jueves, 8 de febrero de 2007

CRIMEN PERFECTO (DIAL M FOR MURDER; U.S.A., 1954)



SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Tony Wendice, tenista retirado y bon-vivant vocacional, gasta una vida de molicie y opulencia a la sombra (y amparo monetario) de la bien nutrida fortuna de su esposa Margot, a la que, pese a su belleza y bondad, desdeña en lo más profundo de su corazón. Mientras tanto, ésta mantiene una vieja amistad con Mark Holliday, escritor norteamericano autor de novelas de intriga, que está perdida y rendidamente enamorado de ella. Temeroso de que esa regalada existencia pueda ser puesta en peligro por la eventualidad de un romance tan poco propicio para sus intereses, Tony urdirá un siniestro y maquiavélico plan, que se presume perfecto y, además, despejará de cualquier sombra de duda un regalado futuro. Pero las cosas, cómo no, se terminarán torciendo...


RESEÑA CRÍTICA.-

Es invierno, tiempo de fríos y recogimientos, al calor de la lumbre. Juguemos, pues... Hoy les propondré un juego curioso. Requiere algo de tiempo (haremos un pase doble de la misma película), pero les puedo asegurar que no lo considerarán malgastado, porque merece la pena. Consigan una copia en cualquier soporte (vídeo, DVD) de Crimen perfecto, y procedan a su reproducción sin imagen, de forma que sólo puedan escuchar su banda sonora: comprobarán cómo a través, exclusivamente, de la audición de los diálogos, consiguen captar la historia íntegramente, incluso en sus detalles más nimios –cual si se tratara de una radionovela-, tal es la prolijidad con la que el texto explica los entresijos de la trama. A continuación, inviertan la situación y, eliminando el sonido del aparato reproductor, procedan al visionado del film centrándose únicamente en la imagen: los rostros de los personajes, la coreografía de sus movimientos (y los de la cámara que los acompaña) nos dan una idea bastante aproximada de en qué consiste la historia (es posible que se nos escape algún detalle, algún aspecto secundario, no más). ¿Tremendo, no? Porque, para mayor regocijo, la visión “convencional” (por decirlo de alguna manera) de la película nos muestra cómo imagen y sonido van, lógicamente, perfectamente engarzados y acoplados. ¿Es la cuadratura del círculo? No, amigos, es... Alfred Hitchcock.

El mago Hitch nos regala, en este Crimen perfecto (objeto de una reciente revisitación a cargo de Andrew Davis: película honesta y entretenida, pero que poco tiene que ver, salvo en las concordancias de la trama, con su predecesora), la enésima muestra de su descomunal talento, de su capacidad para hacer del cine una experiencia gozosa, de ésas a las que te acercas con el espíritu de un niño, siempre a la espera de un nuevo truco, de otra vuelta de tuerca, del último conejo que ha de salir de la chistera.

Un triángulo “invertido” (aquí, al contrario de lo que es situación típica en este tipo de tramas, no es uno de los amantes –si es que cabe hablar de tales: más bien aspirantes, o candidatos...- el que pretende acabar con uno de los cónyuges, sino que es el marido el que desea eliminar a su esposa), que despliega su juego alrededor de un planteamiento de acción altamente sofisticado (con ínfulas de perfección), es el que teje toda la historia, un puzzle en el que todas las piezas encajan con precisión milimétrica, incluso aquellas gracias a las cuales se desmorona esa perfección buscada, que son precisamente las que nos dan la moraleja definitiva: por más aguda y sutil que sea la inteligencia que urde el plan, no deja de ser humana, y, como tal, falible, con lo cual siempe quedará algún cabo suelto del que, tirando, tirando, consigamos llegar hasta la restitución de la justicia agraviada.

También resulta extraordinario el dibujo de los personajes, especialmente el de los tres protagonistas: el marido, esa suerte de Maquiavelo con aires de gentleman, cuya frialdad siempre guarda el punto justo de ironía –su reacción final es, a ese respecto, de auténtica antología, resumiendo la esencia de su personalidad con un gesto y una frase- y al que da vida excelentemente un muy acertado Ray Milland; el novelista americano, pureza frente a perfidia (Hitchcock, pese a ser un gran entendedor de los recovecos de la condición humana, siempre tiene muy claro que hay buenos y malos...), dando réplica a un adversario al que sirve de contraste y piedra de toque, permitiendo confrontar ficciones y realidades; y la esposa, la rica y dulce Margot Wendice, a la que el rostro de una extraordinariamente bella Grace Kelly –nadie como Hitch sabía exprimir tan a fondo unas dotes interpretativas, que, sin ser desdeñables, no estaban, desde luego, a la altura de su belleza-, presta una sustancia poco menos que ideal.

En fin, ¿en qué más nos podríamos explayar? Deshacerse en elogios y parabienes ante la inmensa mayoría de las películas de Hitchcock ni es nuevo, ni debe provocar la más mínima sorpresa en nadie. Es la consecuencia lógica de la constatación ante sus películas –no importa cuántas veces se hayan visto con anterioridad- de cuán sobrado estaba de recursos para para ponerlas en pie, y erigir con ellas monumentos de homenaje al séptimo arte. Algo que ni el más acérrimo de sus detractores podría cuestionar, ni aun ante las que, como Crimen perfecto, no ocupan un lugar estelar en el podio de su particular ranking clasificatorio.

6 comentarios:

thalatta dijo...

Bueno me acabas de subir la moral :). Adoro esta película y voy a intentar lo de la banda sonora ¡vaya que sí!
¡Qué genio el Hitchcock!

Noa dijo...

Peliculón del Señor Hitch, uno de tantos, aunque "La Soga" me parece superior.

Un beso Manuel.

apesardemi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
apesardemi dijo...

Qué gran genio es el señor Hitchcock. Seguramente irrepetible.

Has hecho una crítica de primera ;)

Un abrazo.

Manuel Márquez dijo...

Muchísimas gracias a todos, de corazón, por vuestros comentarios.

Espero, Tha, que disfrutes con el experimento, resulta la mar de "nutritivo".

La soga, Noa, también me parece una gran película, pero creo que se beneficia de su celebérrima "toma única" (como bien sabrás, más falsa que un euro de chocolate...) para adquirir un pelín de sobrevaloración, creo...

En cualquier caso, a mí, de Hitchcock, hasta los cameos, qué quereis que os diga...

Un abrazo.

Josep dijo...

Magnífica reseña, amigo Manuel. Sólo añadir que, en este caso, el amigo Alfred se encontró con una magnífica obra de Frederick Knott (que es una buena obra teatral), autor, además, de otra, también llevada al cine con éxito (Sola en la Oscuridad).

Un abrazo desde el futuro (de tu reseña) :-)

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