jueves, 5 de febrero de 2015

BUSCANDO UN BESO A MEDIANOCHE (IN SEARCH OF A MIDNIGHT KISS; U.S.A., 2007)

* Crítica de 'Buscando un beso a medianoche' ('In search of a midnight kiss'; U.S.A., 2007), de Alex Holdridge, con Scoot McNairy y Sara Simmonds.- 


Woody Allen y su Manhattan; Richard Linklater y su trilogía ‘Antes de...’; Eric Röhmer y sus romances urbanos; o los personajes un tanto desequilibrados de un Hal Hartley en su mejor momento. Tomen todos esos elementos, introdúzcanlos en una coctelera, agiten (eso sí, con suavidad y ternura: es una comedia romántica…) y obtendrán, como resultado, ‘Buscando un beso a medianoche’, una cinta del casi desconocido Alex Holdridge (director y actor de corto bagaje hasta la fecha) que, con Los Ángeles como escenario sobre el que despliega la totalidad de su acción, y en un blanco y negro de matices muy saturados (que dotan a su fotografía de una personalidad muy marcada), desarrolla una historia de amor concentrada temporalmente en el marco de unas horas, las que anteceden y siguen al Nuevo Año, y que, con un arranque en una cita por Internet, termina llevando a sus dos protagonistas a un romance tan fresco como hermoso, tan triste como efímero, tan imposible como el amor mismo (o como la vida misma, tanto da), todo ello en unos ajustadísimos noventa minutos de metraje, que, francamente, se pasan en ese mismo suspiro de melancolía que la historia puede despertar en los corazones más sensibles.

Esa relación que constituye el eje sobre el que gira el relato fílmico arranca con no muy buenos augurios, desde el punto de vista de su tono, que incide especialmente en los aspectos más estrambóticos de los personajes —acercándose, desde esa perspectiva, a ciertos clichés del cine indie, rama mumblecore, que empiezan a resultar un tanto cansinos—, de los que transmite una imagen caprichosa e insustancial, pero consigue, a partir de un punto de giro determinado (el único episodio en que la acción cobra una mayor vivacidad de movimientos, como contraste a la placidez muelle en que se despliega la globalidad de la trama), cobrar una dimensión totalmente distinta, teñida de esa intensidad triste que se termina convirtiendo en su seña de identidad (y, con ello, en la de la cinta), y poniendo de manifiesto cómo esa aleación vital que forman el peso del pasado y las proyecciones de futuro siempre termina condicionando el presente (incluso en el amor). Tan conmovedora como sorprendente, 'Buscando un beso a medianoche' solo está a la espera de que algún día, algún director novel en algún festival campanillero, la asuma y la cite como referente (será la hora de su descubrimiento y glorificación); hasta entonces, podemos seguir disfrutándola los/as demás.

lunes, 2 de febrero de 2015

BABADOOK (THE BABADOOK; AUSTRALIA, 2014)

* Crítica de 'Babadook' ('The Babadook'; Australia, 2014), de Jennifer Kent, con Essie Davis y Noah Wiseman.- 


Es el sino de todo film de género: dosificar en su justa medida la fidelidad a las constantes identificativas del mismo (sin la cual estaría traicionando su esencia) con la originalidad y la aportación de elementos, formales o temáticos, novedosos (a falta de ella, nos hallamos ante un producto perfectamente prescindible). En ese sentido, y como tal cinta de terror que es, 'The Babadook',  producción australiana firmada por la debutante Jennifer Kent, y recientemente estrenada en España, tras un afortunado paso por el festival de Sitges, se mueve con soltura entre ambos requerimientos, y a los dos atiende de manera solvente.

