domingo, 4 de marzo de 2007

Grageas de cine XXVIII: a propósito de... El laberinto del fauno (México, 2006)

Si en sus películas anteriores (especialmente, Cronos y El espinazo del diablo), Guillermo del Toro ya había dado muestras más que sobradas de su maestría para engarzar realidad y fantasía en tramas en las que lo terrorífico se da la mano con lo mágico de una manera tremendamente natural, es probable que con El laberinto del fauno haya terminado de “redondear la faena”, cuajando una obra sensible a la par que tremenda, en la que la angustia, la opresión y el miedo, que se desprenden de la trama que se desarrolla en el “mundo real” (¿real? ¿seguro...?), van alternando, sin solución de continuidad, con la ensoñación, la ternura y la imaginación que se desborda en ese “mundo irreal” en el que el fauno del título marca las reglas, guía los actos y traza el camino por el que la protagonista habrá de desplegar y culminar (¿felizmente?) su viaje iniciático.

Guillermo del Toro pone en liza numerosas cartas ganadoras, y lo hace de forma generosa y convencida: ni escatima medios, ni se corta a la hora de exprimirles el jugo. En lo que atañe a los elementos formales, se acoge a una imaginería visual de resonancias góticas indudables (muy en línea con lo que ya había mostrado en sus films anteriores) y un tratamiento fotográfico de la imagen muy audaz, plagado de tonos oscuros (no por conocido, menos espectacular), que ayudan a crear una atmósfera fantasmagórica sobrecogedora, y un clima en el que el horror y la violencia de las situaciones puntuales se sobredimensiona, para encogernos el corazón un poquito más, aún, si cabe. Por otro lado, en lo que se refiere a los rubros más específicamente fílmicos, sus armas principales radican en un guión fluido, claro y bien trabado, así como en unas prestaciones interpretativas de sus protagonistas de un nivel asombroso –destacar a Sergi López, que compone un “malo” destinado a figurar en las antologías históricas de nuestro cine, no supondría ninguna injusticia, pero tampoco cabe olvidar a Maribel Verdú, convincente a más no poder, tras acumular una experiencia teatral prolongada que le ha dado un “punto de cocción” definitivo, o a la debutante Ivana Baquero, toda una revelación, sobre cuyo recorrido futuro, aunque impredecible, cabe abrigar fundadas esperanzas, visto lo visto en esta película-.

Propuestas de este corte no son muy frecuentes en nuestras pantallas, y hay que agradecerle al director mexicano, más allá de lo que pueda llegar a convencer al espectador habitual (a tenor de las cifras de público y taquilla, parece ser que bastante), su arrojo, rayano en la temeridad, para plantear este tipo de historias tan a contracorriente de las tendencias predominantes en el cine comercial actual (no se olvide que no estamos ante un film underground de bajo presupuesto...): nada más valiente, en este tiempo de re-versiones, adaptaciones, transposiciones, secuelas, precuelas (y cualquier otro invento que tenga que ver con lo copiado, por si cuela...) que una historia original, transgresora, mágica y ambigua. ¿Hay quién dé más...?
P.S. esta reseña está escrita días antes de que la película comenzara el frenesí de nominaciones y premios, tanto Goya como Oscar, que la han tenido en candelero durante los dos últimos meses. Sin pretender negar su importancia, que es mucha -creo-, tal circunstancia ni añade ni merma nada a lo arriba apuntado, con lo cual... tal cual queda.

4 comentarios:

e-catarsis dijo...

Enorme en todos los sentidos Guillermo...buen post "compañero" ;-))

Noa dijo...

La película me ha parecido muy buena, pero tengo que decir que aún me esperaba más. Se queda en notable alto. Tengo que ver "La vida de los otros" para cerciorarme de que el triunfo ha sido merecido por encima del Fauno.

Un besazo Manuel!

thalatta dijo...

qué maravillosa película :)

apesardemi dijo...

Aún no la he visto (bueno la medio vi en casa pero era una copia muy mala), debo aplicarme cinematográficamente.

Un abrazo.

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