martes, 6 de febrero de 2007

Micro VIII: radicalidades


Nunca me gustaron las líneas divisorias tajantes, las fronteras inamovibles. Y siguen sin gustarme. No sé si llegarán a gustarme algún día, espero que no. Tampoco soporto que alguien exija, ni de mí ni de nadie, posicionamientos radicales, adhesiones inquebrantables o enfrentamientos frontales, así, sin matices. O conmigo, o contra mí; o con lo mío, o contra lo mío. Yo no lo hago, y no me gusta que nadie lo haga; es más, pienso que nadie debería hacerlo. Pero hay quien lo hace: si no te manifiestas contra los terroristas, es que eres uno de ellos; si no condenas los atentados, es que estás de acuerdo con ellos. No es eso, no es eso. Me he manifestado en más de una ocasión, junto a decenas, cientos, miles de personas, en contra o a favor de determinadas causas. Jamás se me ocurrió pensar (y, menos aún, reprochárselo) que quien allí no estaba, manifestándose conmigo, estaba a favor de aquello contra lo que me manifestaba, o en contra de aquello que yo estaba apoyando; por supuesto, hubiera preferido que hubiera estado allí, conmigo, compartiendo mis convicciones y mis posturas, pero eso no se puede exigir. Jamás. ¿Por qué hay quien sí exige posicionamientos expresos, tomas de postura públicas? Respeto. Un poquito de respeto. Sólo eso.

3 comentarios:

apesardemi dijo...

Sabias palabras, Manuel, más de uno debería pensar un poco en ellas. La intolerancia es uno de los grandes males del mundo.

Un abrazo.

thalatta dijo...

Lamentable, triste, desesperante y peligroso lo que están haciendo.
Sí respeto, por favor... que nos están viendo los niños.
En fin...

e-catarsis dijo...

...pues que pasaba por aqui y no he podido resistir la tentación de sumarme a su reflexión, porque tampoco me gustn los "hoolligans" ni en el deporte, ni en la polítca ni en ninguna parte, me gusta que me dejen espacio para pensar y decidir y que no me etiqueten y que no me hagan optar de manera exclusoria, ah y reivindico mi DERECHO a cambiar de opinión...

Saluetes

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