Desde la perspectiva del cine de terror más clásico, o convencional, 'Babadook' nos muestra, con una contención formal y una cadencia tranquila dignas de estima, la enésima muestra de la historia de apariciones sobrenaturales con tintes posesivos, desarrollada en un contexto familiar simple y complejo a la vez (solo dos personajes, madre e hijo, pero sometidos a la tensión generada por circunstancias muy particulares), que ya hemos visto en multitud de ocasiones. Contemplada desde esa perspectiva, y confrontada con esos referentes a los que es ineludible acudir —'El exorcista', 'Los otros’' o 'Poltergeist', cintas míticas del género de las que bebe con profusión, pero sin abuso—, 'Babadook' constituye una experiencia grata para amantes del susto cinematógrafico sin mayores exigencias.

Pero hay una segunda lectura, que es la que dota de mayor profundidad a la propuesta y la eleva (a mera voluntad del espectador) a un estrato diferente; es la que nos lleva a ver 'Babadook' como el retrato de un proceso de degeneración mental motivado por una acumulación de factores, confluyentes en su personaje protagonista (Melisa, la madre, interpretada por la actriz australiana Essie Davis, sometida a una batería inmisericorde de primeros planos, que salva con eficiencia notable; muy bien secundada, además, por Noah Wiseman, un crío de expresividad increíble), y en el contexto del cual la trama 'monstruosa' no pasa de ser más que un factor desencadenante, importante, por supuesto, pero no exclusivo, y hace que un film destinado a pasar, a priori, sin más pena ni gloria por el tráfago semanal de los multisalas al uso, gane, aun sin pretenciosidad alguna, en consistencia y trascendencia, además de emparentarse —salvando las distancias— con el ilustre precedente que constituye, en ese terreno, esa obra señera que es ‘El resplandor’.

Ya sea por la una, ya sea por la otra, ambas líneas de interpretación ofrecen suficiente atractivo para un espectro de público lo suficientemente amplio, y hacen que ‘The Babadook’ se nos presente, aun sin ser ninguna obra maestra, como una propuesta de lo más recomendable. Recomendada, pues, queda...


jueves, 29 de enero de 2015

NIGHTCRAWLER (U.S.A., 2014)

* Precrítica de 'Nightcrawler' (U.S.A., 2014), de Dan Gilroy, con Jake Gyllenhaal, Bill Paxton y René Russo.-


Paradojas de la vida: cuanto más generalizado se hace el consenso acerca de lo pernicioso de determinados contenidos televisivos (esos que solemos agrupar en lo que comúnmente se denomina 'telebasura'), menos coto se pone a los mismos y mayor parece su pujanza y éxito de audiencia. ¿Condición humana, manipulación interesada, espíritu acomodaticio colectivo? Me temo que una pizca, mayor o menor, de cada ingrediente debe llevar la receta. En todo caso, el tema se presta, por lo jugoso, a su utilización cinematógrafica, y en él se centra la trama de 'Nightcrawler', una cinta que, firmada por el guionista Dan Gilroy, mezcla drama y suspense para contar la historia de cómo un choricete de poca monta llega a convertirse en suministrador de porquería televisiva al mejor postor (con los pingües beneficios que cabe esperar de tal condición...), gracias a su habilidad para moverse en lo más sucio y sórdido de la noche angelina. Premisa, sin duda alguna, de potencia más que sobrada, y a la que hay que esperar que Gilroy haya dado el aire dramático más adecuado.

Dando vida al protagonista nos encontramos con Jake Gyllenhaal, uno de esos actores ya consagrados y que exhibe como característica más destacable la de su versatilidad, ésa que le permite alternar papeles en superproducciones épicas y 'superheróicas', de corte marcadamente comercial (las que engordan la cartera...), con otros en cintas más pequeñas, de mayores pretensiones artísticas (las que engordan el prestigio...), dentro de las cuales siempre ha mostrado especial querencia (y prestaciones notables) por aquellas en las que ha tenido que afrontar personajes tortuosos y desequilibrados, registro este último en el que se mueve su Lou Bloom de 'Nightcrawler'. Encontrar, en ese contexto, alusiones al De Niro de 'Taxi Driver' significa poner el listón a gran altura, pero a Gyllenhaal no le faltan ni el atrevimiento ni la experiencia para medirse a ese referente. ¿Cómo salir de dudas al respecto? Estreno mañana, 30 de enero.

