viernes 16 de marzo de 2012

Arrugas (España, 2011)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Emilio, director de sucursal bancario jubilado, hombre tranquilo y bondadoso, se ha convertido en un estorbo para su familia, que no ve más alternativa a su situación que la de ingresarlo en una residencia para la tercera edad. En ella compartirá habitación con Miguel, un hombre jovial y desvergonzado con quien Emilio mantiene más diferencias que puntos de acuerdo, con lo cual entre ambos se entabla una relación que oscila entre el reproche y la incomprensión mutuas, sin que ello impida que, paulatinamente, las cosas vayan evolucionando en otro sentido. De esa manera, cuando los síntomas del Alzheimer incipiente que sufre Emilio vayan creciendo, Miguel se convertirá en su principal soporte para desenvolverse en el entorno de su nuevo espacio vital.

EN UN PÁRRAFO....- Basada en el cómic del mismo título de Paco Roca —que también ha participado en las tareas de guión—, y con un dibujo cuya grafía y movimientos se alejan completamente de la sofisticación imperante en el género de animación durante los últimos años, 'Arrugas', una propuesta a contracorriente de las pautas más comerciales de nuestro cine, nos ofrece, bajo la estructura formal y narrativa de la típica cinta de 'colegas' (éstos, al fin y a la postre, lo son, aun con todas sus peculiaridades), y en una ubicación que nos trae reminiscencias de films como 'Umberto D' o 'El hijo de la novia', una historia dura a la par que entrañable, con un acercamiento desprejuiciado y equilibrado a una realidad (la de la vejez y su correlato de la enfermedad de Alzheimer) a la que se tiende a dar la espalda, cuando no rehuir con el mayor de los descaros. No es una propuesta redonda, pero sí valiente y, por ello, digna de aplauso.

EN SU HABER.- 1, el contraste de caracteres de los dos personajes protagonistas, no por tratarse de una fórmula dramática explotada mil y una veces, menos eficaz, y que en este film constituye la piedra angular sobre la que se construye todo el desarrollo de la historia (con agilidad y dinamismo notables); y 2, el tratamiento de la luz, muy cuidado y siempre ajustado al tono de la secuencia en que se inserta, en una clara demostración de que la sencillez de líneas del dibujo no tiene por qué estar reñida con el (buen) gusto por el detalle ni comportar un demérito técnico por sí misma.

EN SU DEBE.- 1, el giro 'redencionista' del cierre de la trama (sobre el que no ahondaré en más detalles, a fin de no desvelar elementos sustanciales de la misma), una concesión respecto al tono general de la propuesta, que la edulcora y le resta fuerza y equilibrio. Se trata de una opción tan legítima narrativamente como cualquiera otra, pero que, en la perspectiva de quien emborrona estas líneas, hace perder fuelle ypotencia a la cinta desde una perspectiva global; y 2, el poco peso de unos personajes secundarios que juegan un rol de mero acompañamiento 'ambiental' de los dos protagonistas, cuando alguno de ellos, que apuntaba destellos interesantes, podría haber dado bastante más juego; es también una opción de diseño narrativo, al igual que la anterior, pero, en ocasiones, la película se resiente de esa carencia.

UNA SECUENCIA.- Cualquiera de las varias en que la pérdida de referencias de Emilio se representa con la imagen alegórica de una densa bruma blanca: un expediente tan sencillo como efectivo para la representación de una realidad 'mental' que no es fácil de asimilar (ni, por tanto, de trasladar a signos externos evidentes).

CALIFICACIÓN: 6,5 / 10.-

miércoles 14 de marzo de 2012

Un cortometraje curioso

Supongo que Carlos Boyero (por mencionar a un afamado crítico, como podría mencionar a cualquier otro) recibirá diariamente numerosas peticiones de visionado (y subsiguiente difusión de información) de material cinematográfico.

Obviamente, y debido a la curiosa circunstancia de que no soy Carlos Boyero, no suelo recibir peticiones como las arriba indicadas; pero, en alguna ocasión, me llega alguna. Y es el caso que hoy me ocupa, en relación con el corto que pueden ver abajo (y que, siendo ésta la primera ocasión en que inserto un fichero de video en estre blog, espero que funcione con normalidad), cuyo título es 'Exit', y su autor, Manuel Ramila.

