lunes, 19 de febrero de 2007

Metablog X: interrelaciones (o a propósito de los comentarios)


Un elemento comúmente apuntado como factor determinante en la brutal expansión de los blogs en estos últimos tiempos, es el hecho de que éstos, a diferencia de las webs convencionales (o, al menos, de la inmensa mayoría de ellas), estén dotados de esa herramienta de interactividad que es la posibilidad de introducción de comentarios por parte de sus lectores. De hecho, hay blogs que han hecho del volumen y frecuencia de sus comentarios (en tanto en cuanto son parámetros que denotan su peso e influencia) uno de los pilares –cuando no el pilar básico- de su prestigio y repercusión. E igualmente supongo que, por tales mismos motivos, no debe haber muchos blogs –son contados los que, llegando al caso extremo, incluso tienen desactivada tal opción- que no aspiren, de forma expresa o tácita, a recibir cuantos más comentarios, mejor (ése es, al menos, el caso de éste que, amigo lector, está degustando ahora mismo...).

Como todo, o casi todo, eso no deja de tener sus ventajas y sus inconvenientes. Es difícil cuestionar que unos comentarios numerosos, juiciosos, jugosos y templados enriquecen enormemente el texto que les da origen, y dotan al blog en el que se vierten de un atractivo adicional, que puede contribuir a la captación de más seguidores; por otro lado, todo mecanismo que contribuya a profundizar en el debate público y abierto, a través de un intercambio de pareceres respetuoso y amplio, acerca de cualquier tema, no puede resultar, forzosamente, más que beneficioso. Pero tampoco se puede olvidar que no siempre, ni en todos los casos, el debate que se sustancia al hilo de los comentarios “blogueriles” se desarrolla en tales condiciones “bondadosas”, y que todos conocemos el caso de blogs (y no me refiero a aquellos que, incluso, las fomentan en tales términos: a más polémica, más audiencia, ya se sabe...) en los cuales el desarrollo de discusiones encarnizadas y fuera de quicio, faltando a las más elementales normas del diálogo civilizado, acaba convirtiéndose en el huevo de esa serpiente que, finalmente, termina “liquidando” a su “madre” a bocado limpio. Es el riego, y el precio, de la libertad del mecanismo, con indepedencia de que, a través de ciertas herramientas de control –prepublicación, moderación- se puedan minimizar, a veces, ciertos daños.

En cualquier caso, con todos sus pros y todas sus contras, los comentarios están ahí, y somos muchos los que disfrutamos de ellos, tanto cuando los recibimos en nuestra humilde morada –amigos lectores compañeros del “mester de bloguería”, ¿no os hace una especial ilusión encontrar comentarios nuevos en vuestros blogs? A mí, desde luego, sí que me la hace...-, como cuando los depositamos en morada ajena (a veces más humilde, a veces menos...). Y los disfrutamos, como emisores o receptores, más allá, también, de ciertos aspectos más o menos polémicos, o negativos, de los que se suele acusar a los mismos.

Que tienden a generar círculos endogámicos, en función de los cuales grupos de “blogueros” más o menos afines terminan convirtiéndose en comentaristas recíprocos que cubren, rutinariamente, un número limitado de blogs –siempre los mismos-, que, de esa forma, acaban por constituir una especie de foros en formato “diferente”. O que, en muchas ocasiones, se utilizan descaradamente por los autores de blogs –especialmente, noveles- como herramienta de promoción del blog propio, no aportando nada sustancial al blog en el que se realizan, al que lo único que se le hace es “parasitarlo”, utilizándolo como arma publicitaria. Posiblemente... no seré yo quien niegue o desmienta ni una circunstancia ni la otra, ni siquiera en lo que se refiere a su aplicación personal a mi caso; eso sí, por un lado, procuro no abusar, y, por otro, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. A mí, personalmente, no me molesta ninguno de los dos aspectos, ni como emisor ni como receptor, más bien al contrario: estoy encantandísimo con los comentaristas habituales de mi blog (a los que desde estas páginas agradezco su constancia y fidelidad), y me encanta dejar comentarios de manera habitual en ciertos blogs que leo de forma periódica y sistemática; y en cuanto a la “plataforma publicitaria”, este blog está totalmente abierto, desde la conciencia de sus modestas posibilidades sobre el particular, a todo aquel “bloguero” que quiera pedir, aunque sea veladamente, y a través de un comentario, visitas para su blog.