* Apuntes sobre el cine que viene LXXIV.-

lunes, 26 de enero de 2015

LAS OVEJAS NO PIERDEN EL TREN (ESPAÑA, 2015)

* Precrítica de 'Las ovejas no pierden el tren' (España, 2015), de Álvaro Fernández Armero, con Inma Cuesta y Raúl Arévalo.-


Tras varios años de 'exilio' en el medio televisivo (el mismo exilio que ha tenido que vivir buena parte de la profesión en este país, castigada por una crisis pavorosa), después de un prometedor comienzo en la pantalla grande, con títulos de corte comercial inequívoco, Álvaro Fernández Armero vuelve a asomar a las carteleras españolas con una comedia, 'Las ovejas no pierden el tren', que aspira a hacer buena carrera en la taquilla al calor del buen momento que, desde el punto de vista del favor del público, parece vivir un género que, en cualquier caso, siempre se ha contado entre aquellos que nuestro cine ha manejado con más frecuencia y desenvoltura (y, además, dato que no hay que perder de vista, cuenta con el potente respaldo financiero de las cadenas televisivas generalistas, que han visto en el mismo un nicho potencial de beneficio nada desdeñable). En ese sentido, la apuesta no parece excesivamente arriesgada, aunque tampoco es fácil garantizar buenos resultados, especialmente cuando no es ésta época del año en la que se suelan dar taquillazos espectaculares.

La cinta sitúa al frente de su reparto a una pareja protagonista, la formada por Inma Cuesta y Raúl Arévalo, que ya constituye un gancho más que notable; Arévalo es, a día de hoy, uno de los actores de referencia del panorama cinematográfico español, curtido tanto en cine como en televisión, y dotado de una vis cómica que lo emparenta (tiempo al tiempo...) con la estirpe de los más grandes del genero, y su partenaire, además de una belleza deslumbrante, ya sorprendió a propios y extraños con la frescura tremenda de su desempeño en la interesante 'Tres bodas de más'. Acompañados de un elenco de secundarios de gran nivel (nombres como los de Candela Peña, Alberto Sanjuán y Kiti Manver son toda una garantía), tendrán que dar soporte a una trama que juega a combinar sonrisas y reflexiones, muy en esa línea de 'comedia madura' a la que ha venido a dar carta de naturaleza en los últimos años el cine de Daniel Sánchez Arévalo, no siempre redondo en sus formulaciones y resoluciones dramáticas globales, pero chispeante e imaginativo a la hora de poner sobre el tapete personajes y situaciones puntuales. Si lo consigue, o no, se podrá comprobar a partir del próximo día 30.

* Apuntes sobre el cine que viene LXXIII.-

jueves, 22 de enero de 2015

CRASH (CANADÁ, 1996)

*Crítica de 'Crash' (Canadá, 1996), de David Cronenberg, con James Spader, Deborah Kara Unger y Elias Koteas.-


Pocos elementos personalizan tanto el cine de un autor con vocación de tal como una fijación temática. Pero se puede ser aún mucho más específico, y consagrar la obra a un objeto, concreto y determinado, que se convierte en leitmotiv de toda una filmografía. La cicatriz, como punto de confluencia entre la carne y el dolor, es el elemento icónico que dota de identidad a la producción cinematográfica de David Cronenberg, y, como tal, es la auténtica protagonista de 'Crash', esa pieza de culto (¿y cuál no ostenta tal condición en la lista de cintas del director canadiense...?) que, con una trama que, por mera irrelevancia, puede ser obviada sin temor a faltarle al respeto a la propuesta, y un envoltorio formal estilizado y premeditadamente gélido en todos los frentes (desde la iluminación y la música, hasta las interpretaciones de sus protagonistas), nos ofrece el retrato de un cuadro de personajes que, sometidos a un despliegue continuo de las más variadas parafilias sexuales —algo a lo que se ven empujados por una suerte de adicción irrefrenable—, terminan encontrando su punto álgido de satisfacción en las experiencias que simultanean el choque violento en un accidente de tráfico con la práctica sexual, en un tótum revolutum adrenalínico solo apto para mentes de retorcimiento extremo.

