jueves, 1 de febrero de 2007

EL CEBO (ES GESCHAH EM HELLICHTEN TAG; ESPAÑA-SUIZA, 1958)



SINOPSIS ARGUMENTAL .-

En las afueras de un pequeño pueblo suizo de montaña, un vagabundo encuentra el cadáver horriblemente descuartizado de una niña. Pese a que las sospechas iniciales de la policía recaen sobre el vagabundo, el comisario Matthëi, basándose en su intuición y relacionando el caso con episodios similares acaecidos en zonas cercanas, piensa que el verdadero culpable es otro hombre. Tal es la fuerza de sus convicciones que, renunciando a sus compromisos laborales en un país lejano – y que iban a constituir su “retiro dorado”-, desiste de tomar posesión de su nuevo puesto como asesor de seguridad en Jordania, y permanece en Suiza, para, haciéndose pasar por empleado de una gasolinera, y utilizando a una niña (la hija de la asistenta a la que contrata) como cebo, intentar confirmar sus intuiciones.

RESEÑA CRÍTICA.-

Lo breve, si bueno, dos veces bueno: así reza, al menos, el refrán que ensalza la concisión como valor positivo aplicable, especialmente, a toda obra artística. Sometido a la ley de dicho axioma, El cebo da la talla plenamente, y nos ofrece una muestra clara de concisión, comprimiendo una historia densa, aunque no excesivamente compleja, en poco menos de noventa minutos, y lo hace sin merma alguno de su potencial narrativo –bastante estimable, por cierto-.

Se trata, por otro lado, de una película curiosa, tremendamente llamativa, sobre todo por lo que se refiere a su atmósfera visual. Sin ánimo de establecer comparaciones, no siempre deseables, hay elementos (la música; el influjo femenino, en lo más profundo de la psique, sobre el actuar criminal) que nos traen reminiscencias evidentes de la que quizá pasa por ser el clásico entre clásicos del cine de suspense criminal, Psicosis, de Hitchcock; pero no podemos olvidar que hay un detalle básico, y es el temporal: El cebo es una película anterior, en dos años, a la celebérrima película del maestro. ¿Conocía éste el film de Vajda, lo había visto? No cabe descartarlo, visto lo visto.

En cualquier caso, tampoco habría por qué darlo por sentado, dado que no hemos de perder de vista que los elementos temáticos del film de Vajda pertenecen al estándar del género de suspense, en su vertiente criminal, sin que hallemos, en ese aspecto, grandes originalidades. El policía honesto y obcecado que, ante la alternativa gloria/justicia, opta por la segunda, aun en detrimento de sus pingües expectativas de todo género; el psicópata compulsivo que obra empujado por su circunstancia mental, casi tan víctima como esas niñas que caen en sus manos; el indigente, cabeza de turco sobre el que se centran las pirmeras sospechas, desviando, con ello, la atención del culpable real... Son, todos ellos, elementos vistos una y mil veces en los grandes clásicos hollywoodienses de las décadas anteriores, de los que Vajda bebe con fruición, y que en esta coproducción hispano-suiza son respetados fielmente, muy bien asimilados en el relato de Friedrich Dürrenmatt en que se basa el guión.

Como ya apuntaba al principio, es el elemento visual el más destacado, con diferencia, de la película, dado que consigue crear una atmósfera intensa y fuertemente inquietante. La fotografía en blanco y negro, plasmando esos fastuosos paisajes suizos de montaña y esos frondosos bosques –en los que suele operar nuestro particular monstruo-, con una luminosidad muy marcada y fuertes contrastes de tono, es un punto tremendamente acertado, y dota a la película de su mayor fuente de atractivo.

Y junto a ese elemento, otro aspecto muy digno de resaltar es el del trabajo de los dos protagonistas principales: el policía, ese comisario Matthëi, al que encarna Heinz Rühmann, cuyo perfil físico y tono interpretativo nos recuerdan, de manera inequívoca y fortísima, al Paul Henreid de Casablanca –salvando, claro está, las lógicas distancias-; y el psicópata, un acertadísimo Gert Fröbe, que, tanto por la rotundidad de su físico (ese mismo que exhibiría posteriormente en multitud de películas de la serie del Dr. Mabuse, y que alcanzaría resonancias míticas encarnando a uno de los malos bondianos por antonomasia, Goldfinger) como por su expresividad facial, daba el perfil idóneo para cubrir las exigencias del papel.

En definitiva, nos encontramos ante una película de más que correcta factura, demostrativa de la eficacia y buen hacer de ese artesano “todo-terreno” que fue Vajda (echar un vistazo a su filmografía genera auténtico vértigo, por su diversidad), tan capaz de afrontar un thriller oscuro, con trazas de film de culto, como un pseudo-documental toreril. Cámara, acción, ¿algo más ....?

2 comentarios:

apesardemi dijo...

No la he visto, otra que se me ha quedado en el tintero ;) La buscaré.

Saludos, Manuel

thalatta dijo...

Hay veces que me voy un poco deprimida de aquí :), no... es solamente porque me falta tanto por ver...
¡Un abrazo!

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