a bote pronto, puedo recordar Fuego en el cuerpo, Silverado, Reencuentro o Grand Canyon-, desplegó en esta película, de forma tan brillante como sencilla, toda su capacidad para tejer historias de profundo calado sin necesidad de recurrir a proclamas grandilocuentes ni situaciones argumentales extremas. Las claves y motivos que nos empujan a comunicarnos, los códigos con que ciframos nuestros sentimientos y mecanismos de relación, el entendimiento de la vida como un proceso en el que cabe un vuelco integral cuando existe la voluntad para ello... todo eso, que no es poco, está magníficamente retratado en la peripecia del Doc Mumford, un personaje de encanto difícilmente resistible –desde el parapeto de su sencillez amable (y al que, de hecho, ninguno de sus no menos encantadores convecinos se le resiste)- y, a la vez, aunque parezca mentira, tremendamente creíble.

¿Que a la película le sobra algo de la moralina redentora que siempre envuelve a toda historia de segundas oportunidades realizada conforme a los cánones hollywoodienses? ¿O que su final, tan excesiva y explícitamente happy end, peca de complacencia y concesion al público masivo? No seré yo quien niegue ni uno ni otro aserto, tan evidente es la certeza y corrección de ambos; quizá tampoco cupiera esperar algo diferente de un producto que contaba con el aval de Touchstone (la franquicia para adultos de la Disney). Pero, bajo mi consideración, son fallas que, aun con toda su entidad, no invalidan las bondades de la propuesta. Y es que, a veces, una cucharadita de jarabe “buen-rollito” sienta muy bien a nuestras cotidianas afecciones biliares (ésas que tanto mimamos a base de información política, económica, medioambiental o de la materia que sea...); si, además, te la administra Loren Dean o Hope Davis, ¿qué más se puede pedir? I love Mumford, y no pienso avergonzarme por ello...

6 comentarios:

e-catarsis dijo...

Pues ya van dos películas que no he visto
:((

...en fin...

Tomo nota y hago eso que no se debe hacer porque si lo haces no sólo eres muy mala persona sino que vas al infierno XDD

Vale la risa se me ha escapaó

e-catarsis dijo...

Un segundo...
¿otra vez con las vergüenzas?

...me está empezando a preocupar...compañero ;-)

e-catarsis dijo...

Perdón, es la última vez...estoy fatal...mil disculpas

¿Quieres seguir avergonzándote?

Besos Robados de TRUFFAUT

¡..y que siga la fiesta!

:)))

Prometo no comentar nada pero dime que tal, yo sé que hay una imagen que mantener ;-)

Manuel Márquez dijo...

Compañera, disculpa, pero no entiendo nada de tus mensajes, ¿qué es lo que se me escapa...? (sobre todo, por la alusión a Besos robados, de Truffaut).

Un abrazo.

e-catarsis dijo...

Perdón, la dispersión es a veces terrible.

..."Recogida esa furtiva lágrima que me impedía ver con claridad la pantalla del ordenador, vayamos a lo que vamos... Mumford, eso... Pues una preciosa película: entretenida, humana..."

Sólo trataba de bromear con esa lágrima...

La recomendación de la película de Truffaut es por si quieres seguir coleccionando recuerdos de cosas bonitas, por si le quieres dedicar otra lágrima, y mi total y absoluta discreción en ambas lágrimas
;-)

En fin...no tengo arreglo, lo sé

PD Tampoco creo que ahora haya quedado más clara la cosa :(

Manuel Márquez dijo...

Pues curiosamente, compa-e-, ahora sí que me ha quedado claro el invento, mira tú por dónde... Ah, y me apunto el título Besos robados para una sorpresita en futuro próximo (a ver si puede ser próximo, de verdad...).

Un abrazo.

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