En consonancia con su condición de pieza primeriza, 'Exit' muestra numerosos y notorios defectos (achacables, sin duda alguna, a la lógica inexperiencia de su autor, aunque no todas, claro está, imputables en su debe —como las que atañen, por ejemplo, al capítulo interpretativo—), pero, más allá de eso, denota una frescura y unas ganas que permiten abrigar esperanzas fundadas de que, perserverando en el empeño, y puliendo las inevitables carencias, su autor pueda llegar a pergeñar obras de bastante más consistencia y que le permitan recordar algún día este 'Exit' como un simpático 'ejercicio académico' con el que pudo velar sus primeras armas cinematográficas.

Y, sin más, amigos lectores, les dejo ya con la pieza en cuestión. Vean, juzguen y opinen...



lunes 5 de marzo de 2012

Cyril Catoul (El niño de la bicicleta —Le gamin au vélo—; Bélgica, 2011)


* NOTA PREVIA.- El siguiente texto revela aspectos sustanciales de la trama de la película a que el mismo hace referencia. Avisados quedan, amigos lectores...

Habrá a quien pueda resultar extraño que se predique la bondad de un crío capaz de morder en el brazo a su madre de acogida para huir de su casa, o de apalear con un bate de béisbol a un probo y honrado padre de familia (y, ya de paso, también al hijo de éste) para robarle el dinero que lleva encima. Pero es que, si como predicara el maestro Ortega y Gasset, uno es uno y sus circunstancias, las vitales de Cyril Catoul explican fácilmente cómo un preadolescente necesitado de un afecto muy particular (el de su padre) para cuya carencia no encuentra sustitutivo alguno, es una víctima propicia para cualquier interesado en sacar partido de esa rabia contenida a la que Cyril ha de dar rienda suelta para paliar su frustración, tan honda, tan triste, tan irreparable.

A Cyril, ese niño que solo cabalgando furiosamente a lomos de su bicicleta parece hallar la paz para sus demonios interiores, no le faltan otros afectos circundantes: es bien tratado, con respeto y cariño, por los monitores del centro de acogida en el que su padre lo ha internado —gente seria y rigurosa, pero nada hosca—; y, sobre todo, goza del especial afecto que, sorpresiva y prontamente, le profesa su madre de acogida, Samantha, una mujer joven y atractiva que es capaz incluso de anteponer su relación con Cyril a un affaire amoroso de intensidad emocional incierta, o de soportar estoicamente los desaires y enfados de ese diablillo rubio.

Pero no son ésos, con ser importantes, incluso necesarios, los afectos que Cyril reclama. Él solo quiere, y reclama, la atención de un padre que, afectado por un momento personal y económico difícil (del que pocos detalles conocemos —ni necesitamos conocer—), se ha desentendido totalmente de él, y así se lo plantea, con toda crudeza y explicitud. Y es la reacción a ese rechazo, tan doloroso, tan injusto (pese a todo, Cyril adora a ese padre del que no solo no reniega, sino al que justifica y excusa), el que pone al pequeño Catoul en el disparadero.

El azar se alía con nuestro ‘héroe’, propiciando que los daños de su ejercicio de rebeldía no lleguen a alcanzar mayor consideración, y le permitan dar marcha atrás, corregirse, reformarse. Y, por encima de todo, asumir el amor que le ofrece Samantha y acogerlo como vía de redención, bálsamo para su alma atormentada. Ese abrazo con el que Cyril y la bella peluquera, además de devolvernos a la bondad primigenia del chico, sellan su reconciliación definitiva, abre un nuevo camino, una nueva esperanza. Sobre ella aún se proyectarán miedos y amenazas, porque ésas son las reglas bajo las que se despliega el lado más ominoso de la vida: el de la proyección del pasado, para bien o para mal, sobre el presente y el futuro. Pero ésa ya es otra historia, otra peli. ¿O no…?

