jueves, 22 de marzo de 2007

¿QUÉ FUE DE BABY JANE? (WHAT EVER HAPPENED TO BABY JANE; U.S.A., 1962)


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

“Baby Jane” Hudson, artista encantadora en su más tierna infancia, con un éxito arrollador, vive, años después, con su hermana Blanche –que triunfaría después de ella, como gran diva del cine, y actualmente se halla postrada en una silla de ruedas, tras un grave accidente de automóvil-, a la que maltrata de forma sistemática, azuzada por los celos y la envidia que la corroen –desde la añoranza de los tiempos de gloria ya idos- y entre las brumas del alcohol en el que ahoga esa mezcla de locura y maldad en la que se desenvuelve. Cuando “Baby Jane” pretende, absurdamente, volver a los escenarios, se desencadenarán acontecimientos terribles ....


RESEÑA CRÍTICA.-

¿Dónde se sitúa la frontera entre la maldad y la locura? En un punto muy difícil de localizar, y más aún si el referente que tomamos para ello es el de un personaje como “Baby Jane” Hudson, esa niña vieja o esa vieja niña que, en más de un pasaje, nos puede llegar a estremecer de terror tanto o más que el simpar reverendo Harry Powell que encarnara majestuosamente Robert Mitchum en ese monumento cinematográfico que es La noche del cazador –película con la que tantas concomitancias guarda esta ¿Qué fue de Baby Jane?, más allá de ese áspero blanco y negro, de textura casi metálica, que tan buen juego da a la ambientación y al tono de la historia-.

La película, que se abre con una introducción que nos presenta a una niña prodigio en sus tiempos de gloria, nos ofrece, en una síntesis portentosa, todas las claves de la personalidad de las dos protagonistas –y, con ellas, los porqués de la evolución posterior de la trama-, y entra pronto en materia, prometiéndonos, desde su esquema de personajes, un duelo interpretativo de altos vuelos. Pero hay promesas tan falsas como una moneda de hojalata, y tal es el caso de ésta: no es que Joan Crawford no raye a una altura muy elevada, ni que su Blanche Hudson carezca de una intensidad dramática tremenda, pero cuando a quien se tiene enfrente es al monstruo de los ojos saltones, hay muy pocas posibilidades de salir indemne.

Aun con el auxilio de golpes de efecto que el guión le brinda con generosidad, y la inmensa apoyatura que le presta la caracterización de su personaje (ese arruinamiento físico al que tanto contribuye una maceración alcohólica de altísimo grado), ni siquiera algún pequeño punto de histrionismo priva al trabajo de Bette Davis de la consideración de magistral; no extraña así que tal poderío termine eclipsando, cual si de un sol refulgente se tratara, el brillo de cualquier estrella que se le sitúe en los alrededores.

Sólo por asistir a tan fastuoso despliegue interpetrativo ya merecería, y mucho, la pena contemplar este film. Pero no es el único activo que cabe apuntar en su inventario de valores. El retrato de las miserias humanas desarrollado sobre la base del leit-motiv del juguete roto (un argumento dramático siempre muy jugoso) se anuda de manera hábil y consistente a una intriga que, con sus giros y recovecos, revela el suficiente grado de sutileza y capacidad de sorpresa como para ofrecer un resultado suficientemente satisfactorio, lo cual no resultaba tan sencillo en un momento (estamos ya a principios de los sesenta) en que las historias estaban ya, como acuíferos víctimas de la voracidad depredadora de una potencia industrial, muy sobreexplotadas.

Cruda y rotunda, una muestra de gran cine, para paladear sin empacho y degustarlo con toda su enorme carga de sabor, dejándonos asustar por esas puntadas del terror que más miedo produce: no el que proviene de lo ignoto o lo monstruoso, sino el que tiene su origen en los entresijos del alma de aquellos con quienes convivimos, nuestros congéneres humanos (aunque, quizá, quién sabe, ahí radique lo realmente ignoto y lo realmente monstruoso, y por eso, por lo mucho que nos asusta, nos negamos a asumirlo...).

4 comentarios:

Mendieta Quintana dijo...

¿Y qué me dices de esa muñeca, alter ego de Baby Jane? ¿No es morbosamente cruel?
Besos vestiditos de blanco.

e-catarsis dijo...

Una de mis películas favoriras, cruel, ácida, retrato de la mezquindad que anida en el ser humano y que alimenta la frustración, esa de la siempre es culpable el "otro"...un duelo entre dos grandes y una muy buena reflexión sobre esa frágil frontera que eepara la bondad de la maldad, la cordura de la locura...

Gracias por recordarme una gran película que tenía olvidada

Saludos

Thalatta dijo...

Esta vez sí que no me deprimo que esta la he visto :)
Inmensas actrices, después de leerte dan ganas de volver a verlas. A ver si me dejan... :S

Naela dijo...

me encantó la película, y después de leerte, no puedo hacer mas que buscarla para verla de nuevo....

saludos y seguimos en la pomada

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