domingo, 1 de abril de 2007

Grageas de cine XXIX: a propósito de... Testigo de cargo (Witness for the prosecution; U.S.A., 1957)


Hace algunos días, volvía a ver, en un pase televisivo de una cadena temática, Testigo de cargo, la legendaria obra maestra (una más, entre tantísimas) del mago Billy Wilder. Soy incapaz de precisar, sin recurrir a mi “ángel de la guarda” –convenientemente disfrazado de base de datos-, cuántas veces habré visto ya esta película, pero les puedo asegurar que, con independencia de que tales visionados alcanzan ya un número bastante respetable, no me causa el más mínimo cansancio tal ejercicio recurrente. Más bien al contrario.

Y es que son tantos y tantos los elementos maravillosos que se acumulan en sus poco menos de dos horas de metraje, que se hace difícil meterse en proclamas admirativas respecto a alguno de ellos, dado el riesgo evidente de dar la impresión de que se está minusvalorando al resto, cuando su nivel también es excepcional. No obstante lo cual, no eludiré el trapo, y me mojaré: si me he de quedar con algo, me quedo con el trabajo interpretativo de ese monstruo que responde al nombre de Charles Laughton.

Ese abogado brillante, histriónico, entregado, compulsivo y cascarrabias que responde al nombre de Sir Wilfrid, es uno de los personajes más extrardinarios y deslumbrantes que ha dado el cine a lo largo de toda su historia, y está claro que, más allá de cuanto haya podido aportar a ello su construcción dramática vía guión –evidentemente, fabulosa-, alcanza tal rango legendario gracias a su encarnación por un Charles Laughton tocado por la varita de las “hadas celuloideas”: el responsable, sabiamente dirigido también por Billy Wilder, de dar a su personaje una dimensión tan completa desde la sencillez (nada más alejado de la sofisticación que la socarronería y acritud en las formas que gasta el letrado .....) como para que cualquier espectador termine, embobado, entregándose en éxtasis al disfrute de tan brillante interpretación.

Un personaje con el que ríes, porque sus salidas cómicas y sus golpes de efecto cuando se enfada son espectaculares. Un personaje con el que sufres, porque vas viendo cómo su entrega sin tasa ni límite llega a poner en peligro su propia vida. Un personaje por el que llegas a sentir respeto y admiración, porque, en el fondo, late en él un sentido de la ética y del deber profesional más allá de cualquier debilidad (si, además, perteneces al gremio jurídico, esa secuencia en la que proclama exaltado su determinación de defender a su cliente hasta la última gota de su aliento es muy fácil que te haga saltar las lágrimas de la emoción...). Un personaje, en suma, que te lo da todo, y todo ello servido por la inconmensurable y riquísima gama de matices de que le dota el señor Laughton. Casi nada.

Si ustedes, amigos lectores, han visto la película, dudo enormemente –desde el respeto, obviamente, a esa posible discrepancia- que puedan diferir en exceso de las apreciaciones anteriores. Y si no la han visto, ¿qué hacen perdiendo el tiempo leyendo estas tonterías....? Corran, corran: el disfrute lo tienen garantizado...

3 comentarios:

Thalatta dijo...

¡gloriosa! y si encima tienes a agatha christie y un juicio... ¡me encanta! Para un poco de escribir que se me están acumulando las películas :)
Bsoss

e-catarsis dijo...

Excelente elección...stop...ausencia de discrepancias...stop...aunque me permito llamar su atención para la secundaria Elsa Lanchester...stop

Gloria dijo...

Que me vas a decir! Una de mis interpretaciones Laughtonianas favoritas (despues de su maestro acobardado en "This Land Is Mine"). Concuerdo con e-catarsis que La Lanchester está brillante como enfermera de Laughton (su marido: las escenas de ambos juntos son excelentes... se nota la química entre ambos)

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