SINOPSIS ARGUMENTAL.-
RESEÑA CRÍTICA.-
Cabría suponer que la transposición a la gran pantalla de una novela de género tan cinematográficamente agradecido como el de espías, no debería ser tarea de especial dificultad: por un lado, a las alturas históricas en que esta película fue realizada, los precedentes eran más que abundantes, y las claves del género estaban más que consolidadas; y, por otro, el contar con un material argumental de consistencia más que acreditada (no en vano, estamos ante uno de los grandes clásicos de la narrativa “negra”), garantizaba un punto de arranque para el guión altamente prometedor.
Pero, al igual que sucede con la trama de este Espía que surgió del frío, las cosas no siempre son tan sencillas como parecen, y es preciso eludir ciertas trampas, esquivar ciertas dificultades, para que el empeño llegue a buen puerto: básicamente, se trata de desarrollar el hilo argumental con claridad suficiente –no hay que enrevesar lo ya enrevesado, sino, mas bien al contrario, clarificar al máximo los puntos más oscuros-, y de elegir la encarnadura actoral más adecuada para dar vida a personajes sobre los cuales el imaginario colectivo lector –el juez más riguroso de este pleito...- ya tiene un prejuicio profundamente arraigado.
Tanto en un aspecto como en otro, el equipo de producción de este film realiza una tarea de absoluta solvencia, y salva con total elegancia ambos escollos sin despeinarse lo más mínimo, consiguiendo un resultado final, si no excepcional, sí bastante notable: nos encontramos ante una película seria y sólida, cuya trama nos engancha de un modo natural e imperceptible y que desarrolla su historia sin sobresaltos ni alharacas, de manera tremendamente efectiva.
El director, Martin Ritt, un hombre que había sido perseguido por las hordas mccarthystas, y cuyos orígenes se sitúan en el mundo de la televisión, desarrolla un trabajo sobrio, sin la más míníma concesión al deslumbramiento visual –planificación totalmente estandarizada, en un blanco y negro muy bien conseguido, que traslada muy gráficamente el clima de frialdad y sordidez en que se desarrolla la historia-, conforme a su línea de trabajo habitual: despliega con eficacia un guión muy bien trabajado por Paul Dehn –autor británico con alguna experiencia en el género del suspense, y que posteriormente desarrollaría la práctica totalidad de los guiones de las secuelas de la saga simiesca, iniciada con El planeta de los simios-, que no se despega en lo más mínimo de su referente literario, y desarrolla en una narración perfectamente lineal toda la trama contenida en el mismo, marcando con precisión un ritmo que ayuda a seguir sin mayores dificultades los constantes retruécanos argumentales a que la historia se ve sometida. El primer escollo quedaba, pues, perfectamente salvado.
Para el segundo, Ritt tuvo la inmensa fortuna de contar con un hombre que, en aquel momento –muy poco antes de que iniciara su desbocada huida hacia el precipicio de alcohol y desequilibrios emocionales permanentes en que su vida se habría de convertir-, se hallaba en auténtico estado de gracia interpretativo: Richard Burton. Su trabajo como Alec Leamas, ese espía frío e hiératico, tan eficaz y entregado a su trabajo, como torpe e inexpresivo a la hora de afrontar sus relaciones personales –paradójicamente, con serios problemas también con el alcohol: ¿una relación premonitoria...?-, es de un nivel excelente, y le valió, con toda justicia, una nominación al Oscar como mejor actor principal (aunque el gato al agua se lo terminara llevando Lee Marvin, por su trabajo en el western cómico Cat Ballou). Particularmente destacable es el punto de distanciamiento y frialdad que Burton sabe establecer con sus miradas, una herramienta interpretativa que el británico utiliza de manera absolutamente magistral, convirtiéndose en su principal arma expresiva. En cualquier caso, también cabe reseñar que estuvo perfectamente secundado por el resto de intérpretes, entre los que habría que destacar a los dos alemanes confrontados (Peter Van Eyck, como Mundt, y Oskar Werner, como Fiedler) y a su partenaire femenina, Claire Bloom, cuya candidez pone el contrapunto tierno y amable a ese mundo plagado de violencia soterrada y sordidez extrema en que se mueven todos los personajes vinculados a los servicios de espionaje.