Un planteamiento tan al limite no deja margen para tibiezas valorativas, y solo permite al espectador posturas radicales: o la adhesión del que entra en el juego y, sin cuestionar sus inconsistencias, lo asume a carta cabal, pasando a formar parte de esa liturgia de amor, dolor, sexo y muerte a la que el 'pater' Cronenberg convoca a sus fieles (y disfrutándola consecuentemente); o el mosqueo, lógico y justificado, del que se siente totalmente descolocado ante un ceremonial que, amén de la poca consistencia argumental y lo muy atrabiliario de sus premisas argumentales, exhibe un batiburrillo de violencia y sexo con una pretenciosidad que lo acerca más a lo patético que a lo excitante. Y, en tal disyuntiva, aún estamos los que optamos por la tercera vía: admirar la belleza fría y distante de Deborah Kara Unger y obviar el resto; puede que no sea muy ortodoxa, pero es una salida. ¿La de ustedes, amigos/as lectores/as? Vean y opinen.

miércoles, 21 de enero de 2015

AUTÓMATA (ESPAÑA, 2015)

* Precrítica de 'Autómata' (España, 2015), de Gabe Ibáñez, con Antonio Banderas.-

Cada vez es más complicado encontrar una estrella hollywoodiense que se precie que no incursione, con mayor o menor frecuencia, en lides de dirección y/o producción. Y si bien el primer caso, el de la dirección, suele obedecer, en buena lógica, a motivaciones creativas, el segundo, el de la producción, se mueve en otras coordenadas, más diversas, pero todas ellas vinculadas, en cualquier caso, a la pretensión del intérprete de aprovechar la posición de control que le otorga su implicación económica en el proyecto para alcanzar otros objetivos, generalmente vinculados a una estrategia de carrera que se busca apuntalar, relanzar o reoreintar. Bajo esas premisas hemos de contemplar el tour de force en que Antonio Banderas se ha embarcado con 'Autómata', propuesta científico-futurista que firma el director Gabe Ibáñez, y que, con el protagonismo absoluto del malagueño, y tras su puesta de largo en el pasado festival de San Sebastián, llega este viernes a las pantallas españolas.

Si hemos de atenernos a las reacciones de crítica y público tras esa exhibición, no parece que el empeño de Banderas —inmerso, por cierto, en un despliegue promocional verdaderamente encomiable, omnipresente en todos los medios y soportes— vaya a verse recompensado con resultados muy halagüeños. O sea, que ni honra ni barcos. Y todo, al parecer, debido a que estamos ante una cinta que, sustentada en un diseño de producción poderoso y bien costeado (como corresponde a un proyecto con pretensiones comerciales elevadas, y que ha obtenido debido reconocimiento en sus nominaciones a los Goya), no exhibe idéntico potencial en materia de guión y desarrollo narrativo, de manera que un brillante andamiaje formal queda desprovisto de un entramado dramático a su mismo nivel. En ese punto, todo queda, pues, fiado al gancho que para la taquilla pueda suponer la presencia de un Antonio Banderas que, más allá de lo imponente de un aspecto físico poco acorde con el que muestra de forma habitual, tiene que cargar sobre sus espaldas todo el peso interpretativo de la cinta. Espaldas poderosas, sin duda alguna, pero habrá que ver si suficientes. Veremos...

* Apuntes sobre el cine que viene LXXII.-

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