EL FILM (EN UN PÁRRAFO…).- Con la densidad y circunspección que constituye seña de identidad de toda su filmografía —si bien, en este caso, tamizada por un ligero halo de algo parecido a la felicidad, por muy frágil que se manifieste—, los hermanos Dardenne vuelven a ofrecer una historia dura y amarga, la del pequeño Cyril Catoul, y esa bicicleta que le sirve para marcar distancias con sus miedos y sus desgracias, determinados por esas circunstancias que vienen a constituir una constante temática en su cine: la descomposición de los vínculos familiares como fuente de la infelicidad y la frustración, y la recurrencia del pasado como sombra ominosa que se resiste a dejar el paso franco a experiencias desligadas de los males pretéritos. Triste, duro, humano: un cine que trasciende el episodio concreto que es el nervio de su relato, para erigirse en representación y metáfora de males de calado social en un mundo sobre el que cabe abrigar pocas ilusiones.

* Los buenos buenosos XV.-

lunes 27 de febrero de 2012

Los amores difíciles (España, 2011)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- María, Ángel, Dora, Chari, Amanda, Marina, Tony. Gente de diferentes edades, razas, lugares de residencia, orientaciones sexuales y condición social, con un único punto de conexión: una relación amorosa que, aunque no se pueda calificar de extraordinaria (todas ellas obedecen a cánones y pautas encajables en arquetipos reconocibles por el común de los mortales), sí que se puede calificar de complicada. Las distancias (geográficas y temporales); las dificultades, en forma de enfermedad física o mental; el peso de rupturas previas; o la sumisión a idealizaciones totalmente alejadas de la realidad configuran un abanico tan amplio como variado de obstáculos que se interponen entre la sempiterna aspiración al amor y su materialización práctica. Un tema universal y permanente.

EN UN PÁRRAFO.- Hermoso, sencillo y tierno; así es el retrato con el que la directora Lucina Gil, en un ejercicio de sensibilidad y talento tejido a base de teselas fílmicas detallistas y cercanas —ésas con las que va entretejiendo las diferentes historias con que ilustra su postulado—, nos acerca a un tema tan manido como el de las relaciones amorosas (todas tan iguales, siempre tan distintas...) visto desde el prisma de la dificultad. Un documental preciso y precioso, en el que la cámara se acerca a sus protagonistas con el cariño que merecen y nos los acerca a nosotros, los espectadores, para transmitirnos sus temores, sus penas, sus esperanzas y sus incertidumbres; ésos con los que tan poco cuesta identificarse. Y es que, ¿quién no supo alguna vez de un amor difícil...?

EN SU HABER.- 1, su concisión: 62 minutos bastan a Lucina Gil para tejer su fresco, sin que la parquedad en el minutaje —que le dota de una especial liviandad— prive al mismo de profundidad en la mirada ni de desarrollo detallado de las historias en que se despliega; todo un alarde de compresión fílmica; y 2, la naturalidad de sus 'intérpretes', algo que siempre se tiende a dar por supuesto, o sobreentendido, cuando estamos ante actores y actrices no profesionales, pero que no siempre ofrece resultados satisfactorios; en este caso, el trabajo de 'cocina' (ineludible) queda diluido en un flujo de empatía que revela un cuidado exquisito a la hora de plasmar sus vivencias en pantalla; admirable.

EN SU DEBE.- Se trata de una producción aquejada de tres enfermedades mortales (desde el punto de vista de su potencial comercial): es un documental, es español y es muy bueno —no tengo nada claro cuál de las tres dolencias es de mayor gravedad—. A nadie se escapa que de ser una película francesa, cuya directora respondiera al nombre de Lucine Gille, estaría optando a premios de relumbrón y habría sido celebrado como la joya artística que, realmente, es. En fin...

UNA SECUENCIA.- No puedo dar más detalles, pero no corten el visionado después de los créditos. No sale ninguna mano de ultratumba, ni resucita ningún psico-killer previamente exterminado, pero es una hermosa coda a un no menos hermoso relato.

