jueves, 14 de diciembre de 2006

MÁS FUERTE QUE LA LEY (SHOCKPROOF; U.S.A., 1949)



* Crítica de 'Más fuerte que la ley' ('Shockproof'; U.S.A., 1949), de Douglas Sirk, con Patricia Knight y Cornel Wilde.-


SINOPSIS ARGUMENTAL.-

Tras cumplir parte de su condena, Jenny Marsh sale de prisión en libertad condicional, quedando bajo el control del agente Griff Marat, un hombre que, bajo unos rígidos principios y un escrupuloso respeto por la ley, intentará que su pupila se reintegre en la sociedad con una conducta recta e intachable. Poco a poco, el respeto que ambos se profesan mutuamente se irá trocando en sentimientos más profundos, pese a los obstáculos que se interponen entre ambos (en el caso de Jenny, la presencia de Harry Wesson, su antiguo novio, y el hombre por el cual terminó cometiendo el asesinato que le llevó a la cárcel; en el caso de Griff, sus prejuicios morales y sus reticencias a transgredir las normas que, hasta ese momento, han constituido para él su norte y guía).

CRÍTICA.-

El reconocimiento de Douglas Sirk como referente de primer orden y maestro indiscutible en el género del melodrama clásico, no deriva sólo de su apreciación por parte de la crítica cinematográfica (tanto la de su época como la de tiempos posteriores), sino, muy especialmente, de su asunción como tal por parte de afamadísimos y muy reputados cineastas actuales (baste citar, a título de ejemplo, y sin necesidad de traspasar nuestras fronteras, el del ínclito y simpar Almodovar).

Pero tan indiscutible como el aserto anterior resulta el de que ningún cineasta –salvo contadísimos casos, acerca de los cuales alguien tendría que refrescarme la memoria: soy incapaz de recordar uno solo...- puede mantener un nivel homogéneo de calidad a lo largo de toda su carrera, más aún cuando ésta adquiere ya unas dimensiones de cierta entidad en volumen y duración. Y Douglas Sirk no constituye una excepción al respecto. Shockproof (1949), un drama con ribetes de film noir (más por el mundo en el que se mueve que por su tono o temática), no deja de ser una obra menor en el contexto de la extensa filmografía del autor, y, evidentemente, no es con títulos como éste como Douglas Sirk logró conquistar ese trono honorífico de rey del melodrama.

La película plantea un tema muy caro al género, cual es el del amor imposible (o casi), entorpecido por mil y un obstáculos de todo tipo y pelaje, a los que termina imponiéndose, por encima de cualquier consideración. No es un planteamiento novedoso ni rompedor –resulta obvio-, ni aun considerando sus aspectos circunstanciales más llamativos, como el de que el proceso de enamoramiento arranque de un "Estocolmo invertido" (aquí es el vigilante el que se enamora perdidamente de la vigilada, al menos en un principio), o el hecho de que el protagonista masculino sea un hombre con un especial apego al respeto por la ley (lo cual hará más desgarrador su proceso degenerativo final, y más duro el contraste con su rival, un hombre que, piruetas del destino, terminará impartiendo una auténtica lección de "buen perdedor", con un trastocamiento de papeles –y moralidades- más que curioso). En todo caso, la falta de originalidad no le priva de fuerza ni de capacidad de "enganche".

¿Qué falla, pues, en este film? Cuestión elemental: los protagonistas. No se trata de que falte entre ellos la química –algo tan manido como esencial cuando nos movemos en el campo de las tramas románticas; y, paradójicamente, nos encontramos ante una pareja que era, en esos momentos, matrimonio en la vida real-, sino de que sus interpretaciones no son nada convincentes. Él, Cornel Wilde, se muestra en todo momento envarado, con un punto excesivo de crispación, tanto gestual como declamatoria, que tiene cierta justificación en los momentos tensos, pero no, desde luego, en los puntos de anticlímax. Y ella, Patricia Knight, justifica totalmente con su actuación el por qué su carrera no fue más allá de las cinco películas: su atractivo físico (innegable) corre parejo, y en proporción directa, a su falta (supina) de talento.

Si, para completar el cuadro, nos encontramos con que el "cemento" (los personajes secundarios de la madre y el hermano de él) con que se han de amalgamar tales "ladrillos" resultan de una ñoñería impresionante, la película ya hace aguas de manera irremisible, condenada a un naufragio del que no puede rescatarla ni siquiera la presencia de ese "tercer hombre", el antiguo novio de ella, Harry Wesson, interpretado por un secundario poco conocido, como es John Baragrey, que con un perfil y un tono interpretativo tremendamente aptos para el personaje, aporta el único brillo –aunque sea mínimo- que se nos ofrece en el firmamento actoral.

Con semejantes mimbres –insuficientes, a todas luces, para cuajar un cesto de la consistencia necesaria-, ni la contrastada calidad del director, ni las piruetas morales de una trama bien desencadenada consiguen que la película llegue a provocarnos otra sensación que la de una inmensa curiosidad por saber que hubiera podido dar de sí esta historia en manos (y gestos y miradas, por supuesto...) de intérpretes más solventes. Una auténtica lástima.

* En la imagen; Cornel Wilde, protagonista de la cinta.- Imagen proveniente del fondo de Wikimedia Commons.-

2 comentarios:

Kaplan dijo...

Manuel, no tenía ni idea de que esta película existiera. Cornel Wilde con Douglas Sirk, extraña combinación. Haré por verla, no sé cómo, aunque no la pintas muy bien.
Saludos

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Pues sí, compa KAPLAN, como tantas y tantas. Hablamos de cine clásico y, de manera ineludible (y lógica), tenemos como referente los títulos destacados (en mayor o menor volumen, dependiendo de lo que cada cual haya profundizado en su conocimiento; pero, incluso para los muy cinéfilos, el ámbito siempre es limitado). Pero si te coges la IMDB y filtras por años, te encuentras con que, por ejemplo, en la década de los 50, la industria estadounidense facturaba más de 100 pelis anuales. Y ¿cuántos títulos podemos conocer por año? ¿5, 10, 15...? ¿Cuáles son los restantes? ¿Y cómo son...? Algún día habrá que escribir sobre la (a mi juicio, errónea) mitificación del cine clásico (y, ojo, que esto lo dice un enamorado del cine clásico...).

Gracias por comentar, un fuerte abrazo y buena semana.

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