lunes, 16 de abril de 2007

Metablog XII: intimidad, intimidades


Ésta no es la que recoge el DRAE, pero seguro que ustedes me siguen a la perfección. Intimidad: dícese del ámbito en el que un (aciago) ex presidente de gobierno español decía practicar la lengua catalana –algo que, a día de hoy, sigo absolutamente convencido de que es tan falso como la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, pero, claro está, cuando la aritmética parlamentaria aprieta, ni las más carpetovetónicas fidelidades se respetan (el refrán, en su versión original, es algo más procaz, pero no se ajusta tanto al episodio...). En fin, a lo que íbamos...

Blogs, intimidad, intimidades... Una de las máximas utilidades que proporcionan las grandes proclamas (incluso las no tan grandes; sinceramente, y en este rubro, el tamaño tampoco importa tanto...) es la del cierto placer transgresor que uno siente cuando se las pasa por el forro de sus caprichos. O que piensa que puede llegar a sentir, porque, en el caso que nos ocupa, la proclama a la que me refiero, y que hacía en la reseña con la que abría mi primer blog –el precedente, o antecedente, de éste que tienen ustedes ante sí, amigos lectores-, aún no he llegado a incumplirla, al menos plenamente: en ese primer artículo, aludía a mi intención de no dar cabida en mi bitácora a ningún contenido de corte personal, entendiendo como tal aquel que hiciera alusión a circunstancias propias y específicas de mi vida y condición, y no por falta de ganas, o por mero capricho, sino ante la consciencia del escaso interés que contenidos de ese tipo podrían despertar entre un público lector abierto e indeterminado (harina de otro costal sería el del interés que pueden despertar otros contenidos: posiblemente, el mismo o menor aún...).

O sea, que mi blog, contraviniendo la esencia y naturaleza de estos artilugios (o, al menos, asi fue, básicamente, en los orígenes del fenómeno), no iba a ser –y, de hecho, no es- un diario personal; aunque es posible que quienes lo lean con regularidad, puedan llegar a saber de mí, sin haberme visto en su vida, mucho más que muchas de las personas que me rodean en mi vida cotidiana. Y ya saben, es lo de siempre: que eso no es bueno ni malo, sino todo lo contrario. No me considero persona entre cuyos elementos definitorios cobre un papel muy relevante el del pudor, básicamente porque no me considero muy tímido, aunque sí un poco huraño; pero entiendo que una cosa es la falta de un sentido exacerbado del pudor, y otra, bien distinto, la exhibición pública de las cosas de uno (y no, no piensen mal, por favor; cuando hablo de las cosas de uno, no me estoy refiriendo a “esas” cosas de uno, que también; es algo más general, más amplio...). ¿Conclusión? Que mi blog se dedica a las cosas de otros, aunque sea para dar mi opinión (esa sí, personal, dentro de lo que cabe...) sobre ellas.

Desde tales premisas, y al igual que el diario íntimo y personal no era mi opción propia a la hora de abordar el enfoque que quería darle a mi blog, tampoco me suscitaban mayor interés las bitácoras personales ajenas. Pero ahí sí que he de reconocer que me he movido bastante desde mi posición inicial, hasta el punto de que, a día de hoy, y sin que me haya convertido en un lector desaforado de blogs de ese corte y género, sí que he de decir que sigo con regularidad algunos. No por casualidad, evidentemente: se trata de los blogs de “compas” del gremio –a los que llegué por vías tan simples como dispares- con los que comparto ciertas afinidades, gustos o querencias, en la mayoría de los casos, y aun cuando sea de una manera difusa, no muy concreta; o con los que, lisa y llanamente, simpatizo porque sí, ea, y ya está –no todo hay que someterlo a un filtro analítico-. Y aunque no comparta con ellos vocación y enfoque, su opción no sólo me parece enormemente respetable, sino además digna de estima y consideración. El escribir sobre vivencias personales no priva a sus contenidos de la posibilidad de despertar el interés de un público general (al que, al fin y al cabo, y desde el momento en que están ahí, en ese “cibermogollón” que tenemos montado, van destinados), y deriva tanto de la posibilidad de extrapolar las experiencia particulares a categorías genéricas –en algunos casos- como del mero disfrute de la pieza sencilla, pero bien escrita –eso, casi siempre-. Si a eso se le añade su papel exorcizante, catártico o liberador de ángeles y demonios que en más de un caso sospecho (y que en alguno que otro, me consta positivamente), ¿qué más se les podría pedir? Miel sobre hojuelas...

La mayoría de esos blogs a que me refiero están ahí al lado, en esa columna de los enlaces que pueden encontrar (si no están viendo la pantalla de su ordenador en un espejo) a mano derecha, con lo cual ni siquiera es preciso que me extienda mucho en recomendarles su visita: su presencia en ese lugar ya lleva implícita esa invitación. Y, como me consta que sus autores, amén de buenos compañeros de bloguerío, son también lectores habituales de esta humilde casa, me permitiré cerrar la reseña parafraseando al genial bardo cubano: si alguien que me lee se viera retratado, sépase que se hace con ese destino... Y, a falta de enemigos (que me consten) de los que despedirme, buenas noches, amigos...

4 comentarios:

e-catarsis dijo...

Oye, pues que esta muy bien este blog, y que por la pequeñuja parte que me toca ( más que nada por permanecer en ese lado derecho según se mira...)muchas gracias ( yo es que me doy por aludida con nada...paciencia).

Esta cosa que son los blogs está bien ( ya he escrito algoal respecto), por un lado te obliga a mantener cierto nivel de vocabulario, aunque nada más sea por el respeto que te merece la gente que se toma la molestia de leer, por otro porque de alguna manera sueltas, los más valientes desde las tripas y los demás pues de esto y de aquello ( dispersiones incluídas), pero ese rato tu mente sólo enreda en eso y...descansa
Desde luego completamente de acuerdo en que al final somos nosotros y algún retazo del nosotros más íntimo vamos dejando, esto es inevitable, además como ya he dicho en alguna ocasión cuando se lee con voluntad de leer, se descubren muchas cosas

Bien...me ha gustado
:))
PD Sorry ya sé que soy como la radio...no paro

Thalatta dijo...

Pues hala yo también me doy por aludida por la parte que me toca (la derecha, qué se le va a hacer, por una vez y sin que sirva de precedente).
Y como poco tenía que aportar, y no como otros (véase el dueño del blog), que yo misma, pues eso que lo mio es más íntimo pero no se yo hasta qué punto.
Nada... que cada cual escribe como le da con mejor o peor tino (¡vaya rollazo por tutatis!)
En resumen, que gracias y eso :)

Naela dijo...

Yo también llegué al mundo de los blogs sigiuendo a alguien, y todavía no se da cuenta XD

Bloguear es un interesante ejercicio

Saludos

Manuel Márquez dijo...

Muchas gracias a las tres: por vuestros comentarios, por lo que aportan en sí mismos y por lo que supone vuestra presencia, constante y fiel, "a este lado del río", que diría el amigo Drexler. Sois una motivación para seguir en el empeño.

Un abrazo.

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