miércoles, 14 de marzo de 2007

A salto de mata XVII: bipartidismos


¿Por qué el bipartidismo tiene, generalmente, tan mala prensa, pero aún así, termina constituyendo una tendencia predominante y de cada vez mayor implantación práctica? Primeramente, y como puede parecer obvio, porque de ello ya se encargan, poniendo al respecto toda la carne en el asador –es decir, formulando todas sus estrategias y desplegando todas sus líneas de actuación en tal sentido-, las partes interesadas: es decir, los dos jugadores de la partida. Se pone en el punto de mira a la contraparte, y todo se hace –por activa y por pasiva- en función de ella, e ignorando la existencia de cualquier otro actor –al menos, en papel que no sea el de mero comparsa, destinado a dar apoyo a una u otra facción-.

Pero, no nos engañemos, la cuestión no es tan simple –para ellos-, y algo ha de contribuir al éxito del invento la buena predisposición hacia el mismo de aquellos que, al fin y a la postre, terminamos siendo sus sustentadores y valedores, vía papeleta de voto. Y números cantan: vistos los resultados, parece claro que el invento nos gusta, y mucho, con lo cual algo ha de tener el agua cuando la bendicen por igual ateos y beatos; y no sólo en nuestro país, sino en buena parte de aquellos –si bien con diferente grado de intensidad, desde luego- con más prolongada y consolidada tradición democrática

¿Qué nos ofrece el bipartidismo? Aparentemente –insisto, sólo aparentemente-, más solvencia, más cualificación, más capacidad. El amparo y soporte de macroestructuras altamente profesionalizadas transmite una sensación de solidez que a cualquiera puede resultar tentadoramente tranquilizadora: nos gusta pensar que quién ha de encender las luces por la noche, y apagarlas por la mañana, no duerme ni descansa ni ceja en su empeño de mantener el chiringuito siempre abierto, y, más o menos, en orden y relativa limpieza. Y nosotros, a lo nuestro: a nuestro curro, nuestra familia, nuestra casita en el campo, nuestro “internés” y nuestra cervecita en el bar de la esquina. Que para eso tenemos a los políticos, y para eso les pagamos, muy generosamente, por cierto –y al que, aún así, no le llege para vivir “a calzón quitao”, pues nada, que rapiñe un poquito: siempre que sea dentro de un orden, y no haga mucho ruido, tampoco pasa nada...-; para que ellos se ocupen de la cosa pública, que es la de ellos, y nosostros, de la privada de cada cual, que es la nuestra. Y para esos menesteres, mejor los partidos grandes (como el burro, ande o no ande...).

O sea, que la cuestión termina siendo pura y simplemente acomodaticia, y no tiene nada que ver con principios ni convicciones. Por no hablar de que también resulta de mucho más fácil comprensión y asimilación: ya sabemos que el mundo no es blanco ni negro, sino más bien tirando a gris, pero... ¡qué puñeteramente complicado que es el gris...! El blanco y/o el negro son más falsos, pero más simples. Así nos pinta el pelo. Eso sí, después nos quejamos de ellos como si nuestra implicación, en general, en la gestión de los intereses públicos fuera mucho más intensa. Es decir, lo de la paja en el ojo ajeno y bla, bla, bla... Cuánto trabajo por hacer, madre mía, cuánto trabajo...

3 comentarios:

e-catarsis dijo...

Buenos días
En mi opinión el tema está en la utilidad, eficacia, me explico, un parlamento con pequeños partidos no creo que sea operativo, porque ante la manifiesta falta de generosidad y miras, ponerse de acuerdo lo veo bastante complicado, y luego está el tema de la utilidad porpiamente dicha a nivel elecciones, por mucho que te cabree el partido a que votas, y mira que te cabrea, cuando miras más allá, te entra tal inseguridad que...vuelves a reincidir porque....virgencita que me quede como estoy, los partidos llamados visagra, a la vista está que van a lo suyo, que cuestan un pastón en todos los sentidos y que el "bien común" le importa un colín...así que en mi humilde y ultimamente mosqueada opinión la cosa es así

Saludos

apesardemi dijo...

La ley electoral española favorece claramente el bipartidismo. Los ciudadanos, también creo que por comodidad, no demandan la existencia de demasiados partidos en el proceso electoral. De hecho los votos se reparten mayoritariamente entre dos partidos.

¿Es deseable o no esa situación? Personalmente prefiero la fórmula de cuatro o cinco opciones aunque tiene el riesgo de conceder demasiada fuerza a grupos con muy poca representación que se convierten en partidos llave y mercadean -en muchas ocasiones- sus apoyos. Todas las monedas tienen dos caras.

Un abrazo, Manuel.

Thalatta dijo...

Yo también prefiero que haya más donde elegir o exigir pero reconozco que no tienen ná que hacer, así que los mayoritarios campan a sus anchas y se aprovechan.
En fin... arreglaremos el mundo desde casa :)

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