martes, 13 de marzo de 2007

Arte, una tele diferente


Lo de la 2 de Televisión Española (sí, sí, ésa misma, la de los documentales de bichos de los sobremesas, que todo el mundo proclama ver y luego no ve ni Dios...) como paradigma de televisión cultural y de calidad, es algo que hace años, por mor del encanallamiento y adocenamiento que vienen aquejando a la oferta televisiva en abierto, dejó de ser un tópico gracioso para convertirse en la triste y cruda realidad de un reducto casi testimonial de una línea de programación imposible de sostener desde una perspectiva comercial, pero cuyo mantenimiento, a algunos, entre los que me cuento, nos parece imprescindible. O nos parecía: si hay algo que, dada su condición de regalo celestial, me hace dudar de la inexistencia de Dios, y cuya disponibilidad, junto a la de toneladas ingentes de canales temáticos de escaso interés y dudosa viabilidad, he de agradecer a las plataformas televisivas digitales (satelitales o de cable), es el canal franco-alemán Arte. La prueba palpable y evidente de que otra forma de hacer televisión es posible.

¿Que esa opción no es válida para una cadena generalista de corte convencional y capital privado? Por supuesto, de eso soy plenamente consciente; una televisión generalista pretende un nicho de audiencia muy amplio, y eso no es factible con una línea de programación tan específica –aunque no por ello pobre, ni limitada: su diversidad de géneros y formatos es envidiable...- como la de Arte. No crean tampoco ustedes, amigos lectores, que este humilde escribiente sólo enciende la caja catódica para ver las emisiones de Arte, ni muchísimo menos: afortunadamente, es posible –espigando, espigando- encontrar productos muy solventes en casi todas las cadenas televisivas, y a ellos también procuro prestarles alguna atención –la que mi escaso tiempo disponible me permite-.

Pero lo que una programación como la de Arte te hace ver es la enormidad de material audiovisual de calidad que se manufactura desde todas las latitudes, y que, adecuadamente distribuido, permitiría a cualquier canal televisivo disponer de una cuota más que suficiente de programas culturales con los que enaltecer y mejorar su parrilla, y cómo, desde tal premisa, la televisión no tendría por qué ser (como actualmente lo es, generalmente y salvo honrosísimas excepciones) un territorio inhóspito, inútil o inadecuado para la mejora del nivel cultural de su público. Y lo que te hace lamentar es no tener un mayor dominio de los idiomas en los que emite la mayor parte de sus programas (francés y/o alemán) para poder seguirlos más cómodamente; miren ustedes por dónde, a veces, el sometimiento a los imperativos de la lengua dominante (la del imperio, cómo no...) no siempre garantiza el pleno disfrute de los mejores productos. En fin, qué se le va a hacer: ya lo dijo aquel, nadie es perfecto...

Ojalá el ejemplo de Arte cundiera, y terminara convirtiéndose en la punta de lanza para un contraataque en toda regla dirigido a dinamitar la pobreza actual del panorama televisivo. Pero hay que ser realistas: el empeño se antoja harto complicado, y requiere un trabajo de preparación previo arduo y prolongado, que no se va a cuajar en dos días. ¿Mientras tanto? A disfrutar con la oferta: están ustedes, amigos lectores, invitados...

2 comentarios:

apesardemi dijo...

Cundo se realizan estudios de opinión sobre cómo debería ser la programación de la televisión, siempre hay un elevado porcentaje de encuestados que se decantan por una programación con alto contenido cultural y pedagógico, los mismos estudios demuestran que las preferencias prácticas van por otros derroteros.

La parte seria de la tele no da dinero por lo que, como de hecho sucede, solo las cadenas públicas conceden un porcentaje decente de su programación a estos menesteres. Mientras que las preferencias reales del consumidor no demanden ese cambio me temo que no se va a dar. Al fin y al cabo son un negocio más ¿no?. Aunque no se puede olvidar su capacidad de influir y "educar". Ahí entran otros intereses además de los económicos.

No se.

Thalatta dijo...

Ufff para todo esto habría que cambiar a nuestros niños desde pequeños, una revolución cultural desde la cuna y no vamos muy encaminados que digamos.
A mi no me queda tiempo de ná, entre las múltiples series de televisión y las películas... Eso sí, puedo garantizar que mis niños y yo no vemos más de 2 horas de tele ¡para que luego digan!

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