CALIFICACIÓN (s/. 10): 8.-


NOTA: Hasta el próximo 29 de febrero, esta hermosa pieza está disponible, para su visionado en línea y gratuitamente, en la web de Márgenes, I Festival on line de Cine Español (una excelente iniciativa, por cierto...). La dirección es la siguiente: http://www.margenes.org/los-amores-dificiles/. No dejen pasar la ocasión...

viernes 24 de febrero de 2012

3055 Jean Leon (España, 2006)


SINOPSIS ARGUMENTAL.- Desde sus orígenes, en su Santander (natal), hasta su fin, en tierras tailandesas, un recorrido completo a través de la biografía de Jean Leon, un singular personaje que abandonó la España mísera de los años cuarenta del pasado siglo, como Ceferino Carrión, para embarcarse en una peculiar singladura (tan peculiar como su controvertido carácter), que le llevaría a un Hollywood —en el que, como restaurador, y convertido ya en ese Jean Leon con el que pasaría a la historia, se codearía con las estrellas de la época— desde el que pasó a convertirse en un viticultor de prestigio y, finalmente, un aventurero a la búsqueda de la hermosura (la de los paisajes y la de los mujeres) en territorios exóticos.

EN UN PÁRRAFO....- Alternando los modos convencionales del documental más canónico (ése que basa su relato en testimonios de personas vinculadas a su tema central) con otros elementos visualmente más innovadores (las secuencias de ensayos de obras de Tennessee Williams y reconstrucciones de aspectos de la biografía de Leon, a cargo de alumnos del Actor's Studio; o escenas basadas en la reproducción de episodios a través de figuras troqueladas en sucesión), Agustí Vila construye un relato ameno y vivaz, sin necesidad de recurrir a exageraciones ni sensacionalismos, alrededor de la figura de un personaje tan poco conocido como interesante. No desvela todos los misterios, pero ofrece las claves suficientes como para que el acercamiento al personaje sea efectivo. Y no alcanza la maestría, pero sí constituye una buena pieza de cine documental, que merece un visionado atento.

EN SU HABER.- 1, la completud del relato biográfico de su personaje protagónico, Jean Leon; el recorrido por su biografía es exhaustivo, y abarca la integridad de la misma, con lo cual no hay pasaje ni aspecto que no halle reflejo en las imágenes de la cinta. Es, precisamente, este elemento el que dota de mayor relieve y profundidad a su figura, y la hace, en consecuencia, más interesante; y 2, el tono naif, y estimulante , de las imágenes troqueladas con que Vila compone algunas de las secuencias correspondientes a episodios de la vida de Leon: contrapuntean, curiosa y llamativamente, las secuencias con las que va alternando, y aportan una nota de movimiento y colorido con las que la cinta avanza de manera más viva.

EN SU DEBE.- 1, como contrapartida a la exhaustividad a la que arriba se aludía, el documental adolece, en algunos pasajes, de falta de profundidad; ajustar una biografía extensa a un metraje comedido (de poco más de noventa minutos) obliga a que ciertos pasajes (no por ello menos jugosos) de la misma, hayan de ser despachados con poco más que una referencia a vuelapluma (probablemente, material que daría incluso para otra entrega); y 2, los testimonios de personajes hollywoodienses (que, a priori, parecen ser presentados como uno de los señuelos de mayor interés del film) no alcanzan ni el rango ni la enjundia suficientes como para constituir piezas de relevancia: pocos, cortos y de escasa sustancia. Es probable que hubiera dado mucho más juego el ampliar el espacio otorgado a testimonios de menos relumbrón y más contenido.

UNA SECUENCIA.- Cualquiera de las dedicadas a los ensayos de los aspirantes a futuros intérpretes; con un punto minimalista y, en ocasiones, un poco marciano (cuesta integrarlos en el contexto de la narración de fondo), son la pieza de contraste narrativo en la articulación del relato, y, una vez que se les coge la onda, aportan una nota de frescura que lo enriquece. Un acierto.