Y colorín, colorado, este artículo se ha acabado. Eso sí, dadas las peculiares características del tema tratado, hoy quedaría particularmente feo que usted, amigo lector, no dejara un comentario, por breve que fuera. Detalle por el que ya le doy las gracias anticipadas....

5 comentarios:

thalatta dijo...

Pues aquí andaba leyendo sus últimos post y mira por donde me encuentro uno más.
A mi creo que me gusta a veces más comentar que escribir en mi propio blog. Y se agradecen todas las visitas, aunque eso de la publicidad ya no me gusta tanto (tímida que es una) y por eso incluso a veces no dejo rastro de enlace y firmo con el escueto "Tha".
Al final te encuentras una larga lista de blogs amigos por leer pero bueno... poco a poco...

apesardemi dijo...

Interesante y certera reflexión, amigo Manuel. Los blog son una forma de comunicación, comunicación en el sentido emisor y en el receptor. Cuando creamos un blog asumimos comunicarnos, generalmente, en ambos sentidos. Tienes razón en lo de la tendencia a construir especies de foros, creo que es natural, es como nuestro círculo de amigos o conocidos, los buscas y te buscan y, de vez en cuando, conoces a nuevas personas.

Como casi siempre tocas muchos temas, no te comento todos porque saldría un texto demasiado largo ;)

Un abrazo, Manuel y pásate por mi blog qué tienes un regalo.

e-catarsis dijo...

Buenos días

Como novata en estos menesteres, que en otros no, pues la verdad es que estoy gratamente sorprendida con este espacio internauta que es el mundo del blog, no te voy a contar como me decidí a abrir uno porque no es el tema, pero sí que es normal y natural que te/nos gusten los cometarios a los hilos que abrimos, si no fuera así con guardarlos en nuestro ordenador en una carpeta sería suficiente pero el ser humano es muy social...ya sabes, creo además que al final esta es su razón de ser, un debate libre sobre un tema libre de un sujeto anónimo.
También es natural que al final se cree un círculo más o menos reducido y más o menos afín ( porque un comentario te puede gustar y otro no y esto es lógico, y porque al final como en tu blog hablas o cuentas mil cosas distintas incluso a veces de mil maneras y esto no siempre gusta, pero tampoco importa demasiado...creo) de gentes que se comentan entre ellas, es que al principio vas saltando entre unos y otros linkeados y tienes que parar porque literalmente no tienes tiempo por la cantidad de blogs que hay...millones...bueno igual exagero, así que eliges unos cuantos ( siempre es susceptible de marear de vez en cuando y añadirte alguno más o borrar ) pero poco más.
En cualquier caso y por no extenderme más te diré que es normal muy normal que te guste que comenten lo que cuentas, y por esto pues si me interesa el tema...intervengo, y como es el caso pues he intervenido.

Saludos comentados

PD (perdón por el tocho de comentario)

Noa dijo...

Pues aquí estoy, yo también quiero ser partícipe de ese placer que experimentas (todos lo hacemos) al ver los comentarios.

Tienes mucha razón en todo lo que dices, pero me quedo con lo desagradables que son esas polémicas que se crean en los blogs. Piensas que a ti no te puede ocurrir porque intentas mantener el respeto, pero siempre hay una primera vez para todo (o eso dicen) y también se sufren comentarios fuera de lugar e incluso de mal gusto. Lo bueno es que el resto de amables comentarios compensan con creces esos patinazos desafortunados.

Un beso Manuel, se le sigue!

Manuel Márquez dijo...

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios (creo que, dadas las circunstancias, huelga cualquier otro añadido...).

Un abrazo.

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