CALIFICACIÓN (s/. 10): 6,5.-

viernes 17 de febrero de 2012

Cine en pequeñas (y antiguas) dosis

* Esta reseña fue publicada originalmente en mi antiguo blog -El (viejo) glob de Manuel- el 23 de marzo de 2006.-

- Les hablaba hace sólo unos días del centenario, gozosamente celebrado, incluso a nivel institucional, del escritor granadino Francisco Ayala: viene hoy de nuevo este autor a colación, dada su fuerte y notoria vinculación con el mundo del cine, arte por la que siempre proclamó su afecto, querencia y admiración, con la particularidad de que lo hizo desde muy temprano momento (sus primeros escritos sobre cine datan de la decada de los 20" del pasado siglo), y a contracorriente de lo que era posición imperante en la intelectualidad de la época, poco proclive a considerar el cine un territorio cultural digno de atención (motivo más que suficiente para considerar a Ayala un hombre de una honestidad e independencia de pensamiento verdaderamente admirables). Como recomendación, una obra: El escritor y el cine, editada por Cátedra, en su colección Signo e Imagen, en 1996; se trata de una recopilación de artículos periodísticos (recensiones generales, críticas, reflexiones...) relacionados, todos ellos, con el mundo del cine, y que, como elemento quizá más curioso y significativo, nos ofrece una gran diferencia en tono y lenguaje entre los primeros escritos y los últimos: circunstancia fruto, sin duda alguna, del enorme arco temporal que se abre entre unos y otros.

- A veces (sólo a veces, y procurando dosificar con mesura frecuencias y cantidades), uno se concede ciertas licencias (u homenajes, más bien): hace apenas un par de semanas, era incapaz de resistir la tentación –allí estaba, flamante y reluciente en la estantería de la sección de cine de unos grandes almacenes, esperando que mis ávidas zarpas se posasen sobre él, y lo trasladaran a la caja de pago más cercana-, y me agenciaba –edición especial en dos discos, plagadita de extras de calidad a contrastar (nunca se sabe...)- un DVD de uno de mis films de culto particular: El precio del poder, versión Brian de Palma (1980), con Toni Montana, esto, ejem... perdón, Al Pacino componiendo uno de las interpretaciones más espectaculares de toda su carrera cinematográfica. No me fustiguen, amigos lectores, que ya me fustigo yo solito: el film es excesivo, tramposo, efectista, ultraviolento, tendencioso, truculento... sí, cierto, no se lo discutiré, pero hagan un experimento muy sencillo: siéntense a verlo en su butaca preferida, intenten levantarse de ella a lo largo del visionado (dudo que lo consigan) y, cuando termine, miren su reloj y comprueben que, pese a lo que les pueda parecer, el tiempo transcurrido desde el comienzo no son veintinco ó treinta minutos, sino casi tres horas. Pasa, les aseguro que pasa (al menos, a mí así me sucede, y no una, sino en las mil y una ocasiones en que he "reproducido" el experimento en cuestión). Una auténtica gozada, aunque no, obviamente, para todos los paladares (faltaría...).

- Transcurrido poco más de un año desde que la viera por primera vez, con ocasión de su estreno en la pantalla grande, reveo Milion dollar baby, y vuelvo a rendirme fascinado ante la grandiosidad de la propuesta, ante el torrente emocional que se desata en la pantalla a medida que se va desgranando la historia y ante la capacidad de un Autor, con mayúsculas, para transmitir de una manera tan viva como profunda, todo el dolor que exhala de la peripecia vital de sus personajes. Sin ánimo de extenderme en consideraciones sobre las que ya tuve ocasión de hacerlo en su momento, con motivo de la crítica publicada en La Butaca -y a la que se puede acceder desde el enlace precedente-, sólo quería añadir un par de apuntes más, a vuelapluma: la confirmación de una convicción que, no por extendida y compartida con miles y miles de cinéfilos, deja de ser más clara, y que es la de que nos encontramos ante un clásico incontestable, de ésos que, por las extrañas químicas del celuloide es capaz de alcanzar tal condición sin someterse al veredicto del único juez que suele otorgar tal condición -el tiempo-; y, ligada a la anterior, la seguridad de que ésta será una de esas películas que, lejos de acusar el paso de los años, irá ganando en aprecio y estima generalizadas con el transcurrir de los mismos. Tiempo al tiempo (y ustedes perdonen, amigos lectores, si lo que he hecho no ha sido, en cierto modo, un ejercicio de ventajismo: es difícil equivocarse con obras de tantísima -y tan contrastada- calidad).

* Grageas de cine VIII.-
* Antecedentes penales (El viejo glob de Manuel) XVI.-
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